Con la que está cayendo en Iberia, y especialmente a los pilotos -que como son los malos oficiales de la película son los que más palos están recibiendo y, al parecer, los únicos que todavía se oponen al estropicio que están haciendo con su empresa- me parece admirable que todavía haya muchos de ellos que se preocupan por gente que no conocen y que vive a nueve mil kilómetros de distancia. Es el caso de un grupo de pilotos que están organizando un increíble sarao para recaudar fondos destinados a construir una escuela para niños discapacitados en Otavalo, Ecuador. Son niños que no tienen nada y que no importan a casi nadie.
La cosa tiene mucho que ver con el ciclismo, en concreto con un grupo de pilotos de Iberia: los Bicipringaos , aunque también hay alguno ajeno a Iberia. El grupo lo creó hace unos años el gran Antonio Gálvez y ha ido creciendo hasta superar al medio centenar de chalados de la bicicleta de montaña. Yo soy uno de ellos, aunque admito que les acompaño muy de vez en cuando y sólo cuando la machada organizada por Antoñito y sus secuaces es lo suficientemente light como para tener alguna opción de volver a casa sin pasar por la sala de reanimación de un hospital: no más de cuatro o cinco horas de bici y cuestas que al menos se puedan subir y bajar andando, sin cuerdas y sin piolet, aunque ya me han pillado en alguna encerrona que otra y he llegado en parihuelas.
El caso es que como entre los Bicipringaos hay algunos que pertenecen a SEPLA Ayuda, de quienes ya les he hablado en este blog, no tardó en surgir la idea de hacer algo relacionado con la bici para ayudar a los que ayudan. Y allí Javier Sanz y José A. Ruiz Llorente se pusieron las pilas en labores de captación y organización, formando con Antonio un trío arrollador. Sería demasiado largo mencionar aquí a todos los pilotos que se están dejando la piel y dedicando muchas hora de trabajo y esfuerzo en su tiempo libre por esta buena causa, pero espero que alguien tenga el detalle de poner una plaquita con sus nombres en Otavalo.
Pues bien, en Mayo se organiza todos los años cerca de Cabezón de la Sal, Cantabria, una barbaridad, por decirlo suavemente, a la que este año hay apuntados ya más de cuatro mil chalados. Y digo chalados porque no se cómo llamar a quien pretende hacerse en un sólo día la ya mítica prueba “Los 10.000 del Soplao*”, también conocída como ”El infierno cántabro”.
Para que se hagan ustedes una idea, en la modalidad de bicicleta de montaña, que es la que van a hacer los Bicipringaos, son 165 kilómetros de recorrido con un desnivel de 5250 metros o, lo que es lo mismo, como sí subieran en bici del nivel del mar a la cima del Mont Blanc, con pendientes de hasta el 25%, y al llegar les pareciera poco y subieran otros 500 metros más.
Pero si les apetece apuntarse al plan y la bici de montaña no es lo suyo, no se preocupen, que tienen también las opciones de hacerla en bici de carretera (el paseo va desde 100 a 315 km, a elegir), caminando o corriendo (de 44 a 113 km), o con una combinación de todas ellas.
Como es lógico, y conociéndoles bien, a los bicipringaos les entusiasmó la idea. De hecho el año pasado algunos ya se lanzaron a la aventura, hasta qué la organización decidió cortarla tras ochenta kilómetros, dadas las condiciones meteorológicas extremas y el serio riesgo de hipotermias generalizadas, caídas y otras desgracias.
Pero, lejos de achantarse, este año se han apuntado ya casi cincuenta Bicipringaos, y qué mejor excusa para dejarse la piel -y también el culo- sentados quince o dieciséis horas en una bici que una buena causa como es ayudar, valga la redundancia, a SEPLA Ayuda. La idea es “vender” entre familiares y amigos cada kilómetro recorrido de la prueba de modo que el que la acabe saque una pasta para la causa y al que no no creo que nadie le reclame la devolución de los kilómetros pagados, digo yo.
Para que se hagan una idea de cómo enfocan el asunto, saldrán a las ocho de la mañana y todos llevarán linternas para poder acabar la prueba. Y es que en el fondo los chicos son realistas. Aunque no tanto como yo, que el 18 de Mayo no pienso acercarme a menos de trescientos kilómetros de Cantabria, no sea que de repente me vea sentado en una bici. No, en serio, la verdad es que tengo varios frentes abiertos y eso se traduce en que mi estado de forma es pésimo, así que me limitaré a comprarles unos kilómetros y, eso sí, moralmente estaré con ellos todas las horas que haga falta, de hecho me he comprado también una linterna para acompañarles moralmente cuando se haga de noche.
¿Y ustedes qué? Pues si quieren echar una mano, incluso si después de leer esto descartan por completo apuntarse a un plan tan apetecible, no se preocupen, que pueden hacerlo aquí y sin moverse de su casa. No se quejarán de que se lo pongo difícil.
En fin, que no se cuantos de mis colegas acabarán la barbaridad que se proponen hacer, pero seguro que si algunos no la acaban será sólo por falta de fuerzas o de piernas, pero no por falta de corazón. Ánimo chavales, que sois unos cracks.
*Lo del Soplao viene del nombre de las cercanas Cuevas del Soplao, que les recomiendo que visiiten si tienen oportunidad, son una maravilla.
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