Miss Narco: retratos de mujeres que gozan y sufren el poder
Dos curtidas sicarias colombianas
El 2 de septiembre de 2003, a las tres de la tarde, dos chicas jóvenes, atractivas, muy pintadas, vestidas de camiseta y pantalones vaqueros ajustados, entraron en la cafetería Marbella, frente a un hospital del sur de Bogotá. Pidieron un paquete de chicles y un yogur. Dos hombres sentados en una mesa, tomando café, levantaron la vista y después de mirarlas de arriba abajo, las ignoraron y volvieron a su conversación.
Yenith Liceth (izquierda) y Sandra Milena, en un montaje fotográfico elaborado con imágenes del juicio celebrado en Bogotá
Sandra Milena Santa sacó su Smith&Wesson calibre 38, apuntó a la cabeza de uno de los hombres y vació el cargador. Su compañera, Yenith Liceth Agudelo, la imitó muy serena y en un suspiro acribilló al otro.
Ambas salieron caminando tranquilas y cogieron un taxi. Pero minutos después las detenía la policía, tras una frenética persecución por varias calles. El pasado 11 de noviembre fueron condenadas a 51 años y 10 meses de cárcel por el doble crimen, un trabajo impecable dentro del mundo del hampa.
«Es usted un mentiroso», es la única frase dirigida al fiscal que pronunció Sandra Milena en todo el juicio cuando escuchó las acusaciones. Su amiga no abrió nunca la boca.
Quienes las contrataron sabían que sólo empleando mujeres de la destreza profesional de Yenith Liceth, de 20 años entonces, y Sandra Milena, que tenía 24, lograrían acabar con dos de los asesinos a sueldo más reputados en los bajos fondos bogotanos. Habían intentado sin éxito quitarlos de en medio varias veces por ajustes de cuentas y contrataron otros matones, todos varones.
También ellas eran pistoleras respetadas que comenzaron su carrera criminal en un sector marginal, atiborrado de casuchas, del barrio Cuba de Pereira, capital de Risaralda, a unos 400 kilómetros al oeste de Bogotá.
Pertenecieron a una banda de mujeres, dedicada a los asesinatos por encargo, que formó la hija de un narcotraficante, y luego trabajaron en Bogotá para los paramilitares.
Sandra Milena sabe lo que son las condenas y la cárcel. Cuando sólo tenía 19 años ya estaba sentenciada a 36 años por secuestro, atraco y tráfico de armas.
A ese prontuario le agregó intento de homicidio y fuga de presos.A los cinco años de encierro en la cárcel de mujeres El Buen Pastor de Bogotá, la trasladaron a un hospital para someterla a una operación de apendicitis.
Aprovechó la salida para huir. Tres cómplices irrumpieron en el centro médico, desarmaron a los guardianes, dispararon contra una mujer policía que les enfrentó, y huyeron con la paciente, de la que no se supo más hasta el crimen del Marbella.
Tampoco hasta ese día conoció la familia de Yenith Liceth la verdadera ocupación de la joven, que había dejado su casa cinco años atrás, siguiendo los pasos de un novio con quien tuvo una hija. Cuando rompieron, regresó a la casa materna, se inscribió en un curso de auxiliar de enfermería, asistió sólo dos semanas y luego desapareció.
De vez en cuando llamaba por teléfono, como hizo horas antes de cumplir su macabro encargo. «No habló mucho, ella siempre ha sido muy reservada para sus cosas y no es dada a dar explicaciones a sus actos. No estaba nerviosa ni nada», comentó la madre.
Al ingresar en prisión, las dos sicarias eran muy calladas. Negaron siempre los cargos asegurando que lo suyo era un crimen pasional, aunque nadie las creyera. Con el tiempo fueron abriéndose a sus compañeras, tanto que el año pasado, Sandra Milena, que se tatuó las cejas de color granate, a juego con el pelo, fue elegida como la reina de belleza dentro del concurso que organizan cada año entre las internas, con motivo de la festividad de la Virgen de las Mercedes, patrona de los presos. Semanas más tarde trasladaron a Yenith Lizeth a Bucaramanga, para estar más cerca de su familia.
Las autoridades están asombradas de la frialdad de la pareja y de sus silencios. En el voluminoso expediente judicial sólo constatan dos frases. Una es de Yenith Lizeth. Cuando el policía que la detuvo le dijo, para sonsacarle algo, que su víctima no había muerto. «Si quedó vivo», les espetó, «no demorará en morirse».
