Osito, Barbie, Mono, Ostión, Greñas… los alias de asesinos
Ejecutan a 6 en Tequila, testigos describieron que los atacantes se acomodaron discretamente y, tras estudiar la situación, abrieron fuego y huyeron.
Interesante nota que difunde hoya a nivel mundial la agencia norteamericana de noticias AP sobre los motes, alias o apodos de algunos integrantes del narco en México; el texto en custión es ampliamente reproducido por muchos sitios onliena de diarios de circulación nacional y regional del país, a saber:
Edgar Valdez Villarreal es probablemente el principal sicario de uno de los cárteles de la droga más sanguinarios de México; ¿su apodo? La Barbie.
Sí, como la muñequita de Mattel. Sucede que Valdez nació en Estados Unidos y es rubio, con ojos azules.
En el sanguinario bajo mundo del crimen organizado La Barbie es uno de tantos personajes tenebrosos, con apodos tan singulares como Mando Conejo, Talibán o Mono.
Un caso que estremeció a México fue el del Pozolero del Teo, un sujeto que disolvió, según su confesión, 300 cadáveres en sosa: los hacía pozole en argot narco.
Los apodos de los narcotraficantes pueden ser llamativos y amenazantes o surreales e inocentes. Algunos reflejan el rango de un matón, mientras que otros vienen de sus épocas de escolares. También pueden aludir a la reputación del individuo, como en el caso de un mafioso conocido como El más loco.
Los sobrenombres, como en el caso de La Barbie, con frecuencia no tienen nada que ver con la persona que lo porta. Y a menudo una misma persona usa varios apodos, lo que dificulta la tarea de las autoridades. No solo es difícil averiguar la identidad real del delincuente, sino que a veces los delatores conocen a un mafioso únicamenten por su apodo.
La policía dice que incluye todos los alias posibles de cada sospechoso y hace notar que hay ciertos apodos muy comunes, usados por mucha gente, como El Gordo.
No es raro el uso de apodos femeninos, como La Barbie, que generalmente son adosados antes de que una persona demuestre lo que vale, según Homero Aridjis, autor de la novela »Sicarios».
»Los apodos son como un segundo bautismo, una incorporación al mundo delictivo», manifestó.
También pueden ser inocentes en una cultura habituada a dar sobrenombres a la gente, incluso desde la infancia, como ocurrió con el asesino a sueldo Israel Nava, conocido toda su vida como Ostión, hasta que fue asesinado en abril en el norte del país.
»En teoría, ese debería ser el apodo de alguien que no habla mucho», comentó Paco Ignacio Taibo II, quien escribe novelas policiales. »Pero no era así. Lo llamaban Ostión desde la escuela primaria porque su padre tenía un puesto en el que vendía pescados».
Colombia, que produce la mayor parte de la cocaína que pasa por México, también tiene una larga tradición de apodos coloridos. El matón Marco Tulio Moya, muerto en 1999, era tan eficiente en su trabajo que lo llamaban Baygón, por el insecticida del mismo nombre.
»Si tú vas a un barrio pobre y preguntas por alguien usando su nombre verdadero, nadie sabrá quién es», manifestó el novelista colombiano Juan José Hoyos.
Muchos de los apodos usados por los colombianos son tan ingenuos como los de los mexicanos. Un hermano del capo Pablo Escobar, Roberto, era llamado Osito porque ese era el nombre de un negocio de bicicletas que tuvo.
En el caso de Los Zetas, brazo armado del cártel del Golfo, se emplea un estilo militar y asigna a su gente apodos que empiezan con la letra Z, seguida por un número. Z1 al Z10 son miembros fundadores.
La letra »L», seguida de un número, está reservada para guardaespaldas y ayudantes. Cuanto más alta la cifra, más bajo el rango.
Algunos conservan su número alto a medida que van escalando posiciones. Otros cambian de apodo, como hizo Iván Velázquez Caballero, que dejó de lado el de L50 y pasó a ser conocido como Talibán.
