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Rubalcaba y el Gobierno transparente

Javier Orrico 20 Nov 2005 - 21:50 CET
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Uno de los datos que debieran resultarnos más reveladores sobre la naturaleza del sistema de enseñanza vigente es, sin duda, el hecho de que en su concepción y aplicación fuera principal ejecutor il signore Rubalcaba, actual portavoz socialista. Es necesario recordarlo para entender hasta qué punto nos encontramos ante un enorme juego de manos, una gran escuela trilera, un timo sin estampitas.

A nadie se le oculta la capacidad de Rubalcaba –inteligencia y malicia- para engañar a la realidad misma, para travestir los hechos, para trucar hasta los sentimientos. De haber sido poeta, habría dado en modelo de gongorino nefando, de lenguaje dirigido no a embellecer el mundo, cubriéndolo de palabras deslumbrantes y extrañas como hizo el mejor Góngora, sino a anegarlo de un idioma destinado a ocultar todo vestigio de verdad, un juego advenedizo donde competirían la mentira y la desvergüenza bajo la excusa de una exactitud fingida.

Sólo una cosa verdadera ha salido de su boca en los últimos decenios: que nos merecemos un gobierno que no nos mienta. Es decir, un gobierno donde él no esté ni siquiera en fotografía, espíritu o ectoplasma. Ha tenido a bien decir este don Quintín de todos los fontaneros del poder, que el motivo de empeñarse en sacar la LOE adelante es, pásmense, que la enseñanza necesita cambios, porque el PP la dejó “hecha unos zorros”. Le está bien empleado al PP, desde luego, a ver si aprende, el sarcasmo cínico de Rubalcabilla, y purguen los populares ahora el haber llevado adelante la LOGSE que les endilgó don Alfredo en primer tiempo de saludo.

Fue culpable de ello el PP, a partir de 1996, y lo sigue siendo por no haber tenido arrestos para cambiarla en la práctica, con los reglamentos en la mano, ni siquiera en aquellas comunidades donde aún gobiernan, aterrorizados ante los sindicatos, la corrección política y el reino pedabobo. Hasta en los programas (currículos les llaman ahora) no han hecho otra cosa que dejarse abducir por la lobotomización ‘progresista’. Pero lo que Rubalcaba reprocha a nuestros tontorrones de la derecha es haber sido leales con la ley de Rubalcaba. Y, encima, los acusa de crispar. Hay que reírse con este elemento.

Sus afirmaciones son, en fin, un paradigma de la manipulación: la enseñanza que tenemos es la consecuencia de la LOGSE que el Partido Socialista impuso a finales de 1990. Han sido sus cretinos principios, la psicotontería que instauró, el aplastamiento de la libertad de los alumnos para construirse, y de los profesores para enseñar, el arrasamiento de la autoridad moral, de la cultura y de quienes la representaban, el odio a los conocimientos y a la jerarquía del saber, el más estúpido de los igualitarismos de unos demagogos de carril que han dejado a las clases trabajadoras sin mecanismos de promoción social, los que nos han traído hasta aquí.

Hasta que el pasado día 12 un millón de personas salió a decir basta, por mucho que lo quieran esconder bajo las pocas sótanas que allí se vieron. Es decir, que es Rubalcaba uno de los principalísimos responsables de que la enseñanza necesite no cambios, sino una desprogramación completa. Desde la raíz. Para que no quede de los rubalcabas ni el recuerdo.

El asunto es tan descarado que lo que ofrece el zetapismo como alternativa necesaria a la LOGSE que todo lo ha destruido, es, para remate, nada más y nada menos que ¡la LOGSE! Más LOGSE, más basura, más mentiras, más estafa para los que no puedan pagarse un buen colegio inglés o de élite como aquellos a los asisten los hijos de esta sarta de cínicos psicosocialistas. Le han quitado la G y la S, la han envilecido un poquito más, y nos la quieren volver a endilgar como si fuera nueva. Ni los mangantes que te roban el móvil para luego volvértelo a vender, alcanzan tales cotas de indecencia.

Y para terminar, sale un tal Moraleda, portavoz del Gobierno -¡vaya dos portavoces!- y dice que la LOE ¡traerá más cohesión! No he visto otra cosa igual. Tienen los payos el rostro de decir que una ley que establece diecisiete sistemas educativos posibles, concebida para que el nazional-socialismo catalán se adueñe al completo de su sistema educativo y adoctrine, sin freno ya, ni siquiera teórico, a sus juventudes carodianas, va a traer más cohesión. ¿Qué entenderán éstos por cohesión? ¿Tendrá algo que ver con las solidaridades mafiosas, los treses por ciento, las deudas condonadas o las alianzas neodictatoriales para impedir la alternancia democrática por los siglos de los siglos?

Puedo respetar a un gobierno que me diga que persigue cosas con las que estoy en desacuerdo, siempre que lo apoye la mayoría y me lo demuestre. Por ejemplo, que quiere cambiar el Estado, disolver la Nación española y levantar una Confederación de Naciones Ibéricas: Jabugo, Montánchez y Euskocatetunya. Un buen referéndum para todos y adelante. El suicidio y el jamón que sean gratis. O que Zapatero, en traje masón, se va a proclamar Presidente de la República Iluminada de Neopatraña. Tampoco será la primera vez que los españoles amantes de la libertad tienen que dar el salto a la Inglaterra de la soledad y la lluvia huyendo de un imbécil. Como en los días aciagos de Fernando VII.

Pero no le llamen neutralidad y limpieza a cobrar 1.500 millones de la Caixa para favorecerla en su construcción de un monopolio siniestro, ni quieran vendernos como cohesión el crear Estadillos paralelos y leyes educativas para el florecimiento neonazi de los camisas negras. Dennos por saco, pero sin faltar.

Javier Orrico

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