Aquí http://blogs.periodistadigital.com/hablandoenplata.php/2007/03/28/no-vuelvo pueden ver ustedes la crónica de un testigo presencial del intento de linchamiento a siete pringados del Foro Ermua que acabó con la ya famosa patada en los huevos a Antonio Aguirre.
Hoy, en el mismo lugar y año y medio después se ha celebrado el juicio de faltas. Se juzgaba en la esquina de la derecha a Alejandro Arámburu Corral «El Potro de Bilbao» que ha aparecido ataviado con boina, gafas de sol y una carpeta que le tapaba al menos un lado de la cara. Pero también, en la esquina izquierda y en un país surrealista como el nuestro, se juzgaba a tres de los instigadores de los desordenes públicos que según el atestado de la Ertzainza (en el que ni siquiera las comas eran verdad) provocaron los pringados del Foro en un sorprendente intento de suicidio colectivo al atacar verbal y físicamente a varios cientos de hinchas de Ibarreche que les estaban esperando calentitos a las puertas del Palacio de Justicia. Cómo salieron vivos de allí es hoy en día uno de los grandes enigmas del pueblo de los siete mil años.
Lo de menos son las consideraciones legales y el resultado del combate: Para el Potro el pago de cuarenta días de indemnización a Antonio: 420 euros. A veinte días y 210 euros el huevo le ha salido la cosa, muy barato, diría yo.
Más barato le ha salido al ertzaina que redactó el atestado el inventarse su insólita novela: gratis total.
Los del Foro se tienen que dar con un canto en los dientes: han sido absueltos.
Así que lo mejor del día ha sido cuando ha salido el secretario del juzgado y ha dicho: «Por favor, Don Alejandro Aramburu, Don Alejandro Aramburu Corral!» Se ha hecho el silencio entre las varias decenas de personas que esperábamos en la puerta de la sala, unos como testigos presenciales, otros como observadores y muchos cámaras, fotógrafos y periodistas de a pie. Y de pronto mi amigo Ferchu ha dicho en voz alta: «Ese es el de la patada en los huevos», le hemos oído todos, empezando por el Potro, que ha salido de su escondrijo y ha hecho el paseíllo intentado bajarse la boina un poco más, pero la pobre no daba más de sí.
La verdad es que yo, que tenía que hacer de testigo, he pasado un mal rato, pues me había olvidado la coquillera en casa -luego no me ha hecho falta y ni siquiera he tenido que declarar- pero el pobre Alejandro… ese sí que las ha pasado putas.
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