La otra es cuando le preguntaron a su compañera por la razón del crimen. «Es que los pillamos esquineando (buscando otras mujeres) y por eso los matamos».
LO DICHO Y HECHO. «Si quedó vivo, no demorará en morirse». (Yenith Lizeth, de una de sus víctimas) 1979: Nace Sandra Milena Santa en la localidad colombiana de Pereira, aunque se cría en Medellín. 1983: Nace Yenith Lizeth en Bucaramanga.2002: Sandra Milena se fuga del hospital al que había sido trasladada desde la cárcel de mujeres del Buen Pastor, en Bogotá. 2003:
Juntas, asesinan por encargo a dos sicarios, en pleno día, en una cafetería de Bogotá. 2005: Son condenadas a 51 años y diez meses de prisión. Fuente: El Mundo. 18.11.05
http://www.belt.es/noticias/2005/noviembre/23/sicarias.asp
Miss Narco: retratos de mujeres que gozan y sufren el poder
Javier Valdez rescata de entre las cifras de violencia 22 historias femeninas para narrarlas en libro.
Texto de Itsel Olivares Cruz, Publicado: 29/11/2009 13:17 en L a Jornada on line
México, DF. Las hay y no son pocas. Unas se sumergen con placer en los pantanos del poder y del dinero, otras empuñan armas y dirigen operaciones de lavado de dinero. También hay las que mueren por una bala pérdida o luchan contra la impunidad por la muerte de un hijo adolescente.
Son las mujeres del narcotráfico y sus historias de vida fueron rescatadas de entre las cifras diarias de ejecuciones y detenciones en el libro Miss Narco. Belleza, poder y violencia, del periodista Javier Valdez Cárdenas, corresponsal de La Jornada en Sinaloa.
Se trata de 22 historias de mujeres que viven la violencia lacerante y escandalosa generada de la venta de droga. Unas como protagonistas, otras como acompañantes de alguien que tenía cuentas pendientes con un capo y algunas más que, aun estando al margen del negocio, pagaron.
Como pagó Jesús Nancy Valenzuela, maestra de preescolar, a quien le bastó con estar en la puerta de su casa al momento que un grupo de sicarios acribillaba a Rigoberto Imperial para formar parte de las estadísticas de ejecuciones en el país.
Son relatos de vida aderezados con datos duros del fenómeno, que refieren que en Sinaloa, por ejemplo, fueron muertas alrededor de 55 personas que nada tenían que ver con el narcotráfico durante 2008, sobre todo en la segunda mitad del año.
Detrás del recuento de muertos, detenciones o decomisos, Javier Valdez se asoma a la cotidianeidad de esas mujeres; en sus torrentes sanguíneos, en sus latidos y poros de la piel, dice.
En su opinión, Miss Narco no es revelador en cuánto a información espectacular de tráfico de influencia o relación entre capos y gobernantes, pero sí en cuanto a la vida cotidiana de esas mujeres y la heroicidad de algunas de ellas.
Comenta el caso de Alma Trinidad, quien no creía en las manifestaciones ciudadanas contra la violencia, ni en plantones, pancartas o gritos de justicia. Hasta que le llegó. Un hijo suyo fue muerto en una balacera cuando se encontraba en un taller mecánico.
“Ella ahora encabeza manifestaciones y pide justicia, dándonos un ejemplo de ciudadanía, de valor civil. Esa otra belleza, no sólo la de las mujeres que se ofrecen al narco, también la retrato en mi libro”, dice el autor.
También están las historias de mujeres que gozan del ejercicio del poder, agrega. De las que ya no sólo venden o transportan droga. Ahora dirigen operaciones de tráfico de enervantes o armas y hasta lavado de dinero.
“Repiten la actitud del macho dentro de la estructura del narco: son mandonas, buscan que les tengan miedo, usan el poder para controlar y no dudan en ordenar un acto delictivo”, explica.
Sin embargo, considera que aún no han llegado a ser matonas. “Puede que saquen el arma en un conflicto vial para atemorizar, pero no para matar. No hay sicarias, pero sí dirigen células de cárteles”, señala.
Para el autor, Miss Narco “no es un trabajo para que sean juzgadas o sentenciadas, (o señalar si son) buenas o malas, sino que busca provocar una mirada diferente al fenómeno”. http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2009/11/29/miss-narco
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