
Mariano Fernández Bermejo, Ministro de Justicia: “Luchamos en su día contra los papás de los que nos gobiernan y no tenemos ningún temor a los hijos»
Yo: «Pero para luchar contra ellos primero vamos a ponernos cómodos”.
Dicho y hecho, 250.000 euros de vellón nos ha costado que Bermejo se ponga cómodo en la solución habitacional, un ático de 220 metros cuadrados en el centro de Madrid, que le hemos prestado al menos para los dos meses que le quedaban como ministro.
La anterior inquilina e inventora de las soluciones habitacionales, la ex-ministra María Antonia Trujillo, ha contestados a la acusación de Bermy de que el piso estaba «en condiciones de habitabilidad muy deficientes» (en lenguaje más coloquial, hecho un Cristo) diciéndole, también en lenguaje coloquial, que es mentira: «Se encontraba en perfecto estado. Claro, que si uno quiere hacer una reforma, no va a decir que la casa estaba muy bien. A lo mejor el ministro de Justicia tiene más dignidad y a mí se me ha ido con el cargo, o que la dignidad se mida por metros cuadrados». «La casa estaba estupenda, si Bermejo quiere más comodidad que apechugue». Eso, que apechugue con el marrón en el que se ha metido a dos meses de las elecciones.
Con un poco de suerte, y si Rodríguez no lo echa antes, Bermy volverá en breve a su casa del municipio pepero de Pozuelo.
¡Hay que ver la querencia que tienen los descamisados socialistas por los municipios peperos y por las soluciones habitacionales lujosas y espaciosas! Que se lo pregunten a Pepiño, a Rubalcaba, a Borrell, a Solbes, a Guerra, a González… o a Zapatero.
Pero volviendo a la lucha implacable de Bermejo, cuando decía que «luchamos en su día contra los papás…» quizá se refería a gente como Don Jesús de Polanco, que en paz descanse, empresario de medios de comunicación que, habiendo hecho fortuna con Franco, mantuvo durante treinta años una intensa luna de miel, y acabó de forrarse, con el PSOE. Con 3.000 millones de euros era el 287 de la lista de los más ricos del planeta. Ya lo dijo su delfín Juan Luis Cebrián: «murió con las botas puestas». Pero bien puestas.
O tal vez olvidaba Bermejo, como tantos compañeros suyos, que muchos de los que gobernaban durante el régimen de Franco eran sus papás. En concreto el suyo fue Jefe del Movimiento en Arenas de San Pedro, falangista y alcalde a quien le fue muy bien. Tanto que pudo dar a Bermy una juventud burguesa y cómoda con más bien pocas persecuciones y clandestinidades. Tampoco parece que destacó Bermejo en la universidad por su militancia antifranquista y una vez licenciado en Derecho ingresó en la carrera fiscal jurando los Principios Fundamentales del Movimiento, que entonces se exigían. Esto último no lo suele mencionar mucho. Después se opuso al Pacto por la Justicia y afirmó, entre otras cosas, que la ley para acabar con la kale borroka y que prácticamente acabó con ella era “un disparate”.
No es de extrañar que el consejero de Justicia del Gobierno Vasco,
Joseba Azkárraga, dijera en su día que es «un buen cambio» y que «será un buen ministro«. Mientras que la AVT creía que Bermejo venía para blindar las franquicias de ETA y para proteger el «proceso de paz», también conocido como bajada de pantalones total. Desgraciadamente no andaba muy descaminada.
Una de las grandes aportaciones de Bermy a la independencia de la Justicia y a la separación de poderes fue esta: «Ilegalizaremos a ANV cuando la jugada lo aconseje«.
A un mes de las elecciones la jugada parece aconsejarlo urgentemente, a juzgar por las prisas que le han entrado tanto a él como a Zapatero, Pumpido y Garzón por maquillar, o más bien borrar, cuatro años de actos impúdicos, obscenidades y coyundas con ETA/Batasuna.
El caso es que el ministro más locuaz de este gobierno, el látigo de fachas que buscaba desesperadamente una cámara y un micrófono con los que ganar la guerra civil en solitario y con setenta años de retraso… está desaparecido. ¡Coño, igual que Wally!
Mal rollo, Bermy.
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