¿Cuánto tiempo de promedio dedica al día un profesional medio a sus quehaceres digitales?
Es una pregunta que me hago a menudo. Ciertamente algunas labores aportan valor pero tengo la sensación de que un número creciente de ellas son pura pérdida de tiempo, el más valioso de los recursos.
La facilidad con que podemos enviar o recibir un e-mail reduce su valor como iniciativa. Quien más quien menos se siente asediado por la vorágine de masivas, informaciones no solicitadas o diálogos digitales que se transforman en cháchara.
Tanto mensaje superfluo nos aboca a un especie de filibusterismo digital en que los ladrones de tiempo nos bombardean por twitter, mar y aire.
La conclusión: que este invento de la comunicación digital tiene sus rémoras. Que acaso no es tan maravilloso como llegamos a creer.(Pero gracias al propio invento puedo denunciarlo. Qué paradoja).
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