Cada vez que voy al supermercado de “El Nacional” en la avenida Lincoln de Santo Domingo no puedo evitar quedar enfrascado en la lectura de este rótulo que pende del techo: “Decide vivir mejor”.
Obviamente es un reclamo comercial para que la gente allí compre. Pero me subyuga la carga humanista que contiene si con tal mirada una lectura hacemos.
El lema es toda una invitación existencial. Un llamamiento a la felicidad en la vida cotidiana. Un recordatorio de que la felicidad se la forja uno mismo encadenando pequeñas y grandes decisiones.
(Una de pequeña: acercarme a la cafetería contigua del supermercado y degustar mi cafelito negro dominicano rociado de angelical canela. Y a lo lejos, suena el hilo musical con música de trompeta. Si esto no es la felicidad, es algo por el estilo).
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