Las autoridades no saben por qué Armando Santiago Orozco, capturado en enero en el estado de Oaxaca, es conocido como Mando Conejo.
El capo Alfredo Beltrán Leyva, arrestado el año pasado, es El Mochomo, nombre de una dañina hormiga del noroeste de México.
A menudo los narcotraficantes están encantados con sus apodos.
Steve Robertson, veterano agente de la Administración de Lucha contra las Drogas de Estados Unidos (DEA) , dijo que el traficante Gilberto Ontiveros, alias El Greñas, cuando cayó preso en 1989 hizo que otros reclusos confeccionasen pins con cabello artificial parecido al suyo para venderle a los visitantes. Informaciòn y texto de la agencia AP y http://www.eluniversal.com.mx/notas/614391.html
Ejecutan a seis personas en Tequila. Un comando fuertemente armado atacó a cuatro policías investigadores de la Procuraduría General de Justicia del Estado de Jalisco (PGJEJ) que comían en una fonda ubicada en la entrada del municipio de Tequila. En el lugar también fueron heridos de muerte un comandante de la Secretaría de Vialidad del municipio y su papá.
El ataque ocurrió menos de dos horas después de que el secretario de Seguridad de Jalisco, Luis Carlos Nájera, ayer mismo, minimizó el llamado del secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, para que la delincuencia organizada deje de atentar contra la población y se enfrente a las autoridades: “Esperamos que no se refiriera a Jalisco”, dijo, porque en el estado no se han presentado hechos tan graves como los de otras entidades.
El atentado ocurrió al filo de las 14:30 horas, cuando, de acuerdo con testigos, varios sujetos descendieron de dos camionetas; de manera discreta, dos se colocaron en las esquinas del lugar donde vendían tortas ahogadas y micheladas y accionaron sus armas, sin dar tiempo a los elementos ni de sacar sus pistolas. Los que iniciaron el ataque, según testigos, fueron tres individuos que se posicionaron en tres puntos.
“Uno los aseguró, se dio cuenta de cómo estaban comiendo, y de repente comenzó todo y ya no vimos nada”, dijo otra persona, quien refirió que los sicarios provenían de Tequila e iban rumbo a la carretera a Guadalajara, por donde huyeron.
Las primeras versiones relacionan la masacre con el brazo armado del cártel del Golfo, los Zetas, que según fuentes oficiales, opera en la zona. No se ha aclarado qué investigaban en la zona los hoy occisos, pero, en los últimos días, la Secretaría de Seguridad de Jalisco y de la Procuraduría de Justicia han hecho operativos en el lugar contra el narcotráfico.
En el pequeño restaurante comían Carlos Alberto Martínez Cuevas, Octavio Martínez Torres y Francisco Javier Camacho Rodríguez, de la Policía Investigadora. Las otras dos víctimas son: el jefe del grupo de la fiscalía estatal en Tequila, identificado como Arnoldo, y el comandante de Vialidad Omar Rivera García; además, el padre de este último, Ignacio Rivera.
Dos civiles, Carlos Suárez Cuevas y Ofelia García Rivera —esta última, al parecer emparentada con el vial—, están hospitalizados, en estado grave. En el lugar permanecía otro sujeto, el cual era, según periodistas de Tequila, hijo del elemento de Vialidad fallecido; sobrevivió porque, al parecer, logró refugiarse.
Sobre el suelo quedaron más de cien cartuchos percutidos de AK-47 o cuerno de chivo, además de casquillos de pistola calibre 2.22. El tiroteo duró cerca de cinco minutos, de acuerdo con testigos.
Al lugar acudieron elementos de la Policía del Estado, la PGJEJ, el Ejército, la Policía Federal y las policías de Tonalá, Zapopan, Tequila y Amatitán, además de dos helicópteros del gobierno de Jalisco, que montaron un espectacular operativo en las cercanías, sin resultados. Con información de Rodolfo Madrigal Castro reportero del periódico Milenio. http://www.milenio.com/node/255369
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