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Hable bajito y lleve un palo grande

Enrique Zubiaga 02 Feb 2007 - 09:00 CET
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El presidente Theodore Roosevelt dijo, refiriéndose a cómo negociar en conflictos, «hable bajito y lleve un palo grande».

Zapatero lleva dos años hablando alto y a todas horas de la tregua, de la negociación, del alto el fuego, de la pacificación, de los nuevos tiempos, de la generosidad, de la flexibilidad de la ley, del ansia infinita de paz, del diálogo hasta el amanecer… y se ha dejado el palo en casa.

Los malos, que serán malos pero no tontos, le tienen más que pillado el talante y el mensaje que perciben no puede ser más nítido: este pringado NOS NECESITA, así que vamos a dejarle en pelotas. Están en ello.

Después de lo de Barajas -dos muertos, un edificio recién estrenado y 1.300 coches destrozados, con una factura de cuarenta millones de euros- los malos han visto que ZP es muy receptivo a sus recados y ya saben cómo hacer que la cosa avance, no tienen más que aumentar el envite y por mucha prisa que se de en tapar el boquete de Barajas le harán otro cuando quieran y donde quieran. De momento han dicho, con un par, «que la tregua no está rota»… y aquí todos encantados. Los comisionistas políticos, los apaciguadores de cabecera y las plañideras por la paz suben el volumen de sus voces día a día: «Presidente estamos contigo, en mi nombre sí». Son inasequibles al desaliento, la paz es lo único que importa, del coste no se acuerdan y de la libertad tampoco.

¿Y el palo donde esta? pues no está, ni se le espera. Rubalcaba está desaparecido, un mes después Ternera sigue libre y no sólo no hay detenciones sino que ahora hay 19 gudaris más en busca y captura, porque se han pirado. Mucho nos tememos que Rubalcaba tiene órdenes de no molestar a la fiera, visto cómo las gasta.

Además se pide descaradamente la libertad para el psicópata De Juana, Otegui se pasea por las ruedas de prensa como Pedro por su casa y las decisiones de los jueces que perjudican a ETA y a los nacionalistas se consideran inoportunas. Pero mucho más grave es que el PNV saque a sus huestes a la calle, demostración de fuerza que recuerda mucho a las de Franco o las de Castro y Chávez, para presionar a unos jueces que no necesitan más presiones pues ya saben lo que es enterrar a uno de los suyos y van con escolta.

Mientras Pepiño dice que «no le parece razonable que se presenten denuncias contra aquellas personas que persiguen un fin noble, que es que haya paz y acabar con el terrorismo», Zapatero invoca la libertad de expresión tratando de evitar a toda costa incomodar a sus nuevos socios preferentes del PNV, cuyas ganas de acabar con ETA son de todos conocidas.

Así las cosas, los españoles tenemos la horrible sensación de que estamos en retirada cuando deberíamos estar corriéndoles a gorrazos como estábamos hace tres años. Pero aquí no hay gorrazos, no hay palo, no hay cojones y solo vemos -y ETA también lo ve, encantada- que los apaciguadores ni siquiera han esperando a que los féretros de Diego y Carlos llegaran a Los Andes, tan lejanos, para volver a las andadas.

Sr. Zapatero: ya está bien, queremos que se aplique la ley sin aspavientos, sin otro GAL y sin trampas, pero que se aplique, dura lex sed lex, y queremos ver en la cárcel y acojonados a los malos, para variar. Y a los que apoyan o se aprovechan de ETA queremos hacerles la vida muy difícil, queremos que vivan como lo que son: unos apestados y si pierde usted el apoyo de las sanguijuelas que le sostienen pues convoque elecciones, que eso es la democracia.

El palo, Sr. Zapatero, hable más bajito y saque usted el palo, que para eso le pagamos, para que lo saque cuando hace falta, ¿no cree usted que después de lo de Barajas era un buen momento para sacarlo?

Enrique Zubiaga

Soy un aviador vasco que he visto mucho mundo y por eso puedo decir alto y claro, y sin temor a equivocarme, que tenemos un país increíble y que como España en ningún sitio.

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