Está bella Barcelona. Y calurosa. Como contrapunto a la bondadosa e impagable primera quincena fresquita, esta segunda apunta a tórrida. Retorna,pues, la autenticidad climatológica a la capital layetana. Quema el asfalto en momentos puntuales. Se agradece la brisa que impregna el Ensanche de un frescor misericordioso. Los turistas como hordas eufóricas ramblean por todos los rincones.
(Qué agradable se ofrece el jardín del Ateneo barcelonés para estas horas que preceden a la noche…)
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