Dos imágenes valen más que dos mil palabras. Vean si no estas bellas fotografías que me envía un amigo. En la primera se ve al Presidente del Gobierno en funciones, ya que el titular está missing a efectos prácticos y sólo aparece allí donde no le puedan silbar, y también para dar entrevistas cómodas a periodistas «de toda confianza». 
El presidente en funciones, Don Alfredo Pérez, aparece en la foto muy digno frente a un Jefe de Estado que es también el líder espiritual de 1200 millones de personas, entre ellas tres cuartas partes de los españoles.
Es un saludo cordial pero frío, guardando las distancias y sin demasiados aspavientos. La cabeza se mantiene en línea con la chepa y no hay inclinación alguna. Y el apretón de manos no es tal apretón, sino que es «blandito», casi un roce.
Yo creo que tanta frialdad viene por aquello de que no vaya a ser que alguno de los suyos le llame la atención por un exceso de cordialidad para con una de las bestias negras de la progresía, que la peña socialista no ha perdido oportunidad de poner a parir.
La segunda foto es mucho más amable ¡donde vas a parar! Ahí sí que se ve que hay cordialidad, empatía, cariño y buen rollito. Y sobre todo lo que se aprecia claramente es que, a su edad, Don Alfredo tiene aún un admirable juego de cintura y una extraordinaria flexibilidad en su columna vertebral, no me digan que no. Don Alfredo -se nota que ha sido un atleta- tiene unas lumbares, dorsales y cervicales que ya las quisiera tener yo.
Pues bien, alcanzada sin problemas una inclinación que ronda los noventa grados, Don Alfredo coge la mano del monarca con devoción y parece que se apresta a darle un lametón, o quizá un beso con tornillo. El receptor, por su parte, está como apabullado por el arrebato de Don Alfredo. Satisfecho de ser tan admirado y querido, pero un pelín incómodo. O eso me parece a mi.
¿Y quien es el receptor de semejante inclinación y despliegue de humildad? Pues es nada menos que el Rey Mohamed VI de Marruecos que, a diferencia del Papa, ha sido, es y será siempre el mejor aliado y amigo de España. Un hombre siempre dispuesto a ayudarnos y echarnos una mano. ¿Y Perejil, el Sahara, Canarias, las pateras, el hachís, Ceuta y Melilla? Nada, tonterías, cosas de amigos, pelillos a la mar.
Después de ver la segunda foto me pregunto si Don Alfredo sería capaz de tocar el suelo con la calva, y estoy seguro de que si se lo propone, puede. Y debería empezar a practicar ese ejercicio a la mayor brevedad, porque, aunque no está previsto que ni por equivocación aparezca por aquí Obama, nunca se sabe, y si llegara el caso Don Alfredo se vería obligado a darlo todo. Aunque ahí tendría que competir duramente con su todavía jefe, José Luis Rodríguez. Pero yo no me preocupo, pues estoy casi seguro de que si se pone a ello Don Alfredo puede llegar a besarle los pies a Obama, e incluso a hacer el pino. José Luis, por su parte, seguramente haría un triple salto mortal con tirabuzón. ¡Pues bueno es él cuando se pone!
El problema podría surgir si también Obama hiciera ante Don Alfredo un despliegue de sus habilidades: http://www.youtube.com/watch?v=LWAfHM1g1g8 . La verdad es que yo no se lo que tienen los reyes árabes, pero me admira que siempre parecen sacar lo mejor de cada uno.
Aunque es poco probable que Obama saludara así a Don Alfredo, tengo que decir que si esa hipótesis se produjera, y no se pusieran de acuerdo, podrían sufrir lesiones graves. Quizá ambos deberían ponerse un casco.
Ah, y a José Luis habría que ponerle una red.
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