+ Entregó al poeta Eduardo Lizalde el Premio Carlos Fuentes de Creación Literaria en Lengua Española
+ El Tigre en la casa es uno de los libros más influyentes y vivos en sucesivas generaciones.
+ Me pidieron ser breve, dijo el poeta..y que pronuncia unos los mejores discursos escuchados en Los Pinos.
Reunido con integrantes de la comunidad de artistas, escritores e intelectuales del país, el presidente Enrique Peña Nieto entregó al poeta Eduardo Lizalde el Premio Carlos Fuentes de Creación Literaria en Lengua Española y ahí ofreció que su gobierno seguirá defendiendo la libertad creativa y la libertad de expresión.
Esas manifestaciones que se expresan también en la obra y pensamiento de artistas e intelectuales deben realizarse en absoluta libertad porque aportan al debate de las ideas y fortalecen y enriquecen a la democracia, dijo el mandatario.
Ubicó a Lizalde y a Fuentes como lo mejor de la conciencia crítica y de la literatura mexicana. Dijo que se trabajará para que sus obras sean conocidas y admiradas por las nuevas generaciones de lectores.
En Lizalde, el mandatario identificó además a un creador que ha recorrido épocas y poesía y ensayos que demuestran que la creación literaria requiere de entrega total.
Extendió enseguida su «mayor reconocimiento» a todos los creadores e intelectuales del país, porque su obra y pensamiento crítico enriquecen la cultura y son un orgullo para México.
Frente a una referencia del propio Lizalde -quien al recibir la distinción no habló de su obra y dedicó todo su discurso a la escritura de Carlos Fuentes-, respecto a que la poesía nunca es suficientemente conocida en vida de su autor, Peña Nieto aseguró que este premio contribuirá a hacer más reconocidos los versos de quién ha escrito, entre otros, El tigre en la casa.
Dijo que México ocupa un lugar privilegiado porque sus expresiones artísticas son patrimonio de la humanidad.
Sobre la creación de Carlos Fuentes dijo que fue una voz apasionada, crítica y llena de un profundo amor a México.
«Su obra nos ayuda a comprender el pasado, a entender el presente y a construir la identidad con la que seremos reconocidos en el futuro», señaló el mandatario. Con información de Rosa Elvira Vargas y Merry MacMasters, lunes, 29 may 2017 13:52
++ A continuación la difusión oficial de la nota: lunes, 29 de mayo de 2017
Premio Internacional Carlos Fuentes a Eduardo Lizalde
El Gobierno de la República seguirá defendiendo la libertad creativa y la libertad de expresión, que también se manifiestan en la obra y el pensamiento de nuestros artistas e intelectuales: EPN
«Los creadores, artistas, escritores e intelectuales generan obras de indiscutible valor y nos ayudan a admirar la complejidad y riqueza de nuestra época. Como dijera Carlos Fuentes: La que nos tocó vivir»: EPN»Los creadores, artistas, escritores e intelectuales generan obras de indiscutible valor y nos ayudan a admirar la complejidad y riqueza de nuestra época. Como dijera Carlos Fuentes: La que nos tocó vivir»: EPN
El Presidente de la República, Enrique Peña Nieto, entregó hoy el Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria en el Idioma Español al poeta, ensayista y traductor mexicano Eduardo Lizalde.
«El Gobierno de la República continuará apoyando a los creadores para que la belleza de sus obras, que van del arte popular a la danza, del cine a la literatura, de las artes plásticas a la composición musical, sigan enriqueciéndonos y asombrando al mundo»: EPN
Eduardo Lizalde como poeta, ensayista y traductor ocupa ya un lugar privilegiado en las letras mexicanas. Un destacado integrante de la comunidad universitaria, Director de Radio Universidad y de la Casa del Lago.
Ha dirigido por más de dos décadas la Biblioteca de México, una de las más emblemáticas del país.
«México es un lugar privilegiado cuyas expresiones históricas y artísticas forman parte de la riqueza cultural de la humanidad, y es al mismo tiempo el espacio donde surge un inagotable torrente creador que comprende todas las manifestaciones del arte y el pensamiento»: EPN
El Primer Mandatario aseguró que «Lizalde y Fuentes representan lo mejor de la conciencia crítica y de la literatura mexicana. Estamos obligados a trabajar para que su obra sea conocida y admirada por las nuevas generaciones de lectores».
http://www.gob.mx/presidencia/articulos/premio-internacional-carlos-fuentes-a-eduardo-lizalde?idiom=es
++ El poeta Eduardo Lizalde Chávez agradeció la distinción de ser el primer mexicano galardonado con el Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria en el Idioma Español.
