A mi amigo Rene en su día..
En una sociedad afectada por las malas noticias, los desplantes de Juanito —desnudista, golpeador, actor de reparto— podrían ser divertidos…pero..
…fue una humillación a la que siguió el ninguneo tanto de Andrés Manuel como de Clara Brugada, y anda caliente
“Siempre me trataron como si fuese un títere, alguien que no valía. […] Rafael Acosta, “Juanito”
El Maestro Alfonso Zarate*, desde que asistía a sus charlas de análisis sociopolítico por allá entre los años 2000 y 2002 cerca del monumento a la revolución, los jueves a las 19:00 horas; siempre ha significado para mí una persona con una mente lúcida y con enorme capacidad de visión del ambiente sociopolítico del México moderno.
Hoy escribe una extraordinaria y descriptiva cotidianidad del fenómeno “Juanito” y hay que leerlo y examinarlo con mucho detenimiento.
He aquí su texto que se publica en la sección editorial del periódico El Universal:
¡“Juanito” para presidente! Dicen sus malquerientes que don Manuel Bernardo Aguirre tenía dos grandes aspiraciones en la vida: concluir su educación primaria y ser gobernador de su estado. Sólo pudo cumplir la segunda. Ahora Rafael Acosta, Juanito, dice que tiene dos anhelos: terminar su educación preparatoria y lanzarse para presidente de la República (después, claro, de ocupar la jefatura de Gobierno del DF).
En una sociedad afectada por las malas noticias, los desplantes de Juanito —desnudista, golpeador, actor de reparto— podrían ser divertidos, pero son patéticos. Cumplen, sin embargo, el papel de distractores políticos. El entretenimiento mediático es el moderno opio de los pueblos: el chupacabras, el astronauta mexicano, los avatares de la Selección de futbol, las especulaciones sobre la boda de Peña Nieto con
La Gaviota…
Por lo pronto, el tal Juanito ya es jefe delegacional electo, y está mostrándose como lo que es: un malandrín. Su precariedad cultural e intelectual (¡cree que Xochimilco es una entidad federativa!) lo lleva a creerse la historieta: que él —¿quién más?— ganó la elección;
busca ignorar su compromiso y quedarse a gobernar Iztapalapa, y después, ¿por qué no?, lanzarse para jefe de Gobierno del DF o para presidente de la República “no en 2012, pero sí dentro de nueve años” (sic).
VIDEO JUANITO RETA A LÓPEZ OBRADOR
http://videos.eluniversal.com.mx/n_videos/showVideo.php?id=14948
VIDEO “JUANITO”
http://impreso.milenio.com/node/8642402
Su partido, el PT —que no puede dar lecciones de ética a nadie—, le exige que cumpla “sin condiciones” sus compromisos con la gente (es decir, con López Obrador) y le entregue la jefatura delegacional a Clara Brugada. Pero en sus desvaríos, Juanito ya advirtió que si el PT no lo apoya, se irá por la libre.
En estos días anda repitiendo que lo que ocurrió aquel 16 de junio, cuando el presidente legítimo le dijo que no se la creyera, porque quien iba a llevarlo a la jefatura delegacional era “el movimiento”, fue una humillación a la que siguió el ninguneo tanto de Andrés Manuel como de Clara Brugada, y anda caliente.
“Tengo 33 años trabajando por Iztapalapa y estoy preparado para gobernar”.
“Siempre me trataron como si fuese un títere, alguien que no valía. […]
Me usaron como papel de baño”: Rafael Acosta, “Juanito”
Rafael Acosta no es un loco de pueblo, sino un pícaro que entiende bien la política a la mexicana (que “la amistad se demuestra en la nómina”; que “el que no transa no avanza”; que “no les pido que me den, nomás que me pongan donde hay”), por eso intenta vender lo más cara posible su renuncia: exige para “su gente” (entre ellos, faltaba más, su propio hijo) 50% de las coordinaciones territoriales y de las plazas laborales de la delegación.
Y no hay nada que lo obligue a cumplir “su compromiso”: si reniega de su palabra o no le dan lo que pide, puede quedarse a (des)gobernar la delegación más poblada de la capital del país, con casi 2 millones de habitantes y un presupuesto anual de 3 mil millones de pesos.
Los habitantes de esa infortunada delegación que por una u otra razón votaron por Juanito no están exentos de culpa: avalaron el enmarañado mecanismo propuesto por López Obrador y llevaron al petista de la insignificancia al estrellato.
Por entre el hueco que deja la apatía de unos y el cinismo de otros, suelen colarse personajes primitivos, cuestionables. Juanito no es un accidente político sino una criatura alimentada por lo más nocivo de nuestro sistema. Lo trágico es que en este bodrio lo que menos importa es el presente y el futuro de la delegación más pobre y compleja de la ciudad de México, mucho menos el duro momento que vive el país.
A López Obrador le salió la criada respondona y hoy está en riesgo la posibilidad de constituir la “comuna” de Iztapalapa: el asiento de los poderes de la República pejista. Pero nada está escrito; todavía es posible que al final, por las buenas o las malas, “disciplinen” a Juanito.
Podrían hacerle, como decía El Padrino, “una oferta que no pueda rechazar”: algún portafolios con o sin ligas o, en un extremo, alguna amenaza creíble que lo haga recapacitar, retomar el guión que delineó aquella tarde de junio Andrés Manuel y después perderse, como tantos gandallas, entre los desechos de la urbe:
terminar de teporocho dando lástima en las esquinas. Pero no le irá mejor si se amacha en quedarse a gobernar: se la cobrarían desde la ALDF, sufriría día con día la rijosidad de los más “duros” del movimiento pejista y terminaría inhabilitado y en la cárcel o, peor aún, muerto de fea manera, porque es un producto de utilería, desechable, y los intereses que están en juego son enormes.
En Iztapalapa hay una tradición que se repite cada año durante la Semana Santa: algunos pobladores representan La Pasión de Cristo. No sería difícil que la puesta en escena que está en curso, la de Juanito contra el presidente legítimo, termine también en su monte Calvario, con la crucifixión del redentor.
Autor del texto el maestro Alfonso Zarate; quien es Presidente de Grupo Consultor Interdisciplinario, SC. http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/45641.html
*Alfonso Zárate Flores, director general de Grupo Consultor Interdisciplinario, S.C. (GCI), es licenciado en derecho por la Facultad de Derecho de la UNAM y maestro en Sociología Política por The London School of Economics and Political Science.
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