Ya dijo Jaime Lafita que no sabía la ELA donde se había metido cuando le eligió a él. Toda la razón, jamás ese bicho se había metido con alguien que no ya es que juegue en otra liga sino que muy probablemente no sea de este planeta, aunque él no suelta prenda y se ríe cuando se lo pregunto.
Si yo fuera el bicho me estaría preguntando: «Joder qué pesao es este tío, quizá debería ir abandonando estas instalaciones porque no es que ya no sepa con qué más tirarle sino que cuanto más caña le doy el muy cabrón más arriba se viene. Pero, ¿de dónde ha salido este tío?” Y haría bien el bicho en irse cuanto antes y definitivamente a dar por saco con el rabo entre las piernas a otra galaxia, porque no es posible que un bicho que Jaime se puede fumar tranquilamente después del café y antes de echar la siesta pueda doblegar a un tipo tan correoso. Jaime va a acabar con la ELA a disgustos, acuérdense de lo que les digo.
Y ahora pasamos a la publicidad: no le den más vueltas a qué regalar esta Navidad a las personas que más quieren, porque acaba de salir el disco DalecandELA, The Soundtrack, y es una maravilla. Veintiún temas, ochenta músicos -la mayoría aborígenes de por estos pagos, así que no hace falta que les hable de su calidad- con alguna aportación que ha venido desde tierras lejanas, como California, a echar una mano a Jaime en este nuevo proyecto. Todos los temas están compuestos expresamente y a petición de Jaime con el motivo de fondo de su lucha contra la ELA. Aquí los pueden encargar en formato CD o vinilo deluxe con libreto incorporado. El libreto es una joya -como todo lo que hace la peña de dalecanELA- y está cuidado al máximo e lustrado con dibujos de Jaime, con fotos de los grupos y con las letras de las canciones. En resumen, es una delicia de leer. Y ya de paso, y por un módico precio, ahora que llega la fresca regálense también unas camisetas y unos chándales, que abrigan mucho y que están arrasando esta temporada otoño-invierno. También tienen en la tienda online de dalecandELA gorras, bolsas o ropa de ciclista por si les da por la bici como a Jaime, al pelotón de dalecandELA o a mí mismo. En fin, que hay de todo, prendas y complementos hechos con mucho gusto, que para eso las que están detrás son casi del mismo Bilbao. Y no no hace falta decir que toda la recaudación de dalecandELA va destinada a la investigación de la enfermedad y a la ayuda a los enfermos: doscientos mil euros lleva donados dalecandELA. Y hacen falta muchos más, que los enfermos no pueden esperar y la cosa tiene cierta prisa.
El caso es que para celebrar por todo lo alto el lanzamiento del disco se programó en el auditorio de Algorta, Vizcaya, un concierto cuyas setecientas entradas se vendieron en dos horas, así que se programó un segundo concierto la misma tarde, concierto que también se vendió entero. Así es como las gastamos en Guecho. Con las entradas a 15 pavos echen ustedes cuentas de si valió la pena el gigantesco esfuerzo que significó organizar dos conciertos, con doce grupos, que fueron como la seda. Y no sólo eso, sino que la tienda instalada en el hall vendió siete mil euros de mercancía de dalecandELA como quien no quiere la cosa. Y no me extraña, porque no sólo son unas máquinas las chicas de dalecandELA, sino que -esto por favor que no salga de aquí- encima están todas como un tren, empezando por mi Pilar, que es mi pareja actual.
Los conciertos, en los que intervinieron doce de las bandas y artistas que salen en el disco, fueron un exitazo. Como no podía ser de otra manera dada la talla profesional y humana de los músicos… y de los que trabajaron entre bambalinas y a destajo para que fuera así, como lo hicieron en su día con la grabación, edición y publicación del disco.
Para rematar, Jaime salió al escenario en un par de temas, a pesar de que el dichoso bichito le tiene un poco perjudicado a estas alturas y ya no puede hacer sus legendarias interpretaciones de Elvis o de Springsteen dándolo todo sobre el escenario, como solía. Ahora va con un bastón, lo que no le impidió acompañar un precioso tema de The Marshalls a la armónica. En la canción que cerró el concierto y acompañado de su cañón de mujer, Lourdes, y de sus tres hijos, Diego, Álvaro y Teresa -que con esos padres sólo podían ser unos cracks, y vaya si lo son-, Jaime estuvo también rodeado de toda la peña que hace poco pudo ver toda España triunfar en Got Talent, el popular show de Tele 5. Vean, vean.
En fin, que el concierto fue antológico, de los que no se olvidan, y la tormenta de afuera -hacía una tarde de perros, con rayos, truenos, viento, granizo y lluvia- fue un chiste comparada con la tormenta de buen rollo y de amor que pudimos ver dentro. Repito, lo que había dentro del auditorio era una tormenta de AMOR, aunque decir ese palabro suene un poco raro en el País Vasco, donde somos un poco parcos y muy nuestros en cuestiones sentimentales. Porque aquello no fue un sirimiri, sino un diluvio de cariño por parte de los músicos y del público hacia una persona que algo tendrá y que mucho habrá dado en su vida para que ahora le toque recibir tantísimas toneladas de amor sobre sus fuertes espaldas (no se preocupen, Jaime también puede con eso).
Y de postre, cuando ya creíamos que estaba todo el pescado vendido, aparece en la pantalla de fondo del escenario la imagen de Jaime caminando con sus botas, su bastón y su traje blanco de Elvis hasta subirse en la plataforma que una gigantesca grúa del Puerto de Bilbao alza por los aires, con el alter ego de Elvis, el gran Jimmy Lafeet -que es el nombre artístico de Jaime- dispuesto a volar y a renacer cual ave Fénix, reinventarse y volver a sorprendernos a todos, que por otra parte no ganamos para emociones, no ya fuertes sino imborrables, y mira que ya llevamos unas cuantas. En fin, que no hay quién dé más… Y va Jaime, que ha escuchado esto que acabo de decir, y me suelta: «Que no hay quién dé más? Anda, sujétame el gin tonic…»
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