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El día de la Mujer en Sonora con la Primera Gobernadora en la Historia.

Efrén Mayorga 08 Mar 2016 - 01:33 CET
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Saludos para Beatriz, María y Martha

Abrazo solidario para una de las pocas mujeres que integran el gabinete actual, Elda Molina, cuya familia fuera arteramente agredida.

Si en algún lugar de México tiene singular significado la celebración de El Día de La Mujer, sin duda es en el Estado Libre y Soberano de Sonora. Ya que la mayoría de la población en edad de votar favoreció a una Mujer para que gobernara, encabezará por seis años los destinos de la región.

Enorme satisfacción personal y original debe de sentir Claudia Pavlovich Arellano en ser la suprema líder y guía en la sociedad y comunidad sonorense. Tremenda responsabilidad debe de profesar al ser la máxima autoridad, gobernadora de la entidad. Día a día con sus acciones está forjando su propia historia; ya el tiempo se encargará de juzgar su accionar.

Dos temas sobresalen en la fecha: La iniciativa de ley propuesta para la equidad de género en los próximos comicios y la desigual integración del gabinete, de seguro con el tiempo se equilibrara. Lo uno depende del congreso, lo otro esta en sus atribuciones.

A continuación, en afán de reconocimiento, algunas menciones de mujeres ejemplares en la historia de México:

Átala Apodaca, «La conferencista de la Revolución»; Elvia Carrillo Puerto, La Monja Roja del Mayab y primera diputada local; Aurora Jiménez de Palacios primera diputada federal; Griselda Álvarez Ponce de León, primera mujer electa como gobernadora, en Colima; las primeras senadoras de la república, María Lavalle Urbina y Alicia Arellano Tapia, madre de la actual y primera gobernadora electa en el estado de Sonora, Claudia Pavlovich Arellano.

Hace exactamente cien años, en 1916, que esto ocurría en México:

Hermila Galindo, Palabras al segundo Congreso Feminista de Yucatán, noviembre de 1916[1][Texto proporcionado por Eulalia Eligio González]

Muy Honorable Asamblea.

Una palabra, en vía de preámbulo

Por ahora, sólo os ruego benevolencia y consideración para la muy inteligente señorita que está en mi representación ante la respetable Asamblea; que representa por sí al progresista Estado de Guanajuato, cuna gloriosa de nuestras libertades, y en quien yo he delegado, además, las honrosas representaciones que se han conferido de la Secretaría de Instrucción Pública de esta ciudad, y de los Estados de Sonora, Durango y Sinaloa. La misma señorita Elena Torres, que es portadora de mis ideales feministas, y que está unificada conmigo en todas y cada una de mis ideas, presentará ante esa Asamblea el certificado médico que acredita mi enfermedad. Hago presente mi agradecimiento por su bondad a la referida señorita Torres, que nuevamente recomiendo a vuestra cordial benevolencia, y, esto dicho, entro en materia

La “Monografía sobre la Mujer”, que presenté yo al Primer Congreso Feminista, era un estudio serio y tranquilo de las causas que motivan el postergamiento en que hoy vive la mujer. En él se apuntaban de una manera sucinta los vicios de educación que hacen a la compañera del hombre, inhábil para la lucha de la existencia humana; se acusaban también los prejuicios, las preocupaciones, los fanatismos que, como villanos guías, conducen a la mujer por caminos extraviados y, por último, se exhibía, desenmascarada, la injusticia social que empuja brutalmente a la pobre mujer al negro precipicio del crimen y de la infamia.

… “Es un hecho fuera, de toda duda, que en las clases medias de México, la mujer, debido a las condiciones especiales de educación y costumbres de dichas clases, está incapacitada para la lucha económica por la vida, de donde resulta que la mujer cuyo matrimonio llega a ser un fracaso, se convierte en una víctima del marido, se encuentra en una condición de esclavitud de la cual es imposible salir si la ley no la emancipa, desvinculándola del marido”.

…Y ¿qué hacer para corregir errores o vicios de tamaña trascendencia? ¡Ah, señoras, el camino que hay que recorrer es largo… está erizado de obstáculos, pero hay que avanzar por él resueltamente: la moral lo pide, la justicia lo exige magestuosamente.”

