Mi abuela materna quería ser bailarina. Era su sueño de niña. Por ello se escapaba al vecino Paralelo barcelonés a ver las varietés. Sin permiso. Estaba mal visto.
De mayor mi abuela se volvió adicta al concierto de Año Nuevo transmitido por televisión desde Viena. Concitaba también el interés de mi abuelo, amante de la zarzuela. Pero mi abuela se fijaba en las danzarinas: estilizadas, glamourosas. Como ella hubiera deseado ser.
(1 de Enero y yo también he formado parte de la legión mundial de espectadores que nos maravillamos con este espectáculo que nos brinda Viena cuando el año principia. Es un rito que se mantiene a viento y marea).
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