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Mueren ocho calcinados

Efrén Mayorga 11 Jun 2007 - 09:20 CET
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Con todo respeto para los fallecido y quienes resultarán heridos, sin comentarios; sólo se trascribe la nota publicada en el periódico expreso.com.mx. El accidente se registro en el tramo carretero Hermosillo-Guaymas. Entre los muertos hay tres adolescentes y dos niños.

Un Destino Trágico. Cuando Marco Antonio Campos Uriarte ve los ocho cuerpos prensados y carbonizados en el interior del vehículo, dice: “después de ver esto, se necesita terapia sicológica. Uno está acostumbrado, pero los bomberos nunca dejan de asombrarse”.

El jefe del Departamento de Bomberos de Guaymas grita las instrucciones a su gente. Lamenta que sean ellos los primeros en descubrir, entre el humo, el cráneo expuesto de una mujer que en sus brazos sostiene el cuerpecito del bebé de un año.

Un olor a muerte con llamas invade el lugar. Entre las víctimas encuentran dos niños de tres y un año de edad, respectivamente, así como dos adolescentes de 14 y 16 años.

Iban con sus mamás de 36 y 23 años, además de una sexagenaria que vivía en el Estado de Sinaloa.

Ambas familias vivían en Chandler, Arizona. El accidente ocurre como a las 13:45 horas de ayer a la altura del kilómetro 171, poco antes de llegar al paraje Los Arrieros.

El pick up Chevrolet cabina y media con placas de Arizona circula de norte a sur, con destino a Sinaloa de Leyva, Sinaloa, cuando se sale del camino, recorre unos 60 metros en descontrol y se impacta contra el muro de un puente entre los dos carriles de la carretera Internacional número 15, tramo Hermosillo-Guaymas.

Campos Uriarte explica que al parecer la unidad explota en llamas al momento de impactarse, lo que provoca la muerte instantánea de sus pasajeros.

Durante una hora los bomberos destrozan la cabina instrumentos neumáticos, para extraer los restos.

Cuando el personal de Medicina Legal comienza a recoger los cuerpos, los bomberos siguen presentes.

Están de pie en el bordo del muro. Ven con los brazos cruzados y los rostros compungidos el desenlace y dos carrozas esperan el traslado a Guaymas. (Por Antonio R. Alcántar, para expreso.com.mx)

Una generación perdida. La mayor parte de los reclusos del país son menores de 30 años, jóvenes encerrados en cárceles o consejos tutelares en donde se ‘gradúan’ en criminalidad en vez de readaptarse a la sociedad.

La mayoría -70% de adolescentes y muchachos mayores de edad- están en prisión por robo; la mitad de ellos hurtó objetos con un valor menor a los 6 mil pesos y una cuarta parte arrebató cosas que no valían ni mil.

De los menores consignados a consejos tutelares, 57% tiene entre 14 y 17 años, y casi la mitad de los que están en penales tiene entre 18 y 23 años. De ellos, 70% son ‘novatos’ en las cárceles y son los más maltratados por los reos reincidentes.

Su readaptación es impensable en prisiones saturadas hasta en 300%, de acuerdo con la Open Society Institute. Son simples “cajas de humanos”, quienes en 70% de los casos son sentenciados a menos de tres años de prisión.

Además, resultan ‘contaminados’ por 5% de los delincuentes considerados peligrosos, pues no hay separación entre quien roba una gallina y quien asesina a toda una familia, señala el investigador y maestro en Políticas Públicas, Guillermo Zepeda Lecuona.

Los muchachos admiran a los internos más peligrosos, los que robaron nóminas, asaltaron bancos; sobre todo a los que mataron policías. Incluso les mandan obsequios.

Esclavo de criminales A sus 21 años Edwin tiene tres ingresos al tutelar de menores y uno a la cárcel. En su escuálido cuerpo se cuenta una docena de cicatrices; la mayor parte se las hizo otro reo con un pedazo de lata de atún.

Cuando ingresó a la cárcel, el 9 de octubre del 2006, padeció el mayor sometimiento de su vida a manos de sus compañeros de celda y custodios que le pegaban constantemente porque no tenía ni un peso para pagar por su estadía en prisión, para no ser golpeado, ni utilizado como servidumbre, como “mostruo”, les llaman entre reos.

En el Reclusorio Norte hay casi 11 mil presos, aunque dicho centro carcelario fue construido para 2 mil 940, situación que llevó a Edwin a tener que sentarse en la taza de baño, para dormir porque cada espacio de suelo ya estaba ocupado.

Se alimentó de “huevos radioactivos”, nombrados así porque estaban verdes o grises por estar podridos; a la carne, cuando le tocaba, le quitaba las partes echadas a perder y lo demás lo tragaba poniendo la mente en blanco.

En la celda que le tocó a “Wallace”, apellido ficticio que utiliza cada vez que lo agarra la policía, estaban 15 hombres más, a veces 20, en un espacio de casi cuatro metros cuadrados y con sólo cuatro camastros.

Un ratero violento de 23 años, era el líder de ese aposento del dormitorio seis, así lo marca la ley “canera”: que el de más dinero o sentencia más larga sea “la mamá” de los demás. (El Universal)

Efrén Mayorga

Eventualidades de una ciudad sonorense Con mucho gusto y no menos preocupación acepte integrarme a la blogmanía del periodista digital en su sección del periodista latino, a cuya dirección agradezco la oportunidad brindada; gusto por el placer de escribir sobre el quehacer cotidiano de una comunidad y preocupación por tratar de ser lo más responsable […]

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