En la frontera norte de nuestro país existe una comprometida situación por la presión sobre los recursos naturales de la región, crecimiento que no ha tomado en cuenta las diferencias regionales y ambientales y las limitaciones naturales de una región semiárida.
La frontera México-Estados Unidos no sólo está unida por medio de lazos económicos, industriales y comerciales, sino que para fortuna o desgracia de los habitantes de la región, estos dos países quedan entrelazados en el ámbito ambiental pues los recursos naturales y, fundamentalmente, el agua los liga de manera determinante.
Durante los últimos 20 años, la población fronteriza ha crecido rápidamente hasta alcanzar más de 11.8 millones de habitantes. Se estima que esta cifra se incrementará a 19.4 millones para el año 2020.
El noventa por ciento de la población fronteriza reside en catorce pares de ciudades hermanas interdependientes, incluidos los 23 accesos oficialmente reconocidos.
Estas son las puertas fronterizas entre ambos países: de norte a sur y de oeste a este:
• San Diego, California – Tijuana, Baja California
• Otay Mesa, California-Tijuana, Baja California
• Tecate, Baja California
• Calexico, California – Mexicali, Baja California
• Andrade, California – Los Algodones, Baja California
• San Luis, Arizona – San Luis Río Colorado, Sonora
• Lukeville, Arizona – Sonoita, Sonora
• Sasabe, Arizona – Altar, Sonora
• Nogales, Arizona – Nogales, Sonora
• Naco, Arizona – Naco, Sonora
• Douglas, Arizona – Agua Prieta, Sonora
• Antelope Wells, Nuevo México – El Berrendo, Chihuahua
• Columbus, Nuevo México – Palomas, Chihuahua
• Santa Teresa, Nuevo México – San Gerónimo, Chihuahua
• El Paso, Texas – Ciudad Juárez, Chihuahua
• Presidio, Texas – Ojinaga, Chihuahua
• Del Río, Texas – Ciudad Acuña, Coahuila
• Eagle Pass, Texas – Piedras Negras, Coahuila
• Condado de Webb Texas-Puente Colombia, Nuevo León (sólo vehículo y tren)
• Laredo, Texas – Nuevo Laredo, Tamaulipas
• McAllen, Texas – Reynosa, Tamaulipas
• Progreso Lakes, Texas – Nuevo Progreso, Tamaulipas
• Brownsville, Texas – Heroica Matamoros, Tamaulipas.
Las siguientes líneas son extractos de un artículo, elaborado por la investigadora Miriam Alfie Cohen de la Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco, México. En el que se analiza cómo en los últimos veinte años, las economías de ambos lados de la frontera han crecido aceleradamente a partir del fomento a un patrón industrial, lo que ha dado pie a infinidad de olas migratorias, sobre todo del centro de México, provocando una alta tasa de población.
El agua es el recurso más escaso, frágil y apreciado en la frontera compartida con los vecinos del norte.
La cantidad de agua en la región es precaria, no sólo por las condiciones naturales de la zona oeste (el clima de la región es propenso a graves sequías, particularmente en la región del Río Grande), sino por la forma en cómo ha impactado la evolución desenfrenada de las ciudades fronterizas:
La falta de planeación urbana, los caros y pésimos servicios públicos, así como el crecimiento económico (una industrialización extensiva basada en la industria maquiladora) y de la población (11.8 millones de personas viven en la región fronteriza y se calcula que para el año 2020 será de 19.4 millones) dan pie tanto a la escasez del recurso como a su mala calidad y contaminación (Border 2012: U.S.-Mexico Environmental Program, 2000).
En los últimos veinte años, las economías de ambos lados de la frontera han crecido aceleradamente a partir del fomento a un patrón industrial, lo que ha dado pie a infinidad de olas migratorias, sobre todo del centro de México, provocando una alta tasa de población.
Ambos factores ejercen grave presión sobre los recursos naturales de la región.
Situación que no ha tomado en cuenta las diferencias regionales y ambientales y las limitaciones naturales de una región semiárida.
El agua constituye uno de los puntos neurálgicos del crecimiento y desarrollo de cualquier sociedad. No hay sustituto para el vital líquido y el equilibrio entre las demandas de la humanidad y la cantidad disponible, a nivel global, muestra signos alarmantes.
La escasez de agua se ha ido incrementando alrededor del mundo, y hoy este fenómeno presenta situaciones de crisis en diversas regiones. Lo cierto es que el acervo de agua define la posibilidad de llevar a buen término proyectos de desarrollo sustentable.
Según datos más de mil millones de personas no tienen acceso a agua potable, y casi tres mil millones carecen de servicios sanitarios. Se estima que hoy 166 millones de personas de 18 países sufren de escasez de agua, mientras otros 270 millones de otros 11 países viven en condiciones de “agua limitada”.
Para el año 2025, la población mundial aumentará en más de 2.6 mil millones de personas, de ellos más de dos tercios vivirán en condiciones de restricción de agua y un tercio carecerá del abastecimiento de este vital líquido.
Se calcula que en ese mismo año la población afectada se incrementará en tres mil millones, el 40% de la población mundial, la mayoría concentrada en los países más pobres (U.S-Mexico Binational Council, 2003).
Varios son los asuntos que ponen en riesgo a los recursos hídricos, entre ellos cabe destacar en primer término, la distancia, cada vez más amplia, entre la captación del líquido y los espacios donde es consumido, con lo cual se incrementa el desperdicio del vital líquido.
Con Información y texto de: El agua en la Frontera México-Estados Unidos: Reto político-ambiental. ea, jun. 2005, vol.14, no.2, p.215-238. ISSN 1315-0006.
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