En Mayo de 2005 José Bono nos regaló una frase tan lapidaria como sorprendente para un ministro de defensa: «Yo prefiero que me maten a matar». Fue en Washington, durante una conferencia sobre el terrorismo internacional y la defensa que pronunció en su visita oficial a USA. En ella defendió el papel indispensable de las Fuerzas Armadas para combatir el terrorismo y, tras afirmar que «el fin no justifica los medios», dijo: «Soy un ministro de Defensa y prefiero que me maten a matar como convicción moral personal. Necesito que a la convicción moral se una la legitimidad del planeta y esa legitimidad la aporta Naciones Unidas».
La verdad es que le quedó muy bonita la frase, aunque no se si algún otro ministro de defensa o militar del planeta compartirá su teoría sobre morir antes que matar. Yo desde luego no la comparto.
El caso es que poco después Don José nos sorprendió a todos anunciando, en un episodio aún no aclarado (¿dimitió o le dimitieron?), su abandono de la política para «dedicarse a su familia». Dijo entonces que esa decisión no era improvisada, sino «serena, meditada y difícil» y tomada «a favor de su familia» y nos obsequió otra frase para el mármol: «La vida es más importante que la política».
Luego le tentaron con la candidatura a la alcaldía de Madrid y él se dejó querer, pero en el último minuto les sacó un hermoso dedo a José Luis Rodríguez y a Pepiño que les dejó con el culo al aire y que acabó con Miguel Sebastián estampándose ante el imbatible Gallardón. Y es que José Luis y Pepe habían olvidado que Don José estaba retirado. Pero ¿he dicho retirado? ¡Que no, hombre, que no, que era broma!

Dos años y medio después Don José parece haber aparcado un poco sus convicciones sobre la vida y la familia y está de nuevo metido hasta las cachas en el fregado político. Es más, ya tiene cargo: Presidente del Congreso, nada menos. Con permiso de Rajoy, claro.
Así las cosas, y tratándose de un personaje tan impredecible, no se si sorprenderme por el giro que parece haber dado en sus convicciones pacifistas de antaño, exactamente un giro de ciento ochenta grados (giro también conocido como «donde dije digo, digo Diego»). Fue ayer en Radio Nacional de España, cuando Don José nos dejó otra frase lapidaria que esta vez comparto al cien por cien: «Si yo tuviese que dirigir un consejo a los guardias civiles les diría que no haya bajas, pero que si tiene que haberlas que no sean nuestras».
Vamos, que es mucho mejor matar que morir, y mucho menos desagradable, añado.
La pregunta que se impone ahora es: ¿en qué quedamos, señor Bono?
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