Homicidio, narcomenudeo y secuestro “exprés” encabezan las listas de los delitos que agobian a las capitales de AL
Reportaje especial elaborado por EL UNIVERSAL de México, “La Nación” de Argentina, “O Globo” de Brasil, “El Mercurio” de Chile, “El Tiempo” de Colombia, “La Nación” de Costa Rica, “El Comercio” de Ecuador, “El Comercio” de Perú, “El Nuevo Día” de Puerto Rico, “El País” de Uruguay y “El Nacional” de Venezuela
Jóvenes… y sus modos violentos, En los hechos violentos que hoy sacuden a las capitales latinoamericanas, cada vez están más involucrados jóvenes que no superan los 20 años. En Buenos Aires, Argentina, casos como el Daniel Capristo, un camionero de 44 años, padre de cuatro hijos, que fue asesinado de nueve balazos cuando intentó impedir que un ladrón de 14 años le robara el auto, reavivó el debate en el Congreso sobre una nueva ley penal juvenil, que ya cuenta con media sanción. Facundo, hijo de la víctima sentenció:
“El Estado está ausente. Las leyes parecen estar hechas para los ladrones. Debemos ser más severos”.
El 1 de enero de 2009, Juan Pablo Arenas, un estudiante de comunicación social de una universidad de Bogotá, recibió varias puñaladas que le quitaron la vida luego de que intentaron robarlo. El hecho ocurrió en el norte de la urbe, en una zona frecuentada por menores que buscan drogas y alcohol. Sin embargo, hace dos semanas, Juan Carlos Arenas, el padre del joven asesinado, recibió con tristeza el reversazo de la medida.
“No entiendo por qué si estaba funcionando quitan la norma; debemos hacer algo para proteger a los muchachos”.
En Montevideo, Terrey Seog Huang, de 17 años, murió acuchillado al intentar recuperar unos libros de en la mochila que otros tres jóvenes le acababan de robar. Horas después, familiares, vecinos y amigos del joven marchaban hacia el Parlamento pidiendo “paz, no violencia y respeto a los derechos humanos”.
En Lima, Perú, los reportes de las comisarías de la ciudad revelan que hay 12 mil 128 personas que integran 483 agrupaciones juveniles violentas, entre pandillas de barrio, escolares y deportivas. De ellos, las barras bravas representan 45% del total de pandillas.
VER GRÁFICO.- PROBLEMA COMÚN:
http://www.eluniversal.com.mx/graficos/pdf09/seguridad.pdf
En Puerto Rico, “todos los estudios sobre delincuencia de menores y criminalidad revelan una estrecha relación con el uso y el tráfico de drogas”, dice Dora Nevares, una de las más destacadas criminólogas del país en su libro El Crimen en Puerto Rico.
Protagonistas de la violencia. Aunque los menores, víctimas o victimarios, son protagonistas de la oleada de inseguridad de las ciudades, difícilmente autoridades efectúan planes de choque para mitigar el problema.
Los jóvenes que mueren por muerte homicida son algunos más de los que ocurrían”, señala Rafael Paternain, director del Observatorio de Violencia y Criminalidad en Montevideo, Uruguay. http://www.eluniversal.com.mx/nacion/170830.html
Delincuencia flagela urbes de América Latina. En el último siglo, con el mismo vértigo con el que ciudades de México, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Puerto Rico, Uruguay, Perú y Venezuela han crecido, el crimen y la violencia se han incrementado en ellas. La delincuencia organizada ha convertido las calles en espacios donde ronda el miedo. http://www.eluniversal.com.mx/primera/33506.html
Inseguridad golpea Latinoamérica. Las principales capitales de América Latina son lugares donde actualmente ronda el miedo, espacios donde la percepción de inseguridad agobia a sus habitantes, quienes a diario tienen que lidiar con el azote de bandas criminales, el poderío de cárteles, el incremento de homicidios y robos en calles y transporte público, y los altos niveles de corrupción en las filas policíacas.
En capitales como la ciudad de México, las drogas invaden las calles junto con asesinatos selectivos; en Caracas, Venezuela, los pasajeros deben compartir sus viajes con personal militar para evitar el repentino ataque de delincuentes, pues tiene el más alto índice de homicidios.
Este fenómeno delincuencial se repite en mayor o menor medida en Río de Janeiro, Brasil, donde predominan el poderío de narcotraficantes en áreas pobres y una gran corrupción, o en Bogotá, Colombia, con el resurgimiento de sicarios; también está Quito, con el control de grupos vandálicos o Bueno Aires, Argentina, que debe lidiar con el robo a vehículos y los asaltos a transeúntes.
Los gobiernos parecieran no darse abasto para combatir las estructuras criminales que cada vez lucen más organizadas, mejor armadas y con un accionar más violento, fruto —en muchos casos— de su enorme poder corruptor y de las grietas que en el aparato judicial dejan la impunidad y la falta de justicia.
Un equipo de periodistas, integrado por reporteros de los 11 periódicos del Grupo de Diarios América (GDA) se dio a la tarea de investigar el crecimiento del crimen y la violencia en las capitales y revelan que el homicidio, el hurto de vehículos, el atraco a mano armada, la venta de droga o el “secuestro exprés”, encabezan las listas de los males.