+++ palabras del maestro Eduardo Lizalde Chávez, ganador del Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria en el Idioma Español.
-MTRO. EDUARDO LIZALDE CHÁVEZ: Muchísimas gracias a todos ustedes por estar aquí y, en primer lugar, al señor Presidente de la República, que nos honra con su presencia y me entrega esta distinción de la que soy objeto, debido a la generosidad de ese jurado del Premio que presidió mi amigo y admirado escritor y poeta Jaime Labastida, nuestro Director de la Academia, que presidió el Jurado del Premio.
Y, desde luego, agradezco las palabras generosas de María Cristina García Cepeda, también, querida amiga, y del doctor Enrique Graue, ambos presiden las dos instituciones que patrocinan el premio.
Y, por supuesto, agradezco la presencia de nuestra amiga querida Silvia Lemus, que es la Presidenta del Patronato del Premio; igual que la presencia de mi esposa Hilda que me acompaña en esta ceremonia.
Y no puedo agradecer por sus nombres a todas las numerosas personalidades, colegas y viejos amigos, muchos de ellos tan amigos de Fuentes como míos, hace tantos años; y a muchos escritores y personas de las distintas generaciones literarias, culturales y políticas de México.
Se me pidió, y es lo que voy a proceder a hacer en este momento, que fuera yo breve para no alargar enormemente esta ceremonia, pero dije desde el principio que era una tarea verdaderamente difícil. Breves palabras para celebrar la obra de una personalidad de la grandeza de Carlos Fuentes, y el autor de una obra de tal manera enorme y reconocida.
Pero leo para ustedes estas palabras:
Carlos Fuentes fue, desde su presencia juvenil en México, imprevisible y sorprendente. Su primer libro de cuentos: Los Días Enmascarados, que publicó en su colección el indiscutible grande maestro Juan José Arreola, es una obra magnífica, editada cuando Fuentes cumplía apenas 24 años y que ya se diferenciaba de las de sus esplendorosos predecesores, Arreola mismo y Rulfo, sobre quienes Octavio Paz llegó a decir: son de los pocos autores de libros que se pueden considerar rigurosamente perfectos.
Y desde esos años, 1953-54, se sabía que Carlos planeaba una novela, de la que publicó algunos textos que le anticipaban sobre la Ciudad de México y su gente.
Todos sus amigos sabíamos ya, éramos Fuentes y yo de la misma edad, que planeaba darle un título, inspirado en un epígrafe que Alfonso Reyes había inscrito en un viejo libro sobre América y el mundo mexicano: Viajero, has llegado a la región más transparente del aire.
Y caminando por el pasillo del Edificio de Justo Sierra 16, hacia el despacho del poeta García Terrés, que editaba la revista de la UNAM, en la que todos publicábamos alguna cosa, Carlos le pregunto: Cómo crees que debe titularse la novela: la región más transparente del aire o sólo la región más transparente.
Todos le decíamos: ese es el título, no tiene por qué ser más largo. Y así lo tituló: La región más transparente, porque el famoso epígrafe de Reyes tenía una intención celebratorio y poética, inspirada en las innúmeras crónicas de la ciudad y del Valle de México, que todos los viajeros y residentes de los últimos siglos elogiaban por su clima primaveral y su belleza, amparada por un aire que ya no era tan transparente en esos años en que estaba por inaugurarse la nueva Ciudad Universitaria, en el sur de la urbe, y el título de Fuentes, que no tenía intención poética alguna, sin intención evidentemente irónica era, entonces, el más apropiado.
La novela, redactada por Fuentes desde entonces y que terminó por publicar a los 28 años de edad, en 1958, fue esperada con expectación por muchos lectores. Vale la pena recordar algunas cosas que sobre ella se escribieron al salir de las prensas.
Octavio Paz, que todo lo leía con sus ojos de águila, publicó en 1967 un comentario sobre esa edición y los siguientes notables libros del autor, Las buenas conciencias, La muerte de Artemio Cruz, celebrada como obra maestra, Zona Sagrada y Cambio de Piel, censurada en España, por cierto, y antes otro libro de cuentos de primer orden: Cantar de Ciegos, de 1964.
Decía Paz, en Corriente Alterna, 1967: Después de este libro extraño, los días enmascarados, Fuentes ha publicado cinco novelas, una nouvelle palabra imperfecta a un tiempo, como lo exige el género.
La geometría es la antesala del horror y otra colección de cuentos.
Su primera novela, La región más transparente, parece una respuesta a los cuentos juveniles. La transparencia se opone a la máscara. Primera visión moderna de la Ciudad de México. Este libro fue una doble revelación para los mexicanos. Les mostró el rostro de una ciudad que, aunque suya, no conocían, y les descubrió a un joven escritor que desde entonces no cesaría de asombrarlos, desconcertarlos e irritarlos.
