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¿Escuece?

Enrique Zubiaga 12 Mar 2007 - 10:00 CET
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Programa electoral del PSOE, año 2004, página 46:

«Nos comprometemos al cumplimiento escrupuloso y estricto del Pacto de Estado Por la Libertad y Contra el Terrorismo suscrito entre el Partido Socialista Obrero Español, el Partido Popular y el Gobierno de la Nación y, en especial, a renunciar a la utilización política del terrorismo; nos comprometernos a mantenerlo vivo y en vigor hasta la derrota total de ETA o su disolución efectiva.»

No les ha parecido a muchos españoles que el PSOE haya respetado ese compromiso y se han echado a las calles en repetidas ocasiones para recordárselo. Después del recordatorio, ¿qué hay de lo mío?, que ETA puso en Barajas, del vodevil con sexo en la ducha del comatoso De Juana y del comportamiento responsable, legal y humanitario del Gobierno para con él, las manifestaciones y concentraciones han sido masivas y no tiene pinta la cosa de que va a escampar pronto.

A Zapatero, que en su día se apuntaba a todas las pancartas y reclamaba a Aznar «que escuchara el clamor de la calle», parece que ya no solo no le gustan las manifas y que está igual de sordo que Aznar, sino que le escuecen un montón, a juzgar por lo mal que le ha parecido que otros salgan a la calle, hagan sonar el himno que a él no le pone, ondeen las banderas que le producen urticaria -y ya el colmo es que las lleven inmigrantes chinos como los de la foto- y se use el lazo azul que reclama libertad. Libertad que, con una ETA/Batasuna eufórica tras el subidón del caso De Juana, no parece posible para los vascos.

En resumen, que Zapatero no puede ver a lo que llama la derecha extrema en la calle y a juzgar por las fotos es asombroso el número de fachas que hay en este país, por cierto, que cada vez hay más que desde el partido socialista se unen a la rebelión cívica del facherío. El enemigo en casa.

Mientras el rugido del incondicional y omnipresente tertuliano Sopena recuerda las siete plagas de Egipto al líder de la oposición «… y entonces, Sr. Rajoy, será el llanto y el rugir (sic) de dientes«, El País busca con lupa aguiluchos entre las miles de banderas y parece que en la última sólo han encontrado dos, así que, mientras siguen buscando, nos obsequian con crónicas de este jaez: «Predominaban, entre los portadores de tanto color nacional, los abrigos de visón y las pieles, los mocasines, las indumentarias de los colores conjuntados y la gomina… Una estética muy popular, aunque con alguna excepción más desaliñada o casual. La media de edad no sería inferior a 45 años, pese a que acudieron familias enteras».

Pues sí, algunas familias formaron un grupo de amiguetes el otro día en Madrid. Era la respuesta a la soledad del PP y al cordón sanitario que pidieron los actores del «No a la Guerra»… de Irak (de la de aquí arriba nunca hablan, les importa tres c…… y además molestar a ETA tiene su peligro).

El primer cordón sanitario que hubo aquí lo hicieron ETA y los nacionalistas en el País Vasco para excluir al PSOE y al PP, se llamó Pacto de Lizarra y se ve que a los socialistas les gustó la idea pues hicieron lo mismo en Cataluña: el Pacto del Tinell, esta vez eran todos contra el PP y alguno incluso se fue al notario a hacer el juramento de exclusión. Satisfechos con los resultados, hicieron lo mismo con el PP a nivel nacional, sacándolo del debate parlamentario. Así que sus simpatizantes y los que no comulgan con el cariz democrático de semejante exclusión decidieron quedar en la plaza de Colon para hablar de lo que no pueden hablar en el Congreso… y se reunieron allí unos cuantos.

Así las cosas, Pepíño, el hombre que ve «florecer los aguiluchos»
y a quien parece que la carrera política le ha cundido más que su frustrada carrera universitaria, está obsesionado con los visones y los busca en la manifa con un telescopio desde su chalet de 900.000 euros en el municipio pepero de Las Rozas: «cuando paseo por la ciudad de Barcelona soy menos insultado que cuando paseo por la ciudad de Madrid. Por cierto, quien me insulta por la ciudad de Madrid normalmente lleva abrigos de visón».

Pero como, por suerte para Pepíño, está siendo mal año de visones y aguiluchos, ha decidido cambiar de ojetivo y centrarse en la guerra de Irak: «A Rajoy le parecen muchos manifestantes y son la mitad de los que han muerto en la Guerra de Irak».

Algo me dice que no tardarán en reflotar el Prestige y que se recrudecerá la Guerra Civil que creíamos que se acabó en el 39 del siglo pasado.

Esto de la memoria selectiva es un coñazo y, sí, parece que las manifas escuecen.

Enrique Zubiaga

Soy un aviador vasco que he visto mucho mundo y por eso puedo decir alto y claro, y sin temor a equivocarme, que tenemos un país increíble y que como España en ningún sitio.

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