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LA Conexión Tenancingo, historia de padrotes

Efrén Mayorga 06 Jul 2013 - 23:09 CET
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LA CONEXIÓN TENANCINGO
Víctor Hugo Michel( Ver todos sus artículos)

¿Cómo sabemos de esa conversación? Porque fue grabada. Los teléfonos de los dos Flores Méndez fueron intervenidos por agentes del Buró de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), dentro de una investigación en contra de una de las células de proxenetas más grandes y diversificadas que haya sido encontrada entre México y Estados Unidos.

Lea usted esta extraordinaria investigación periodística que publica este mes la revista Nexos: El texto es de Víctor Hugo Michel

LA CONEXIÓN TENANCINGO
Dos hombres platican en uno de los anexos de la penitenciaría de la Isla Rikers, a la mitad del East River de Nueva York. Coincidencias de la vida, ambos son originarios del mismo pueblo de Tlaxcala y vinieron a encontrarse aquí, tres mil y pico de kilómetros al norte, a bordo del barco prisión Vernon C. Bain, una deprimente crujía de máxima seguridad que tiene pinta de carguero y al que las autoridades gustan anclar en las aguas entre el Bronx y Queens por eso de que escaparse nadando por el Hudson sería una locura. Podría decirse que es la versión ruda de un flotel. Una jaula lacustre, crucero forzado para selectos pasajeros destinados a pudrirse a la sombra.

El más joven de los dos tiene 40 años y se llama Isaías Flores Méndez. Lleva ya 15 días encarcelado y está a la espera de ser deportado a México. Entró ilegalmente a Estados Unidos por segunda ocasión, fue atrapado por un agente federal y cree que es eso lo que le valió un boleto de acceso a la prisión flotante, aunque en realidad está ahí porque le han tendido una trampa. Por los reportes del clima de la fecha, podemos presumir que la barcaza se balancea en medio del oleaje rudo del invierno anticipado. Es el 8 de noviembre de 2012 y afuera cae una ventisca. En la marea, dos criminales tlaxcaltecas deciden contarse sus vidas.

—¿Tú por qué estás aquí, güey? —pregunta Isaías.
—Me metieron por violencia doméstica —miente el hombre mayor. Su nombre es Eliseo Escalante.
—¿Tú de dónde eres?
—De Tenancingo.
—¿De donde vienen los padrotes?
El segundo hombre comienza a reírse.
—¿Y cómo sabes eso?
—Porque yo también trabajo en eso, güey.

La conversación entre Eliseo e Isaías continúa durante algunos minutos más en el tono casual de dos compatriotas que se encuentran en el extranjero y deciden pasar la tarde intercambiando anécdotas divertidas. Pero ambos son lo que son. Padrotes de Tenancingo que se reconocen el uno en el otro. Por ello no toma mucho para que la plática dé un giro hacia lo oscuro. Eliseo confiesa que terminó en la cárcel por prostituir a una de sus “novias”, una niña de 15 años a la que sedujo, cruzó de ilegal por Arizona y luego obligó a tener relaciones sexuales con un número no determinado de adultos en Florida.

—La tuve trabajando seis meses —presume Escalante.
—No me digas —revira Isaías, con lo que podríamos adivinar es un poco de sarcasmo. La historia, después de todo, no le es extraña

La anterior plática se desprende de la memoria detallista de Isaías Flores Méndez. Literalmente contó la conversación íntegra a Bonifacio, que no es otra persona que su hermano. Un día de ese noviembre le llamó desde la cárcel para ver cómo iba el negocio familiar, la versión norteña de lo que Eliseo hacía en Florida, en el Golfo de México. En otras palabras, la importación de adolescentes mexicanas.Carne fresca. Mujeres para alimentar su cadena de burdeles clandestinos en ciudades de clase obrera de Nueva Jersey como Yonkers, Poughkeepsie y Newburg

¿Cómo sabemos de esa conversación? Porque fue grabada. Los teléfonos de los dos Flores Méndez fueron intervenidos por agentes del Buró de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), dentro de una investigación en contra de una de las células de proxenetas más grandes y diversificadas que haya sido encontrada entre México y Estados Unidos. El nivel de sofisticación que descubrieron las autoridades estadunidenses llama la atención porque deja en claro que el padroteo transnacional mexicano ha subido de nivel.

