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La Prevaricación

Efrén Mayorga 04 Ene 2008 - 05:59 CET
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La proliferación de los semáforos fue el tema que más se destaco entre los parientes, amigos y conocidos que estuvieron de visita por esta ciudad capital sonorense con motivo de las fiestas de fin de año.

Algunos de ellos por razones laborales viajan constantemente por diversas ciudades del noroeste del país; y de entre los temas más comentados era ese, el brote mágico e imprevisto de semáforos por todos los rumbos de la ciudad.

Se platico del enorme crecimiento pavimentado, del bello aeropuerto y modernos centros comerciales de la ciudad de Culiacán; de la limpieza urbana, los puentes de tres pisos y la destacada educación vial de la gente de Mexicali, del cumplimiento de brindar agua las 24 horas a la ciudadanía y de los grandes proyectos propuesto para la actualización de Hermosillo.

Sin duda la ciudad que se llevó los aplausos es la de Chihuahua: vialidades modernas pavimentadas con concreto, limpias, grandes plazas para el esparcimiento, educación vial entre la población y sus nuevos árboles, miles de ellos plantados por todos los rincones de la ciudad capital.

De pronto alguien hizo notar: oigan y los semáforos qué les parece….ah caramba no hubiera mencionada tal instrumento de la vialidad:

Que barbaros, que tontería, que falta de visión, que ambición, ¿ de quién será el negocio?, cuanta ignorancia, que manera de despreciar al peatón y al automovilistas, que prevaricación..¡Qué! ¡Qué! preguntaron con asombro algunos., qué es eso. Que…que cosas tan raras hacen en ocasiones nuestras autoridades….fue lo más describible que se pueda recordar de todo aquello que se dijo.

Son semáforos, aparatos con tres, cuatro o hasta cinco luces para “controlar” el tráfico; no mujer eso que mencionaste precaficación…¡ah! eso, dije PREVARICACIÓN.

Así se le llama a un delito que comete una autoridad, juez u otro funcionario público imponga una resolución arbitraria en un asunto administrativo o judicial, a sabiendas que dicha resolución es injusta, o sea es un abuso de poder; como el poner un semáforo en donde no se requiera.

Es una expresión de abuso de autoridad; la prevaricación tiene los siguientes requisitos: La persona que realiza la prevaricación debe ser una autoridad o funcionario. En el ejercicio de su cargo. Que la resolución injusta se dicte sabiendo que lo es. Debe existir dolo

RETÓRICA DE LA PREVARICACIÓN

Hemos encontrado un texto valioso en http://www.scriptor.org/ y hemos obtenido el permiso para reproducirlo en Voto en Blanco. Merece la pena leerlo en este espacio:

La tiranía es una forma de gobierno, que hoy adopta de ordinario formas de comunicación más sibilinas que brutales, sea o no aceptada por quienes la padecen. La prevaricación es un abuso de poder y un abuso del lenguaje que acompaña a las tiranías, sean –digámoslo así por simplificar- fuertes y claras como las antiguas o débiles y borrosas como las contemporáneas. Y sucede que por contigüidad y en algunos casos por pura continuidad con la política, los medios de comunicación asumen formas más o menos tiránicas y prevaricadoras respecto de sus lectores, oyentes y espectadores.

No es momento de considerar el papel de los medios en la prevaricación política, ni el contagio que los medios pueden padecer a la hora de relacionarse con sus lectores, oyentes o espectadores en su modo de tomarlos en consideración. Pero no está de más, en este momento, pensar un poco en la variedad de formas de prevaricación que ofrece nuestro horizonte político global, europeo o nacional.

Es relativamente fácil observar hoy variados efectos –precisamente en nombre de la democracia- causados por actitudes y acciones políticas prevaricadoras: guerras o invasiones de países, formulación de independencias regionales, imposición a toda una sociedad de leyes que responden a ideologías muy minoritarias, acoso a medios de comunicación no controlados, etc. Son otras tantas formas de prevaricación política, a las que –sin quererlo- puede que nos estemos acostumbrando.

Quizá por eso puede venir bien recordar el funcionamiento retórico de la prevaricación, a propósito de un reciente y breve estudio publicado por Umberto Eco (“Superior stabat. Retórica del Lupo e dell’agnello”, en Ivano Dionigi (ed.) Nel segno della parola, Ed. Bur Saggi, Milán 2005, pp. 35-54.)

