Sentarse en una de las sillas empotradas y gratuitas al comienzo de la Rambla barcelonesa y contemplar la gente que pasa.
Éste es a mi juicio el mayor espectáculo del mundo. La vida en toda su diversidad transitando frente a uno mientras sopla la brisa de la montaña en dirección al mar.
Y en el torrente humano, fisonomías de todo tipo, gestualidades, indumentarias, extravagancias, ritos, bártulos, propósitos indefinidos…ese vagabundeo henchido de vida que es dado a contemplar junto a la fuente de Canaletas.
(Es lo que tiene vivir en la mejor ciudad del mundo).
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