Alarma impunidad en agresiones a periodistas
Roberto Rock, representante de la SIP y director de EL UNIVERSAL, advierte que la autocensura se vuelve preocupante y la comunidad pierde confianza en el periodista porque no informa
En el Senado, el foro «Impunidad como limitante a la libertad de prensa y gobernabilidad democrática en el Siglo XXI», organizado a propósito del Día Mundial de la Libertad de Prensa
Periodistas de diversos medios advirtieron del peligro que representa la impunidad en las agresiones a comunicadores que han aumentado por parte del crimen organizado en los últimos años.
En el Senado, el foro «Impunidad como limitante a la libertad de prensa y gobernabilidad democrática en el Siglo XXI», organizado a propósito del Día Mundial de la Libertad de Prensa, se convirtió, sin embargo, en un espacio para el reclamo, ya que ponentes como Teodoro Rentería y Aleida Calleja, echaron en cara la ausencia de senadores.
Aún sin legisladores, los ponentes pusieron sobre la mesa los peligros y riesgos de la profesión periodística, y sus repercusiones.
Aleida Calleja, representante de la Asociación Mundial de Radio Comunitarias (AMARC), coincidió en que lo más preocupante es la impunidad, pues si no se da con los responsables y se les castiga, «el mensaje claro es que pueden volver a hacerlo y no les va a pasar nada».
Asentó que la mayor parte de las agresiones vienen de los poderes locales, de aquellos que no quieren sentirse tocados «ni con el pétalo de una rosa».
Calleja lamentó que en México se mata a periodistas y no pasa nada. «¿Dónde están los legisladores?», criticó en el recinto del Senado que no tuvo presencia de senadores, quienes a esa hora tenían la reunión de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión.
El colombiano Javier Darío Restrepo, uno de los teóricos más reconocidos a nivel mundial sobre ética periodística, consideró que la credibilidad debe cumplirse siempre sin que haya «vacaciones para esto», pues en México los comunicadores deben crear su propia credibilidad.
Recordó que la verdad tiene un impacto social, y se frustra si no se cree la verdad, por tanto el servicio completo a la sociedad es sustentar la verdad, «y luego que nos la crean, y esa credibilidad debe estar fundada en ese prestigio, en esa autoridad moral que el periodistas tiene que cultivar todos los días».
El representante de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y director de EL UNIVERSAL, Roberto Rock, indicó que el caldo de cultivo contra periodistas radica en la impunidad.
En el panel denominado «Diseño de un modelo de política de movilización contra la impunidad; hacia la creación de una red latinoamericana de protección a periodistas», moderado por Juan Miguel Díez, subdirector del Centro de Información de la ONU , Rock expuso tres tragedias en el ámbito del periodismo.
La primera tragedia, asentó, es el número creciente de agravios a periodistas, y ejemplificó que en 10 años alrededor de 70 periodistas han sido asesinados en México, 44 en el sexenio del presidente Felipe Calderón.
Además, de un número creciente de desaparecidos, que no parece despertar el interés ya no digamos del gobierno, lo cual consideró «grave», incluso en la comunidad.
Al referirse a reportes del Centro Nacional de Comunicación Social (CENCOS) dijo que los asesinatos de periodistas se concentran en ocho estados, pero la autocensura puede abarcar más de la mitad del país.
Consideró además que los medios tienen que hacer reformas muy importantes para superar el desafío.
La segunda tragedia, explicó Rock, es que a la luz de estos agravios, como asesinatos y desapariciones, hay también un número importante de torturas, secuestros, amenazas y presiones diversas sobre el gremio, que son difíciles de contabilizar.
La propia gente -dijo- no quiere denunciar, mientras que los narcotraficantes quieren controlar la agenda periodística, con una política de comunicación social «mucho más eficaz» que la del Estado.
De ahí que la autocensura se vuelve preocupante, y la comunidad pierde confianza en el periodista porque no informa.
Rock señaló la tercera desgracia: el silencio de las autoridades, que no enfrentan el problema, y cuando lo hacen surgen dudas sobre la honorabilidad de los comunicadores.
El silencio sobre estos temas, dijo, hace que la agenda de medios no trascienda en el Congreso, y cada vez son menos los seguimientos de agravios a periodistas, así como las denuncias.
Consideró que se antoja «muy compleja» la elaboración de una red de protección a periodistas, y recordó que en México tenemos más de una década sin reformas importantes en materia de libertad de expresión.
En el mismo panel, Mike O’Connor, representante del Comité para la Protección de Periodistas de México (CPJ), vio un panorama sombrío.
Afirmó que el crimen organizado mantiene el nivel de control. Dijo que la «nube de amenaza» constante que hace presión, permite que los asesinos sigan, junto con las amenazas, pero el efecto es más grande que la causa.
Ejemplificó que en Querétaro los periodistas ya saben qué temas no se pueden tocar. «Y no han matado a nadie. Controlan la plaza sin hacer nada», dijo.
También se refirió a Durango en que el crimen organizado calló a la prensa y tomó la ciudad, con la colaboración del gobierno estatal.
Antes, en el panel «Los Códigos éticos del periodismo en tiempos de censura, amenaza y violencia» el periodista y director de Reporte Indigo, Ramón Alberto Garza, consideró necesario preservar los códigos de ética del periodista.
Hizo referencia a cifras de «Reporteros Sin Fronteras» que pone a México en el lugar 136 de 178 países en libertad de expresión, y en la lista de los 10 países donde no vale la pena ejercer la actividad periodística, junto con naciones como Pakistán y Somalia.
Ramón Alberto Garza también alertó sobre el peligro de la impunidad, y dijo que lo que se vive ahora en México merece un profundo análisis.
Advirtió que el Estado está en la antesala de ser un estado fallido, cuando la voz se coarta y se silencia.
Refirió además que distintos códigos de ética se confrontan para evidenciar que los modelos de comunicación tienen y deben de cambiar, «de hecho están cambiando».
Se han creado, dijo, dos mundos distintos: radio y televisión, y el mundo digital, virtual que maneja fenómenos, y se recurre a Twitter y a Facebook para advertir en la ciudad los conflictos.
Oscar Elizundia Treviño, representante de la Comisión Nacional de Derechoa Humanos (CNDH), reconoció algunos casos que afectan a periodistas, como la integración de manera deficiente de la averiguación previa en caso de violación a derechos humanos.
Afirmó que además en caso de homicidios a periodistas no se agotan las líneas de investigación o existen omisiones que afectan a los comunicadores, además de situaciones en que se emplea arbitrariamente el uso de la fuerza pública vs. los periodistas.
Teodoro Rentería Arróyave, vicepresidente de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP), criticó fuertemente a los senadores, ya que en el foro organizado en la vieja casona de Xicoténcatl, la antigua sede de la cámara alta, no hubo ningún senador que los escuchara.
Coincidió en que el gremio periodístico en lugar de unirse, nos vemos con recelo, «yo soy el mejor».
Habló de 119 asesinatos de periodistas, y ocho trabajadores de la prensa, de 1983 a la fecha, y dijo que desde el año 2000 esto se multiplicó. Con información de niz, obtenida del portal del periódico El Universal, http://www.eluniversal.com.mx/notas/763323.html
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