El texto de Paz es magnífico y penetrante, y hay que volver a leerlo, como aquel de 72, en el que afirmaba también el poeta, más tarde: No es raro que Fuentes, por la brillantez de sus dones, la resonancia de su obra y la índole de la pregunta que se hace y nos hace, haya provocado la irritación, la cólera y la maledicencia.
Escritor apasionado y exagerado, ser extremoso y extremista, habitado por muchas contradicciones, exaltado en el país del medio tono, irreverente, en una tradición que ha convertido su historia trágica y maravillosa en un sermón laico y ha hecho de sus héroes vivos una asamblea de pesadas estatuas de yeso y cemento.
El ensayo es largo, el de Octavio Paz, por supuesto, y no es raro en Paz, cuya enorme estatura y obra alcanzan con justicia la importancia universal que hoy tiene el poeta. Después de él, solo Fuentes, como prosista y narrador, es entre los del nuevo Siglo XX, el que alcanzó un reconocimiento de semejantes proporciones.
En el año de su publicación y muchos años después, continuaron publicándose textos y opiniones críticas en México, Latinoamérica y el mundo sobre esa primera novela de Fuentes.
Y hay que decir que las páginas escritas sobre toda su obra en varias lenguas ocuparían un espacio impreso y un número de páginas mucho mayores que los varios miles de cuartillas de su obra y que hacer aquí, en este breve homenaje, un comentario de todo lo publicado por este autor, sería tarea imposible e innecesaria, siendo que las más ilustres plumas del mundo han consumado con creces esa labor.
Por lo demás, es recomendable la bella edición de La Región más transparente que la Academia Española, de la Lengua y la Asociación de Academias de la Lengua Española lanzaron a las prensas para conmemorar el 50 Aniversario de La Región más transparente, porque en la nota inicial de este libro se advierte que para consumar la ardua labor de preparación y fijación del texto original se contó con la colaboración de un calificado equipo del Instituto de Lexicografía de la Real Academia Española y que lo publicado en este ejemplar es, en otras palabras, un texto nuevo, completamente revisado por el autor en el que se recuperan algunas lecturas anteriores a 1958, se recogen casi todas las nuevas redacciones que se hicieron para 1972 y se corrigen las erratas.
También se aclara en la nota que se tomaron en cuenta para este libro conmemorativo las diferentes ediciones modernas de la novela y, en especial, la preparada por el Fondo de Cultura Económica en el año 2007, por María Pizarro Prada y Julio Ortega, por cierto, uno de los más destacados e inteligentes estudiosos y críticos de la obra entera del escritor.
En la edición de las Academias, aparte de los ensayos de los mexicanos Gonzalo Celorio, José Emilio Pacheco y Vicente Quirarte, se incluyen textos de Carmen Iglesias, de Sergio Ramírez que por cierto recibió en su segunda edición este Premio con el que, hoy se me distingue, la ilustre brasileña Nélida Piñón y de Juan Luis Cebrían.
A mí me ha interesado redescubrir notables escritos de otros autores, precisamente, en el año de la primera edición de la novela y, entre ellos, lo publicado por el sabio y viejo crítico y escritor y amigo guatemalteco, Luis Cardoza, que en mayo dijo, al publicarse la novela, cito unos párrafos muy pequeños de ese artículo: Es una novela negra de la Revolución, pero habría que preguntarnos si lo negro es o no como vive en la novela.
Tiene razón Luis Cardoza, con el que tantas veces hablamos de las mayores obras de nuestros novelistas de la Revolución Mexicana, testigos y actores de esa larga y trágica jornada del principio del Siglo XX.
Son esas obras, se han preguntado muchos historiadores, no un elogio, sino una crítica descarnada, aparte de una apasionada crónica de los aspectos más oscuros de ese movimiento costoso y estremecedor.
Y algo más, decía Luis Cardoza, en esa primera lectura: quién ha tenido el valor para escribir páginas tan dolorosas, tan enfebrecidas y tremendas, aquí está, en primer término, una creación literaria; con fervor por lo suyo, sin señoritismo, sin hipocresía, con furia parcial, como toda furia, que en el fondo es lo contrario donde lo abúlico y lo escéptico.
