Como todo se la sopla, y como tiene muy claro que el fin justifica los medios, es capaz de todo. Todo es todo y el fin ya sabemos cual es: su persona, él mismo, con su propio mecanismo.
Aquí ya no hablamos ser de izquierdas o de derechas ni de ser conservadores o ser progresistas, sino de que este feligrés está pisoteando el estado de derecho y la democracia, de que lo de llevarse por delante la Constitución y la separación de poderes para convertirse en un autócrata le pone muchísimo y si le dejamos hacer nos podemos encontrar más temprano que tarde inmersos un engendro bolivariano del que nos será muy difícil librarnos. En ese sentido el mismo que que dijo que «no dormiría por las noches, como el 95% de los ciudadanos, con Podemos en el Gobierno», o que «ni antes ni después el Partido Socialista va a pactar con el populismo. El final del populismo es la Venezuela de Chávez, la pobreza, las cartillas de racionamiento, la falta de democracia»… ha tenido y tiene muy buenos ejemplos y asesores entre la cuadrilla de la que se ha rodeado desde el minuto uno.
Esto es lo que hay, y no, no vendrá cruzando los Pirineos al galope el séptimo de caballería para salvarnos. Estamos solos y sólo depende de nosotros plantar cara a la que nos viene, cada uno en la medida de sus posibilidades, pero sin desfallecer.
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