… “Oímos a menudo preguntar con asombro, a veces mezclado de indignación ¿Para qué necesitan las mujeres derecho a sufragio? ¿No tienen cuanto es posible darles en el mundo? Los hombres hacen las leyes; las mujeres hacen el hogar; su flaqueza está protegida por la fortaleza del hombre; el amor del hombre les ahorra el duro contacto con la vida pública; no saben lo que piden al pedir participación en el Gobierno. ¡Tienen muchas cosas qué perder y nada qué ganar, si salen de su esfera!”

“A estas y otras objeciones respondemos:

Las mujeres necesitan el derecho al voto por las mismas razones que los hombres; es decir, para defender sus intereses particulares, los intereses de sus hijos, los intereses de la patria y de la humanidad, que miren a menudo de modo bastante distinto que los hombres.”

“… La esfera de la mujer está en todas partes porque la mujer representa más de la mitad del género humano, y su vida está íntimamente ligada con la de la otra mitad. Los intereses de las mujeres y de los hombres no pueden separarse. La esfera de la mujer está por lo tanto, donde quiera que está la del hombre, es decir, en el mundo entero.”

..“Mujer de mi tiempo, soy, por ende iconoclasta, mi espíritu no puede doblegarse ante ningún dogma, y, por lo mismo, no juzgo que una idea, por el hecho de haber surgido de un cerebro, universalmente reconocido como superior, deba aceptarse a priori. Los pensamientos vengan de donde vengan, deben ser discutidos: la razón debe penetrar en ellos, analizándolos para ver lo que tienen de verdad, o demostrar que son falsas urdimbres de mentiras y de engaños.”

“¿Inmoral mi trabajo porque, basada en los principios en que debe descansar una moral científica, perfectamente inteligente, he reclamado en él mucha ilustración para la inteligencia de mi sexo, mucha educación para su voluntad, e igualdad completa de derechos con el hombre, ya que no hay ni puede haber motivo que funde la inferior condición en que se la tiene colocada, tanto más cuanto que, salva la diferencia del sexo, todas sus facultades son iguales, si no es que superiores, a las de aquel?”

“¿Inmoral mi trabajo porque no cuadra con reglas tradicionales de conducta, que no se han querido rectificar ni comprobar, porque rechaza toda imputación, ya sea en nombre del Estado o del dogma; porque reclama mucha luz para alumbrar a la mujer, haciéndola conocer sus altos destinos; porque pide una gran fuerza de voluntad para realizar su emancipación, a través de grandes obstáculos y venciendo dificultades enormes; porque, en una palabra, pide para la mujer completa libertad, es decir, la misma concedida al hombre para moverse sin trabas en el desarrollo de su personalidad?”

“¿Su inmoralidad en qué estriba? ¿Es en la forma? ¿Es en el fondo?”
“Para no fatigar mucho vuestra bondadosa atención, voy a transcribir solamente dos trozos del dictamen presentado por las ilustres congresistas señora Porfiria Avila C. de Rosado y señoritas Clara Steger Lege y Elena Osorio C., quienes tuvieron a su cargo absolver el primer tema presentado al Congreso.”
Dice literalmente el dictamen en la parte conducente:

“¿Cuáles son los medios que deben emplearse para manumitir a la mujer del yugo de las tradiciones? Está fuera de duda que el primer medio que hay qué emplear o la primera obra que hay qué hacer, es desfanatizar la conciencia de ella; hacer que caigan de sus altares las divinidades que hasta ahora la han mantenido de rodillas y con la mirada al cielo en vez de levantar la frente, y dirigir la mirada escrutando el horizonte. Hacerle conocer sus cualidades antropológicas, su condición biológica, su naturaleza, su origen, para que, comprendiendo lo que es, pueda, apoyada en la ciencia, romper el cerco de tradiciones y de errores en que se encuentra aprisionada. Hacer que esta obra de verdadera ciencia y cultura se imparta en las escuelas haciendo a un lado temores y respetos sociales que sólo sirven para hacer que vivan y persistan los errores. Tenemos, por tanto, a la Escuela Primaria con el sagrado deber de formar una mujer libre y consciente del mañana”.

