Hoy podría ser un día terriblemente triste para mí. Pero no lo es.
Mi sesión de ayer de yoga previa al partido Atlético de Madrid-Barça (los azulgrana perdieron por dos a cero su pase a semifinales de Champions)ha resultado balsámica. El yoga ayuda a relativizar las cosas. A saber que después de un día malo puede venir un día bueno. Y que sólo te pueden perturbar las cosas realmente importantes. El fútbol no lo es.
(Dicho lo cual, es extraordinaria la buena racha del Barça y la posterior de mala: un brutal desafío a la teoría de la probabilidad. Hay que sacar lecciones. Una de ellas a mi juicio: el tridente debe pasar a mejor vida. No se puede concentrar tanto riesgo en tan pocas personas).
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