En abril, unos cinco meses después de la charla entre Isaías y Bonifacio, la pesquisa deHomeland Security culminó con la detención de 13 personas, engranajes de una organización vertical dedicada a la prostitución forzada. Estaba integrada por choferes o guiadores, encargados de llevar a las mujeres cuando se trataba de dar servicio a domicilio. Había personal de seguridad —cadeneros— para evitar fugas de las chicas esclavizadas. También administradores que calculaban los números: cuántas relaciones sexuales por día, cuántos dólares por violación, cuántos hombres por niña, cuántas pastillas de misoprostol al mes para inducir abortos en quienes quedaran embarazadas. Se les conoce como libreros.

La estructura tenía mecánicos dedicados a mantener en buen estado los coches en que se transportaba a las mujeres cuando se trataba de room service, argot de lo que básicamente es chicas a domicilio. Había publicistas callejeros, esquineros a los que tocaba distribuir folletos en las calles de Nueva Jersey para atraer a nuevos clientes.Y por supuesto, una operadora telefónica, dedicada a ser la voz fachada. Una mujer que tomaba las llamadas y agendaba las citas.

Las declaraciones de Isaías y Bonifacio, junto con horas enteras de grabaciones similares, forman parte del expediente judicial USA vs Flores Méndez et al., del que ahora sólo se conocen los detalles iniciales. Pero lo que hay es suficiente como introducción a la terrible realidad del padrotismo tlaxcalteca y tenancinguense. Contiene descripciones en extremo gráficas de cómo un grupo de hombres logró enriquecerse a costa del sufrimiento de numerosas jóvenes mexicanas.

Los que siguen son fragmentos de algunas de las grabaciones que, en las próximas semanas y meses, serán utilizadas judicialmente en contra de la banda de los Flores Méndez. Serán enriquecidas con el testimonio de numerosas víctimas, rescatadas en condiciones deplorables de burdeles en los que debían atender de 20 a 30 clientes al día. De lo que se sabe ahora, es posible decir que su infierno se dividía en sesiones de 15 minutos y que para entrar como verdugo el cover era de 35 dólares. Era un cuarto de hora en el que los Johns —como se conoce a los usuarios de prostitución en Estados Unidos— podían hacer con ellas prácticamente todo lo que querían, mientras no las mataran o mutilaran:

“El hijo de p… quiso hacerlo sin condón”… “Dile que se quede ahí, que la niña tiene 17 años”… “La nueva niña está bien”… “Uy, es nuevecita”… “Sólo tiene 17 y ya se la echaron todos…”… “La de 14 me envió fotos”.

Precisamente es esta última frase la que nos guía a uno de los puntos más dramáticos de este caso. Los documentos judiciales contienen un inenarrable intercambio de mensajes de texto entre Carlos García de la Rosa, uno de los lugartenientes de los Flores Méndez y “Víctima-1”, una de las niñas esclavizadas. La menor tenía 14 años y tenía que trabajar a diario en la industria de la prostitución.

A finales de abril pasado, cuando se lanzó la redada que terminó con el feudo de la pandilla, agentes federales estadunidenses hallaron “kits de trabajo” en los burdeles de los Flores Méndez en Nueva Jersey. Eran maletas asignadas a cada una de las mujeres sometidas. Contenían ropa interior de encaje, lubricante, papel de baño y preservativos.

La desarticulación de la banda fue anunciada el 30 de abril por el Departamento de Justicia de Estados Unidos. El fiscal de distrito para Nueva York, Preet Bharara, lo calificó de un golpe histórico a la prostitución forzada, considerada internacionalmente como una de las más brutales y lucrativas variantes de la esclavitud moderna. “Con promesas de una mejor vida, los miembros de esta organización, dedicada a la trata sexual y a la prostitución, atrajeron a sus víctimas y después les apresaron en un infierno viviente”, dijo.

Como si buscara desapegarse de la experiencia vivida durante un año, Alejandra narró su caso en segunda persona. Fue su esposo quien comenzó a prostituirla en 2010.

—Te va a pedir que comiences a prostituirte —me dijo en un albergue secreto de la ciudad de México—. Y le vas a decir que no. Y te va a pegar en la cabeza. Y vas a despertar en Izúcar de Matamoros, en la zona roja. Te va a poner un pantalón y un top y te va a poner a trabajar en un bar. A veces llegarás a tener 50 clientes diarios y tu cuerpo te va a doler por dentro.

