Mañana, 27-7-20, cumpliré cuatro años estudiando la lengua sueca. Es para mí una grata efemérides personal de la que me autocongratulo con la expresión sueca «Grattis!» (¡felicidades!). Y llego a este hito con mi objetivo en líneas generales cumplido: alcancé el nivel C-1 (debo certificarlo tan pronto pase la pandemia) y mi diccionario sueco-español (de confección propia) ya alcanza las 9.806 entradas…Esto es: muy cerca de las 10.000 que me propuse (inicialmente eran 8.000 pero siento debilidad por las cifras redondas y al final puse la meta más alta).
Aprender sueco me ha ensanchado la mente. Me ha ayudado a entender una parte de la mentalidad escandinava. Y me deja a las puertas de poder moverme con soltura en aquel país, si bien mi nivel de comprensión auditiva es todavía bajo. Me falta esa inmersión de (conociendo mi velocidad de aprendizaje) al menos dos meses que me daría una plena soltura. Un verano o algo así. Pero bien rodeado de autóctonos solícitos que no se pasen al inglés ante las primeras de cambio.
(Todo se andará. Ahora es momento de celebración y de preparación de mi desembarco en el danés. Es la lengua de Soren Kierkegaard que Miguel de Unamuno aprendió para entender el pensamiento profundo del pensador danés).
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