“Captatio malevolentiae”. Eco considera tres formas principales de “retórica de la prevaricación”, es decir, de retórica del abuso de poder y de abuso del lenguaje. Una operación que comienza con lo que Eco califica como “captatio malevolentiae”, corrupción de la tradicional “captatio benevolentiae” retórica del auditorio. Eco hace ver que el prevaricador busca de entrada provocar la malevolencia por parte de su víctima, aunque luego busque la misma aquiescencia de la víctima, ya que ésta, además de padecer el abuso, ha de aceptar la lógica necesidad de padecerlo.

La “retórica de la prevaricación” de ordinario presenta tres rasgos que ponen de manifiesto esta pretensión del prevaricador por justificar su abuso: 1) la prevaricación sucede en la medida en que se abusa en contra el interés de una víctima; 2) el prevaricador pretende legitimar el propio abuso ante el público, si lo hay, o ante su propia conciencia; y 3) incluso –como sucede en los regímenes dictatoriales- quiere conseguir el mismo consenso de la víctima de la prevaricación.

Fábula del lobo y el cordero.
Cualquiera puede hacer –en este sentido- un análisis de la fábula de Fedro, la que nos presenta el lobo y el cordero en el arroyo, en una traducción simple:

Superior stabat Fedro, Fábulas 1, 1 (20 aC – 50dC)

El lobo y el cordero, sedientos, Llegaron al mismo arroyo. El lobo estaba aguas arriba
Más abajo el cordero.

El lobo, movido por su voracidad desenfrenada, Buscó un pretexto para discutir.

“¿Por qué enturbias el agua que bebo?”
El cordero, atemorizado, dijo: “Perdona, lobo, pero ¿cómo puedo hacerte eso,
si el agua que yo bebo me llega desde tu sitio?

Entonces, desmentido por la evidencia, atacó:

“Hace seis meses hablaste mal de mí” Y el cordero contestó: “pero si entonces aún no había nacido”

Además, “Tu padre, por Hércules, habló mal de mí”. Y diciendo esto lo agarró y, contra todo derecho, lo descuartizó.

Esta fábula está dedicada a quienes inventan pretextos para oprimir a los inocentes.

El lobo, para devorar al cordero, busca un casus belli, busca convencer al cordero, a los que están alrededor, e incluso a sí mismo, de que se come al cordero porque éste ha cometido un agravio.

Los tres argumentos que plantea la retórica de la prevaricación son recogidos por Umberto Eco, e ilustrados con ejemplos históricos, clásicos y recientes. Aquí basta enumerar estos tres argumentos, suponiendo que algún ejemplo más o menos reciente pueda encontrar el lector en el panorama en que vive o en el que le ofrecen los medios de comunicación de nuestros días.

Tres tipos de argumentos legitimadores. El prevaricador dice de ordinario, en primer lugar y al modo populista de Mussolini o Hitler, que 1) “debemos reaccionar” ante un complot organizado contra “nosotros” (el pueblo, la cultura, la democracia).

Si las cosas se complican, dice, al modo de Pericles (según nos cuenta Tucídides en La guerra del Peloponeso), que 2) «tenemos derecho» a prevaricar porque “somos los mejores”, tenemos la mejor forma de gobierno que existe. (El discurso de Pericles ha sido considerado a lo largo de los siglos como «el elogio de la democracia»).

Cuando no bastan las palabras, el argumento de fuerza es que 3) la prevaricación es necesaria e inevitable: “me conviene más someteros que dejaros vivos” (dijeron los atenienses a los isleños de Melo, en su guerra contra los espartanos) porque «así seremos temidos de todos».

El prevaricador busca legitimar su acción, ante los demás, ante sí mismo e incluso ante la víctima. Como de ordinario no lo logra, contrapone a la fuerza de la argumentación retórica, lo único que le queda: el no-argumento de la fuerza. Y con ella se acaba la retórica de la prevaricación. Queda la tiranía desnuda. Con información y texto de scriptor.org/ . http://www.votoenblanco.com/

Efrén Mayorga

Eventualidades de una ciudad sonorense Con mucho gusto y no menos preocupación acepte integrarme a la blogmanía del periodista digital en su sección del periodista latino, a cuya dirección agradezco la oportunidad brindada; gusto por el placer de escribir sobre el quehacer cotidiano de una comunidad y preocupación por tratar de ser lo más responsable […]

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