Desde hace varios años, la figura del padrote de Tenancingo ha sido objeto de estudio por parte de distintos actores, que han emprendido la misión de comprender los mecanismos bajo los cuales funciona este personaje siniestro que, de alguna forma, logra cautivar a cantidades industriales de mujeres año con año.

Las denuncias presentadas en Estados Unidos dictan que Tenancingo es la capital mexicana de los padrotes. La acusación es verificable en el terreno. Recupero sólo unos fragmentos de un reportaje publicado en Milenio en enero de 2012:

“Nadie puede explicarlo, pero Tenancingo, un municipio que tiene pocas industrias y servicios, donde el grueso de la población gana oficialmente de uno a cinco salarios mínimos, está repleto de mansiones. Mansiones que parecen más bien castillos de fantasía o que se asemejan al pastel de una quinceañera y que salpican el paisaje y se ven fuera de lugar entre las demás viviendas. Son construcciones costosas, grandes y de colores chillantes, tocadas de figuras extrañas, repletas de picos y torrejones en ángulos imposibles, con ventanas polarizadas, canceles de aluminio y puertas de hierro forjado. Algunas están adornadas por esculturas grecorromanas en mármol. Una tiene una corona rosa literalmente construida en su techo, rodeada de ángeles negros. Nadie habla ni quiere hablar de sus dueños —incluido el gobierno local—, pero sus llamativas estructuras kitsch se alternan con decenas de bares y una alta concentración de hoteles de paso…” (Milenio, 12/1/2012).

El Departamento de Seguridad Interna de Estados Unidos tiene su propia literatura sobre el tema, derivada de múltiples investigaciones que han terminado en tribunales. Hasta el momento sus agentes han identificado a las familias tenancinguenses de los Romero, Guzmán, Notario, Rojas, Jiménez, Calderón, Flores, Zacatero y Carreto como las más prominentes en el negocio de la trata, una industria en la que comparten espacios con pandillas locales conocidas como Los Negros, Los Romanes y Los Güeros.

Por su parte, el Departamento de Estado sintetizó su concepto sobre el pueblo en uno de sus reportes de inteligencia sobre trata de personas del 2011: “Tenancingo es legendario en ambos lados de la frontera por la explotación sexual de mujeres y niños, personas de estados del centro y el suroeste de estados mexicanos y mujeres de antecedentes pobres de naciones centro y sudamericanas” (Human Smuggling and Trafficking Center, Intelligence Note, Tenancingo Bulletin 1, octubre 28, 2010).

De acuerdo a cifras del Banco de México, Tlaxcala, un estado cuya población apenas rebasa el millón 200 mil habitantes y que no tiene a más de 40 mil tlaxcaltecas residiendo en Estados Unidos, recibe más dinero en remesas que Coahuila, una entidad fronteriza con tres veces más residentes y que, se estima, tiene una diáspora numéricamente importante en Texas. A diferencia de las ciudades coahuilenses, una muy desarrollada infraestructura de puntos de envío de dinero asiste a Tenancingo. Tan sólo en el municipio y al norte de Puebla hay unos 70 puntos en los que se pueden cobrar giros electrónicos, en sitios tan diversos como bancos, tiendas y centros postales.

Ocurrió en Georgia.
El caso está registrado en la corte federal de Georgia bajo la guía 1:08-CR-55. En términos llanos se le conoce como US vs Cortés-Mesa et al., y se desarrolló entre el invierno de 2006 y el verano de 2008 en los condados de Norcross y Gwinett, muy cerca de los suburbios de Atlanta.

En junio de 2008 no menos de seis burdeles y 10 víctimas fueron encontrados por agentes federales en distintas direcciones de ambos condados, en instalaciones que eran operadas por la familia Cortés Meza: los hermanos Amador y Juan, así como sus sobrinos Francisco y Raúl. Una nota periodística del día, reproducida por la afiliada local de NBC, narra que al interior de una de las casas fueron hallados diarios de las mujeres esclavizadas, algunas de las cuales eran menores de edad.

