Acudo al renovado establecimiento Quesada en la playa de Gavá. Buen tapeo en primera línea de mar este sábado de cielo gris plomizo y viento potente. Pero es el mar, siempre el mar. Es el gran privilegio que nos fue dado a los barceloneses: tener el mar bien cerca y disfrutarlo tranquilamente cuando fenece el invierno y aún no molestan las multitudes de la temporada alta.
(Bien renovado el establecimiento; me gustaron sus patatas bravas y sus huevos estrellados salpicados de calamares a la andaluza. Y muy atento el servicio).
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