La verdad es que con el alcalde Zarraoa los guechotarras no se aburren nada. La última bronca que ha montado ha sido su “enérgica protesta” porque unos paracaidistas del Ejército han hecho una exhibición lanzándose sobre la playa de Ereaga. Ha dicho Zarraoa que “el ejercito no es bien recibido ni en nuestro país ni en nuestro municipio”.
Depende, Sr. Zarraoa, depende de en qué país viva usted, lo digo porque Guecho está en España. En cuanto a la acogida del ejército en el municipio, a juzgar por los resultados electorales al menos a la mitad de los 80.000 habitantes de Guecho les encanta ver en su pueblo al ejercito español, o sea el de su país, con la bandera española, o sea la suya, aunque solo sea para variar, pues de las ikurriñas de la otra mitad van servidos desde hace 30 años y nadie se queja.
Pero insiste Zarraoa: “el gobierno español muestra, una falta absoluta de respeto y reconocimiento hacia los ayuntamientos y un claro desprecio a la ciudadanía, que se ve afectada claramente por esta utilización del espacio municipal”.
Hombre, yo creía que la playa de Ereaga pertenecía a la franja marítimo-terrestre de dominio público estatal. En cuanto a la ciudadanía, yo diría que aunque no se atreva a rechistar, por la cuenta que le trae, se ve mucho más afectada por otras demostraciones bélicas mucho más comunes por estos pagos y que suelen requerir la presencia de bomberos, ambulancias y médicos forenses, que por el aterrizaje de once paracaidistas haciendo piruetas, como demuestra claramente la proporción de aplausos y silbidos con que fueron recibidos, unos veinte a uno.
En cualquier caso, ahora que está de moda, quizá habría que llevar este incidente diplomático al Consejo de Seguridad de la ONU, lo digo porque el “proceso de paz” va a debutar en Estrasburgo, con la bendición del Partido Socialista y con el indisimulado regocijo de los pacifistas de la izquierda abertzale, que estando ilegalizados por la Unión Europea, todavía no acaban de creérselo.
Claro, que si el problema del Sr. Zarraoa es que lo suyo es un más que respetable antimilitarismo, quizá habría que preguntarle qué opina de ese otro ejercito que ha asesinado a quince vecinos de Guecho, ha secuestrado a otra media docena y ha puesto incontables bombas en el municipio, cinco en los últimos cinco años.
Y eso en cuanto al ejercito regular, porque están también los amateur, los reclutas de la “mili sí, pero en ETA”, los aspirantes a gudaris que hacen las prácticas en las calles de Guecho con barricadas, cócteles molotov, quema de autobuses, de cajeros y de todo lo que pillan a su paso, aprovechando la impunidad que les permite la policía de Zarraoa y también la Ertzainza que, muy a su pesar, está al servicio de su partido.
Así las cosas, a uno le choca que el alcalde pacifista no tenga ningún inconveniente en permitir que haya plazas y calles adornadas con nombres de etarras o con el anagrama de ETA, o que el consistorio incluya homenajes a presos etarras en su programa de fiestas, homenajes que Zarraoa niega a los vecinos asesinados.
También sorprende que alguien con tan poco espíritu militar acoja calurosamente y de la palabra en los plenos a quienes han sido ilegalizados por su complicidad con los asesinos o que subvencione generosamente con el dinero de los vecinos a las familias de los presos para que puedan ir a visitarles, pero no tenga la misma generosidad con las familias de los miles de vecinos huidos para que puedan venir a visitar a los familiares que quedaron en Guecho… O a los que descansan en el cementerio.
¿A ver si va a ser que el problema de Zarraoa es que le sobran la mitad de los vecinos de Guecho? ¡Acabáramos!
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