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Un reposo, unas vacaciones

Efrén Mayorga 10 Ago 2007 - 09:34 CET
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El séptimo día, el hacedor del universo descanso, Dios también tomo sus vacaciones; igualmente tuvo reposo, que quiere decir posar, hizo una pausa. Para con ello ver con mayor claridad la labor realizada.

La palabra “reposo” quiere decir posar, hacer una pausa, y también depositar, dejar que se deposite todo aquello que en nuestra actividad, en nuestra vida;No seremos Dios pero todos bien que nos merecemos un reposo, hacer una pausa en nuestro diario trajinar.

Del latín vacare viene vacaciones, que bien podría decirse que significa abstenerse de las actividades normales para concentrarse en algo diferente. Y no hay nada más extraordinario para romper con la cotidianidad que hacer algo diferente, y en eso se la pasa pensando, planeando, imaginando soñando, todo aquel que quiere hacer algo diferente.

Salir de vacaciones es un evento anhelado durante todo el año. Genera una gran ansiedad a medida que se acerca la fecha de salir. La planificación es uno de los eventos relevantes para un buen resultado de este “esperado evento.

Ello vale también para aquellos casos en los que explícitamente se decida improvisar como para aquellos en que se cuide hasta el más mínimo detalle. Detrás de la planificación existen ciertas necesidades a cubrir y en caso de estar hablando de una familia existen factores de tipo individual y grupal a considerar.

Pero vamos por parte. Lo principal para hacer una buena elección respecto a dónde y cómo salir de vacaciones, es considerar para quién o quienes son las vacaciones ¿Para la pareja, para la familia, para los hijos, para un integrante en particular de la familia? Y a continuación una vez definido esto es necesario definir las necesidades de los destinatarios de las merecidas vacaciones.

Entonces podemos preguntarnos cuál es el objetivo de viajar o salir: ¿Descanso, entretención, pasarla bien, experiencia de encuentro, espacio de contacto social, aventura, exploración o conocer lugares? Entendemos que estas preguntas se aplican a quienes serán los destinatarios de la actividad.

Aunque parezca un tanto burocrático estos pasos constituyen una increíble posibilidad de aprender a coordinarse y a construir maneras de relacionarse a nivel interpersonal, cuando se vive en pareja o familia. Cuando se vive solo nos permiten identificar las necesidades y definir los núcleos de elección.

El resolver estos aspectos antes de irnos a disfrutar del “merecido descanso” –entendiendo que a veces implica solo descansar de una actividad laboral y cansarse con otro tipo de actividad- evita una serie de conflictos que podrían hacer fracasar cualquier intento de “pasarlo bien” o recuperar la energía perdida. Con información de la revista ecovisiones, www.ecovisiones.cl

Alguna historia vacacional: “…Para variar nos tocó que de los escasos 10 días de descanso ya iban más de 5 días sin una pizca de sol. Estaba dispuesto a esperar lo necesario para que la familia por fin aprovechara el único día soleado, pero la cola asomaba más allá de la segunda curva.

El sol no dejaba de arreciar y pese a la brisa marina, el calor de los motores se hacía cada vez peor. Apagaba y prendía el motor, y solo 5 metros de avance. La pista caletera,…¡Ni pensarlo! la quebrada se había comido un metro hacia adentro, y corríamos riesgo de caer directo al estero.

Creo que pasaron más de 50 minutos de cola, hasta que por fin llegamos a la bendita playa. ¡25 minutos para encontrar un estacionamiento! La gracia costó $1.000 pesos y además quedaba a tres cuadras laaaargas de la bajada de la playa. Al fin llegamos como a las 5 de la tarde y no había ni medio centímetro de arena para poner la toalla. Tuvimos suerte y una familia numerosa, todos rojitos de sol abandonó un espacio justo en el borde casi al lado de los jugadores de paleta.

Al menos veíamos las olas y la música del kiosco, a todo volumen casi ni se oía. Mis hijos se abalanzaron sobre las toallas y raudos se sacaron las poleras. Sin saber cómo ya estaban extraviándose entre los niños que se revolcaban con el reviente de la ola y se me perdían de vista a cada rato. Más de diez pelotazos nos llegaron antes de poder movernos unos dos metros hacia el mar de gente dentro de la playa.

Corrimos todos los bolsos, el quitasol que daba ya una sombra más larga y nos quedamos al lado de una viejas que pelaban a toda la parentela a grito pelao. Que agotador entre paseos para no perder de vista a los niños y las quejas pelambreras de las vecinas, se me olvidaba que estaba de vacaciones y me venía el dolor de cabeza tensional otra vez. Ni hablar de cómo tenía la toalla, a cada rato pasaban niñitos de todas las edades chorreando agua salada sobre la toalla y salpicando mientras corrían para no quemarse los pies. Mi señora se encremaba y yo aburrido de tanta batahola, a cada rato miraba el reloj y ni se pasaba la hora. Con información de www.ecovisiones.cl

Efrén Mayorga

Eventualidades de una ciudad sonorense Con mucho gusto y no menos preocupación acepte integrarme a la blogmanía del periodista digital en su sección del periodista latino, a cuya dirección agradezco la oportunidad brindada; gusto por el placer de escribir sobre el quehacer cotidiano de una comunidad y preocupación por tratar de ser lo más responsable […]

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