Les deseo a todos un feliz día, pero muy especialmente a los cientos de miles de vascos, catalanes, baleares, gallegos y lo que te rondaré, morena, que no se atreven a poner una bandera de España en su ventana para celebrarlo, por lo que pueda pasar. Así están las cosas en este país.
Nunca pensé que algún día iba a poner una bandera de España en mi puerta, cosa que he hecho hoy. Simplemente creía que no hacía falta reafirmar mis creencias habiendo nacido en Bilbao -a tiro de piedra de San Mamés- con RH negativo, napia vascorra y tropecientos apellidos vascos… o sea: español por los cuatro costados. En fin, que es algo que tengo que agradecer a los nacionalistas patrios de todo pelaje y a la brasa que me han dado durante tantos años. A la fuerza ahorcan.
Por la misma regla de tres, el día menos pensado me miraré en el espejo y veré en mi a un aficionado a los toros de pro -aunque he corrído varias veces en San Fermín, sólo he asistido a dos o tres corridas de toros en toda mi vida-. Veré también a un monárquico -siempre he sido más bien republicano-. Veré a un defensor a ultranza de la Iglesia Católica -soy ateo- y hasta veré a un hincha del Atleti o del Madrid. No se si me explico.
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