Pero con todo y los cientos de reseñas que en México y en otros países se publicaron sobre La región más transparente, Fuentes estaba consciente de que su audaz primera novela abría en su país las compuertas de un aire nuevo y una sensibilidad estética que se adelantaba a la era de una brillante secuela de obras también innovadoras y magnificas, como La Rayuela, del ya fogueado Julio Cortázar; Cien años de soledad, de García Márquez; o la del muy joven y brillante Mario Vargas Llosa con su refulgente La ciudad y los perros, que circularían en el ambiente de la gran literatura latinoamericana; junto a trabajos magistrales como Paradiso, del cubano Lezama Lima; Tres Tristes Tigres, del también cubano Guillermo Cabrera Infante, pronto censurado y exiliado; o El Siglo de las Luces, del espléndido Alejo Carpentier.
Y no se contuvo Fuentes. Gracias a la conmoción que sufriera la novela, había producido en México y en muchos otros países para proceder a la extensa serie de libros a los que Octavio Paz se refiere en esa nota del 67, y entre los cuales se encontraban varias obras animadas por el mismo temple y la prosa perfecta, que sería característica de todos los siguientes ensayos, novelas del autor, que con su talento impresionante, su imaginación desbordada, llevó a las prensas, todas ellas de complejidad pasmosa, factura impecable y variedad temática, indiscutiblemente novedosa y seductora.
Y como lo dije en una intervención improvisada durante la presentación de su libro El Instinto de Inés, al que Carlos me pidió que lo acompañara, en el año 2001, todos sus conciudadanos sabíamos que su obra, que ya había alcanzado la inmensa celebridad conocida, continuaría produciendo hasta el final de su vida, no como la tarea de un autor prolijo, sino como las aguas incesantes de las cataratas del Niágara o del Iguazú.
En esa época decidió el escritor donarnos para la Biblioteca de México una colección de toda su obra, publicada en lengua española, y más de un centenar de sus libros impresos y traducidos a más de una docena de lenguas en numerosos países.
Pero no quisiera terminar este recuento y modesto homenaje a Carlos Fuentes sin mencionar un libro monumental que representó para el autor un ejercicio de reculo y agotador que lo llevó a la redacción verdaderamente sinfónica y apasionada de ese monumento que constituye el millar de páginas del libro titulado Terra Nostra, publicado en México en 1973, por la Editorial Joaquín Mortiz.
No podían faltar en esa bella edición, con portada del pintor Alberto Gironella, las palabras de un colega cercano y magnífico escritor, como Juan Goytisolo, que en la presentación del volumen decía: Paradigma de creación totalizante, de desgarramiento fecundo de la escritura, del saqueo cultural, entre comillas, de todo el ámbito de la lengua española, Terra Nostra no es sólo la obra mayor de Carlos Fuentes, constituye también, sin lugar a dudas, uno de los grandes monumentos de la novela escrita en nuestro idioma.
Pero hay que agregar que en ese 1975, quedaban al autor más de 40 años de vida, en los que prosiguió la redacción imponente de los libros que se hallaba aun redactando en el momento de su inesperada y violenta desaparición, hace cuatro años, cuando lo sorprendió la muerte con la pluma en la mano y en condiciones de absoluta lucidez y energía.
Terra Nostra, ese libro fascinante, no es ni una novela, ni un ensayo imponente, sino auténticamente un inmenso poema en prosa, de poderío verbal y belleza sin precedente en nuestra literatura.
No quedó a salvo Terra Nostra que muchos cándidos tacharon de alarde excesivo e ilegible de padecer múltiples injusticias.
Como la de su amigo Carlos Monsiváis, que con silente ingenio declaró: Necesarios serían para mí, cuando menos dos Becas Guggenheim para leer Terra Nostra, aunque, por cierto, Monsiváis, lector implacable sí leyó el libro sin las dos Becas Guggenheim.
Y acaso tenga tiempo aquí para transcribir unas palabras del año 2005, que son parte de un ensayo de uno de nuestros más jóvenes, pero nada complaciente crítico, Christopher Domínguez Michael, quien en su diccionario crítico de la literatura mexicana declaraba: Diccionario crítico de la literatura mexicana, Terra Nostra, dice Christopher, ha tenido una influencia enorme y escasamente reconocida en los narradores hispanoamericanos, empeñados en continuar con la crónica de indias, entre comillas.
Y agregaba Christopher en otro párrafo: La dificultad de lectura de Terra Nostra, que desalentaría a los blandengues y aterrorizarían al lector que Fuentes también corteja, se ven confesados por la sonora belleza de su prosa.
Y mucho más podría decir hoy sobre este escritor, pero termino con las palabras de otro de sus calificados admiradores, desaparecido hace pocos años, José Emilio Pacheco, quien consideró, en 2008, que Fuentes ya no es nada más el gran novelista de su país, sino de todo el mundo hispánico.
Gracias.
Eduardo Lizalde Chávez
Ganador del Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria en el Idioma Español.
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