“Otra manera de desfanatizar a la mujer púber es instituyendo extensiones universitarias o conferencias que tengan por objeto sustituir los errores que abrigan con los verdaderos dictados de la cultura; quitar en su espíritu la religión de lo sobrenatural y sustituirla con la ciencia y el arte.”

“Otra tradición de que hay que descargar a la mujer es la de que sólo sirve para reproducir la especie y cuidar de su prole. Si el alma de la mujer fuera igual a la de cualquiera otra especie de mamíferos, habría que conformarse con el cumplimiento de esta ley natural pero teniendo un cerebro más capacitado para la comprensión del Universo, puede perfectamente simplificar estas tareas naturales y dedicar sus energías y su tiempo a ocupaciones que le permitan laborar por su existencia y por la cultura social. En consecuencia, es necesario enseñar a la mujer la simplificación de sus tareas naturales. En las Escuelas, en la sociedad, está vedado a la mujer hablar y conocer los fenómenos que tiene lugar en su naturaleza. La religión ha querido que ignore su sexo para tenerla siempre ignorante y poderla explotar”.

… «Yo, señoras congresistas, laboro por esta tésis: la emancipación de la mujer del estado de abyección en que se encuentra, y, su dignificación dándole los medios indispensables para confortarla con su alta misión en la sociedad. Esos son mis más vehementes anhelos y a ellos se encaminarán los afanes entusiastas de toda mi vida y de acuerdo con estos propósitos busco un alto ideal de libertad y progreso que, poniendo a la mujer al nivel del hombre, la comprenda no sólo nominalmente de la misma ilustración y justicia, sino que le otorgue los mismos derechos y las mismas prerrogativas, que se conceden al sexo fuerte. Creo que logrado esto, ya no habrá peligros de que caminen llena de temores y sufriendo todas las pruebas que, lejos de vencer su virtud fortificarán su espíritu, y libre ya de prejuicios, conocerá el camino del deber trasado por la razón e indicado por la experiencia, único que conduce a la estimación de las personas honradas, merecido galardón de las almas rectas y la más grande ambicionado de las desdichas humanas: la satisfacción de la propia conciencia…»

Recordaré a este propósito un fragmento del poema “Hetaira” de un poeta jaliciense contemporáneo, que ha esgrimido su estro en defensa de la mujer mancillada:

Helo aquí:

“No es verdad que en el alma que mancilla
de la fiebre carnal el ansia loca
no fructifique el bien: hasta en la roca
prende la flor, y cuaja la semilla.

No hay corazones infecundos: siente
flexión al bien el corazón culpado,
y a veces Dios arroja su simiente
hasta en el cieno mismo del pecado.

No existe, nó, la fuerza del destino,
y la osada razón en vano brega
por mirar en las sombras del camino
por donde Dios a las conciencias llega.

Ni en el seno del mal el bien se agota,
y, así como la flor en el pantano,
el amor, que es el bien, a veces brota
del corrompido corazón humano.

No es el burdel un páramo: Vencida
por Faón, que es el beso del engaño,
toda mujer, como la gran suicida,
desde el negro peñón del desengaño,
claudicante y de espaldas a la vida,
rotas al ver sus virginales galas,
se arroja al mar del insaciable anhelo!…

Más cuántas veces la mujer caída
sacude el fango que manchó sus alas,
y triunfadora se remonta al cielo!!…

“Estudio de la señorita Hermila Galindo con motivo de los temas que han de absolverse en el segundo Congreso Feminista de Yucatán”. Noviembre 20 de 1916, imprenta del Gobierno Constitucionalista…52-555, Mérida, Yucatán, 1916, pp. 3-28 [el texto se encontró mutilado en la Biblioteca Nacional de México, G308 MIS.119]
F.14 Hermila Galindo, Palabras al segundo Congreso Feminista de Yucatán, noviembre de 1916

Efrén Mayorga

Eventualidades de una ciudad sonorense Con mucho gusto y no menos preocupación acepte integrarme a la blogmanía del periodista digital en su sección del periodista latino, a cuya dirección agradezco la oportunidad brindada; gusto por el placer de escribir sobre el quehacer cotidiano de una comunidad y preocupación por tratar de ser lo más responsable […]

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