Remite mi resfriado, mi cansancio y mi malestar de estómago.
Es bueno ver que a pesar del frío luce el sol. Que la Rambla está repleta de turistas. Que a pesar de la crisis lacerante se intuye la ola febril de compras pre-navideñas.
Una epidemia ha sacudido la ciudad con su legado de gripes intestinales y resfriados morrocotudos. Es lo que tiene padecer estos cambios bruscos de temperatura.
Pero queda a la postre el placer de sobrevivir. De vivir para contarlo (y en el blog insertarlo).
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