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En memoria de Agustín Ibarrola

Enrique Zubiaga 01 Ago 2026 - 12:14 CET
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He visto que por fin están repintando los cubos que pintó Agustín Ibarrola en el puerto de Llanes, Asturias. Me alegro mucho.

Conocimos a Agustin Ibarrola y a Mari Luz, su mujer, en Llanes hace más de veinte años, cuando Agustín estaba trabajando en “Los Cubos de la Memoria”, pintando los bloques de hormigón del rompeolas del puerto de Llanes.

Los cubos son un excelente reclamo turístico para Llanes, pero la pintura estaba ya muy deteriorada tras veinte años de sufrir el oleaje, el sol, la lluvia, los cambios de temperatura y el salitre. Además en otoño e invierno los temporales son brutales y las olas han desplazado algunos de los cubos, que a su vez han golpeado a otros. El caso es que por fin los cubos están siendo repintados, más vale tarde que nunca. Los de dentro del puerto son mucho más fáciles de pintar porque están muy protegidos, pero a ver qué hacen con los de fuera, que están expuestos a un oleaje que muchas veces es brutal. No es nada sencillo montar decenas de andamios para poder atarse a ellos con arneses y descolgarse para pintar casi 500 caras de 170 bloques de hormigón junto al mar Cantábrico, siempre pendientes de  sus mareas y de sus temporales. Eso fue lo que hizo en su día Agustín, que tenía ya más de setenta años, dirigiendo un equipo de gente joven que pintó los bloques siguiendo al pie de la letra sus bocetos y sus instrucciones.

Agustín nos enseñó in situ todo el montaje y nos explicó el significado de sus pinturas. Se había estudiado a fondo la historia de Llanes y había hecho cientos de fotos y de bocetos de los bloques desde diferentes perspectivas para que cada bloque encajara perfectamente con sus vecinos y el conjunto tuviera un significado.

Como aviso a navegantes, y en concreto a Ibarrola, ETA puso una bomba en los cubos que en cuanto a daños tuvo el mismo efecto que un escupitajo, pues cada uno -de tres por tres metros- pesa 60 toneladas. Pero Agustín nos contó que había tenido un desagradable incidente con un individuo llegado del País Vasco -sin duda un aguerrido antifa, un freedom fighter con boina- que se había colado en la zona acotada de los andamios para increparle, pero uno de los dos escoltas de la GC que tenía, modelo armario ropero, solucionó el problema rápidamente. El caso es que cuando Agustín y Mari Luz vinieron un par de veces a nuestra casa a cenar, vinieron con sus escoltas porque aún estando nosotros muy apartados en el monte Mari Luz temía por la seguridad de su marido.

VALLA LLANES*

 

Agustin era una persona discreta y muy humilde, con cero afán de protagonismo, pero a nada que le tiraras un poco de la lengua también era muy ameno pues su vida había sido muy intensa y daba gusto escucharle. Además de lo referente a su carrera artística tenía mucho que contar de su faceta “política”. Militó en el PC durante el franquismo y estuvo dos veces en la cárcel, donde en total pasó nueve años. La llegada de la democracia no fue precisamente un descanso para él ya que enseguida el ambiente se hizo irrespirable para los vascos no nacionalistas y, como había hecho en la dictadura, Agustín también plantó cara y formó parte de esa muy exigua minoría de vascos que se enfrentaron abiertamente a ETA, al PNV y al nacionalismo obligatorio. Fue uno de los fundadores de Basta Ya y del Foro Ermua, cuyo logo, un faro, es obra suya. 

Aunque la tribu le hizo la vida imposible por no apuntarse al nacionalismo obligatorio y como artista fue ignorado por completo -sencillamente, para los dueños del cortijo vasco Ibarrola no existía- no consiguieron echarle del País Vasco pero sí amargarle la etapa final de su vida y que tuviera que vivir muchos años con miedo y con escolta.

Pasado un tiempo les devolvimos la visita en su caserío de Kortezubi, en el Valle de Oma. Me refiero al segundo caserío, pues el primero se lo quemó un grupo de la extrema derecha. Por su parte, por el flanco de la extrema izquierda, los chicos alegres y combativos de Batasuna le destrozaron los pinos pintados del cercano Bosque de Oma, que vale mucho la pena visitar porque es un lugar mágico. Cuando fuimos a verlo era una odisea llegar hasta allí pues ni siquiera estaba indicado y el camino era un barrizal. Ahora que Agustín ya no les da la lata, porque ya no está, parece que los que mandan han vuelto a poner su nombre y el Bosque de Oma en el mapa y han adecentado el acceso. Al fin y al cabo no les sobran artistas vascos de renombre, y el turismo es importante porque deja dinero.

El caso es que Agustín y Mari Luz nos recibieron estupendamente y él nos enseñó el caserío, su estudio y su taller. Lo pasamos muy bien y yo le pasé unas fotos que había hecho en Llanes de un temporal de otoño espectacular, con unas olas enormes golpeando los cubos y saltando limpiamente por encima del rompeolas. Le gustaron mucho y me pidió permiso para poner alguna en un libro sobre su obra que le estaban preparando. No sé si llegó a hacerlo.

Mari Luz falleció hace cuatro años y Agustín hace dos, con 93 años. Nunca se rindió, nunca se fue de su tierra, nunca pudieron con él.  

Enrique Zubiaga

Soy un aviador vasco que he visto mucho mundo y por eso puedo decir alto y claro, y sin temor a equivocarme, que tenemos un país increíble y que como España en ningún sitio.

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