Cuatro días me dura el jet-lag tras cada regreso de Dominicana. Los peores días son el segundo y el tercero. El primero es apenas un cansancio intenso. Pero la segunda y tercera jornada hacen de mi un ser dormitante,y con escasa capacidad de concentración y precario equilibrio psicomotriz. Es un raro deambular como si mis circuitos neuronales estuvieran desajustados, aparte de algunas diarreas leves y un dormir a trompicones.
En el aeropuerto de Barajas al comprar un botellín de agua llegué a introducir la moneda por la ranura de billetes; incluso me llegué a dormir mientras me cortaban el pelo en Barcelona…
(Es la penitencia post-viaje: ¿tiene paliativos? Debo investigarlo).
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