“Cuando agentes migratorios ingresaron a la casa en un suburbio silencioso de Atlanta, los oficiales encontraron celdas de esclavos, clósets de uno por dos metros en los que mujeres jóvenes debían tener sexo con 30 o 40 personas cada noche. […] buscando entre la suciedad, entre condones descartados y colchones sucios, los agentes se toparon con diarios. Sus portadas tenían imágenes de Disney. De Blancanieves, la Bella Durmiente y Cenicienta”.

El testimonio de una de las víctimas, ofrecido a lo largo del juicio, es escalofriante: “Durante su tiempo en estas residencias, Víctima-1 indicó que un padrote monitoreaba a las mujeres, dirigía su trabajo de prostitución y les proveía de comida y otras necesidades. Cuando quiso renunciar, fue golpeada. Como resultado de la violencia que presenció o sufrió, tenía miedo de todos los padrotes involucrados en esta organización”.

Las víctimas provenían de Veracruz, Oaxaca y Puebla. Una de ellas estuvo atrapada en un burdel de principio a fin, desde el 24 de enero de 2006 hasta el 4 de junio de 2008, fecha en la que agentes federales descubrieron los centros de prostitución. Son poco más de 860 días en cautiverio. Identificada únicamente como LMJ, su experiencia personal da un atisbo excepcional y terrible al mundo de una “unidad de producción” en el mundo de la trata de personas.

Esta mujer, cuya identidad ha sido reservada por seguridad, en un principio pensó que iba a Estados Unidos a trabajar en un restaurante y fue asistida por Amador en su cruce al norte. Pero de inmediato quedó claro que eso era falso. “En 2006, en una de sus primeras noches en Atlanta, LMJ dijo que no quería ser prostituta. Juan Cortés Mesa y Amador Cortés Mesa le informaron que su viaje no era gratis y que tendría que pagar”, se establece en la acusación judicial presentada contra la organización en junio de 2008. Las golpizas vinieron luego. Las amenazas contra su familia, después.

Esta es una de las declaraciones ofrecidas por LMJ durante el juicio, que culminó con Amador Cortés Mesa siendo sentenciado a 40 años de prisión en una corte federal. Una condena que, cuando se toman todos los datos en cuenta, parece ligera. Narra el día promedio de una mujer reducida a la esclavitud.

Fiscal: ¿A qué hora aproximada te iban a recoger?
LMJ: A las cinco pm.
Fiscal: ¿Y a qué hora regresabas?
LMJ: A la una o dos de la mañana.
Fiscal: ¿Y qué hacías al regresar a casa?
LMJ: Me daba una ducha. Comería algo y me iría a la cama.
Fiscal: ¿Te dieron instrucciones sobre cómo limpiarte?
LMJ: Sí.
Fiscal: ¿Cuáles?
LMJ: Ellos compraron una botella de líquido en Wal-Mart y lo mezclaban con alcohol.
Fiscal: ¿Y en dónde te limpiabas con eso?
LMJ: En… mis partes privadas.
Fiscal: ¿Cómo te sentías?
LMJ: Me quemaba. Porque de todas formas me dolía después de regresar del trabajo.

Según sus cálculos, LMJ debió atender a un promedio de 25 a 30 clientes por noche cobrándoles 35 dólares por persona. Y aquí es en donde la matemática se torna monstruosa. Eso quiere decir que, en una cifra alta, tuvo que tener relaciones sexuales con casi 26 mil personas. Quizá le dieron los fines de semana libres y en otras fechas no fue obligada a prostituirse. La cifra se reduce entonces a 22 mil. Dejémoslo entonces en un punto bajo. En 20 mil. Traducido en ganancias, LMJ, una mujer que terminó convertida en instrumento de la barbarie, le produjo a sus padrotes 700 mil dólares en más de dos años de verdadero infierno.

Víctor Hugo Michel, Periodista. Reportero de Asuntos Especiales de Grupo Milenio. Entre sus investigaciones más recientes destacan: Tenancingo, la capital de los padrotes, Tres mexicanos a la horca en Malasia, La ruta equina de la muerte y El extraño viaje de Valeria a Centroamérica. http://www.nexos.com.mx/?P=leerarticulo&Article=2204219

Leer el texto completo en el sitio de la revista Nexos en: http://www.nexos.com.mx/?P=leerarticulo&Article=2204219

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Efrén Mayorga

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