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¿Dónde están las rosas?

Enrique Zubiaga 07 Ene 2007 - 10:23 CET
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No hace mucho que ese baluarte del llamado mundo de la cultura que es la Unión de Actores, con Charo López, Ana Belén, Pilar Bardem, Ariadna Gil y Aitana Sánchez-Gijón a la cabeza, presentó la campaña «Rosas Blancas para la Paz» para apoyar al diálogo con ETA. En un acto de esa asociación Pilar Bardem entregó una rosa blanca a Jone Goirizelaya, ex diputada de Batasuna y abogada de etarras, ambas fueron ovacionadas por los actores del «No a la Guerra» que preguntaban a los contrarios a la negociación con ETA si «querían más víctimas» y acusaban al PP de tener «otros intereses distintos a los de la paz». Por su parte Pilar Elías, cuyo marido fue asesinado por el etarra que ha puesto una cristalería debajo de su casa, les pidió que fueran a las tumbas de los asesinados por ETA a dejar las rosas.

La socialista vasca Gema Zabaleta también había abrazado a Goiricelaya en un gesto que sellaba la nueva relación entre el partido socialista y Batasuna, hasta hace unos días llamada por esos mismos socialistas izquierda abertzale. El Presidente del Gobierno calificó el abrazo como la foto del futuro, mientras que la de Rosa Díez con Pilar Elías representaba la del pasado. Patxi López, que está desaparecido, también se reunió con quien había sido calificado por el presidente Rodríguez con un hombre de paz: Arnaldo Otegui.

En el atentado de Barajas han muerto Carlos y Diego, pero hay muchos desaparecidos; además de Patxi, Gema y Rodríguez hemos echado en falta al negociador Eguiguren y a los socialistas vascos en pleno, a De la Vega, a la familia real, a la prensa antes tan entusiasta con las dotes apaciguadoras de Rodríguez y sí, también a los actores y actrices, que no se lo que habrán hecho con sus rosas blancas.

Pero Bardem ha reaparecido para decir que «los partidos deben estar más unidos que nunca» y pedir que «no se utilice esto de manera partidista o para sacar ventaja de cara a las elecciones, a rosas blancas le gustaría que si hay un acto de rechazo, que debe haberlo, sea unitario, de todas las fuerzas políticas, diciendo No al terrorismo, por el fin de la violencia». Su colega Berta Ojea ha dicho que «la solución siempre es la paz» y ha citado a Gandhi: «No hay camino para la paz, la paz es el camino». Ante frases tan bellas y tan conciliadoras me pregunto si se acordarán de dónde estuvo el mundo de la cultura y lo que hicieron y dijeron antes y después del 11 M y no me suena que estuviesen entonces en la misma línea. Repasemos las hemerotecas:

Aitana había anunciado a la prensa en el Festival de Berlín que «con Aznar no había libertad de expresión en España».

El Gran Wyoming preguntó a Gabilondo: «¿Hasta dónde estaría el pueblo que ha elegido a Al-Qaeda y no al PP?».

Almodóvar habló de un golpe de Estado: «hemos vuelto a la democracia, pero el precio ha sido muy alto, tenemos que entender algo terrorífico, el PP estuvo a punto de provocar un Golpe de Estado. No quiero ser fino ni delicado, no se trata de tirar piedras, pero, por fin, volvemos a estar en una España democrática donde se puede hablar claro».

Boris Izaguirre, que también estuvo dando gritos en la calle Génova en la noche del 13 y que ya había declarado que «el PP se está convirtiendo en muchísimo más antidemocrático que ETA» ha dicho ahora que lo más terrible le parece que «hayan tenido que pagar con su vida dos personas que no son españoles».

Miguel Bosé a quien en la época de Aznar TVE dio un programa con el que se forró, también se cayó del caballo coincidiendo curiosamente con el cambio de gobierno: «esta derecha está en la democracia porque lógicamente tiene que entrar en el juego para conseguir lo que quiere conseguir, que es dinamitarla desde dentro».

Pero junto a las imágenes de aquellos días -el asedio y apedreamiento de las sedes del PP, los SMS enviados por dirigentes socialistas, los gritos de ¡queremos saber! en la calle Génova, los suicidas de la SER, la aparición de Rubalcaba en la tele en plena jornada de reflexión para decirnos que «nos merecemos un gobierno que no nos mienta»- hay dos palabras que fueron tan repetidas que se me han quedado grabadas: ¡Aznar asesino!

No parece todo lo anterior estar en la línea actual de Bardem.

Y mientras, muchos vascos seguimos esperando a que alguno de estos actores tan concienciados venga a apoyar, por ejemplo en el Festival de San Sebastián, a su colega Iñaki Arteta y al resto de los vascos que se enfrentan a ETA y al fascismo y a gritar a Batasuna y al PNV que ya está bien de bombas y también de mirar para otro lado. Pero no, no han venido ni vendrán y mira que con lo que es gustan las pegatinas tenemos un montón de ellas con ETA NO para regalárselas, pero se ve que una cosa es el NO a la Guerra y otra el NO a ETA, que esta aquí mismo y ya sabemos cómo las gasta.

Por cierto, ¿alguien sabe si Goiricelaya o sus colegas han condenado el atentado? No me suena, no. Y Bardem sin enterarse.

Enrique Zubiaga

Soy un aviador vasco que he visto mucho mundo y por eso puedo decir alto y claro, y sin temor a equivocarme, que tenemos un país increíble y que como España en ningún sitio.

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