Poderío de cárteles en México. En México, al igual que en Colombia, los grupos de narcotraficantes y organizaciones criminales al margen de la ley, se han apoderado de otros negocios legales e ilegales como la piratería, la extorsión, la prostitución, las apuestas, los juegos de azar, el tráfico de indocumentados y hasta la protección de barrios.
Este fenómeno parece haber encontrado terreno abonado y está dejando secuelas preocupantes. A los 547 delitos que en promedio se denuncian cada día, 30% de ellos clasificados de alto impacto, se suma el poder criminal de los grandes cárteles que han instalado en el DF su residencia, negocios y poder destructor.
Todos delitos difíciles de controlar cuando se cuenta, como en el caso del DF, con apenas 22 mil policías para una ciudad de 8 millones de habitantes, más los 4 millones de población flotante, según la Secretaría de Seguridad Pública.
Caracas, por el despeñadero. Caracas describe el grado de intensidad y crueldad al que está llegando el crimen urbano en América Latina: 130 homicidios por cada 100 mil habitantes; un incremento de 50% de los secuestros frente al primer semestre de 2008; 60 robos diarios en el transporte público y el asesinato de dos personas cada semana, convierten a la capital en una de las urbes más peligrosas del mundo.
Aunque las cifras no son avaladas por el gobierno nacional, datos extraoficiales indican que para el 6 de junio de 2009, 371 personas habían sido plagiadas.
En San Juan de Puerto Rico, el narco tiene en alza el número de homicidios: 20.4 por cada 100 mil habitantes.
Contrario a lo que pueden reclamar otras capitales del continente, en San Juan no es la falta de policías lo que justifica los crímenes. Allí existe un policía por cada 233 habitantes (Naciones Unidas recomienda uno por cada 250 personas), muy superior a lo que sucede en Bogotá, donde la media es de un agente por cada 470 personas.
Impunidad y corrupción. Pocas ciudades como Río de Janeiro, la segunda más importante de Brasil, han conseguido resumir en dos películas el drama de la delincuencia: milicias, corrupción oficial y crimen callejero.
Las milicias, integradas por narcos y policías corruptos, controlan extensas áreas pobres de la ciudad y se han apoderado de servicios públicos como el transporte y la televisión.
A los 6 millones de habitantes de Río de Janeiro, Brasil, los aterroriza el incremento de asesinatos en los últimos meses. Las muertes pasaron de 4 mil 81 en 1994 a 2 mil 69 el año pasado, el índice de homicidios (33.2 por 100 mil habitantes) puede no ser real si se tiene en cuenta que el accionar de las bandas de narcotráfico incluye las desapariciones, que pasaron de mil 235 en 1991 a 2 mil 50 en 2008.
Según la policía de esa ciudad, 70% de éstas fueron por homicidio. Lo anterior se suma a la corrupción policiaca.
Henry Silva, un joven de 16 años que en 2006 volvía de un partido de futbol hacia su casa, en Morro de Gamba, una favela de la ciudad, fue asesinado por la policía y luego llevado a un hospital. Allá dijeron que Silva era traficante de drogas y se había resistido a un arresto.
Por siete años la madre de Henry investigó el crimen para demostrar que su hijo jamás había traficado con drogas.
Así como Brasil padece con las milicias, Bogotá con el resurgir del sicarios, o Quito con bandas especializadas que planean durante meses sus acciones y no temen asesinar a sus víctimas, Buenos Aires tiene en el hurto de vehículos su principal dolor de cabeza.
Las causas. Analistas y expertos intentan hallar una explicación para el azote criminal en las ciudades y de la percepción de inseguridad que agobia a sus habitantes.
“En una sociedad que maltrata a jóvenes con procesos de segregación fuerte, no es casualidad que sean ellos quienes reproduzcan con fuerza ciertos fenómenos de la criminalidad”, dice Rafael Paternina, director del Observatorio de Violencia y Criminalidad del Ministerio del Interior de Uruguay.
La corrupción policial no sólo facilita la labor de los delincuentes, sino que llena de dudas y temor a la sociedad lastimando su confianza.
En Río de Janeiro, dos jefes de la policía civil fueron despedidos y responden a procesos por corrupción; en Caracas, el propio ministro del Interior y Justicia, Tareck El Aissami, admitió que funcionarios de la policía están involucrados en 20% de los delitos que se cometen; en Buenos Aires se denunció que en el pasado, para ser jefe de una comisaría de policía, se tenía que pagar y no perseguir a los “desarmaderos” de carros.
La falta de políticas públicas que combatan el crimen en las calles, ha llevado a que cada vez más ciudadanos estén ejerciendo justicia por mano propia.
(Especial elaborado por EL UNIVERSAL de México, “La Nación” de Argentina, “O Globo” de Brasil, “El Mercurio” de Chile, “El Tiempo” de Colombia, “La Nación” de Costa Rica, “El Comercio” de Ecuador, “El Comercio” de Perú, “El Nuevo Día” de Puerto Rico, “El País” de Uruguay y “El Nacional” de Venezuela) http://www.eluniversal.com.mx/nacion/170832.html
Home