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Los ZPuritanos

Javier Orrico 06 Ene 2006 - 00:55 CET
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Cuando yo era pequeño, fumar era pecado, pero gracias a Dios, y Mahoma su profeta, luego vino el PSOE, Zapatero al frente, para convertirlo en delito. Entonces sólo te arruinaban el cielo, ahora te esquilman en la tierra. Volvemos a estar marcados.

Aunque pueda parecer mentira, en un país donde contaminar un río entero sale casi gratis, a partir de ahora podrán ponerse multas de hasta 100 millones de pesetas a las empresas que contravengan la ley. En la misma España en que matar a catanazos a toda tu familia te sale por cinco años, dentro de poco ser fumador te costará el trabajo. Hemos pasado del puritanismo de la derecha hipercatólica al zpuritanismo de la izquierda hipocalórica, del Dios que hacía sagrada la vida y reprendía por los excesos, a la entronización de una muerte saludable, a la que llegaremos bien delgados y con los pulmones limpios, las arterias estupendas, el corazón de un chaval, las piernas de Induráin y funcionando como actores porno. La verdad es que va a ser una pena morirse estando tan sanos.

Si esto se le llega a ocurrir, hace veinticinco años, a la UCD, se habría producido una sublevación. Sospechábamos, y estábamos en lo cierto, que la libertad no era sólo formar partidos políticos que terminarían siendo meras maquinarias de poder sectario, sino, sobre todo, disponer de nuestras propias vidas, fumar, beber y follar cuanto pudiéramos, darnos a todos los nobles vicios que el paternalismo nacional-católico nos había prohibido, so pena de infierno, durante tanto tiempo.

Esos fueron los años más hermosos de nuestra historia reciente, aquellos en que los partidos andaban formándose o deshaciéndose, aquellos en que todos fuimos un poco socialistas, identificando, en lamentable error histórico que tanto nos está costando, a la izquierda con la libertad. Poco suponíamos que los mismos que aparecían con grandes ‘trompetas’en las convocatorias pro legalización del cáñamo, acabarían persiguiendo el tabaco con el fundamentalismo progre-puritano con que lo hacen todo. Qué ocasión fantástica ha perdido la derecha que se dice liberal, siempre tan astuta, para presentarse en esta ley antitabaco como defensora de los derechos individuales, el gran nicho electoral que el colectivismo moral de la izquierda le ha puesto en bandeja.

Por lo demás, la ofensiva zapatera no ha hecho más que comenzar. Aparte de la escandalosa Ley Mordaza Montilla por la que nos decidirán qué es lo veraz (que ya veremos cómo coincide siempre con el Gobierno), ya están preparando medidas contra el alcohol. Los mismos que han implantado un sistema educativo sin normas ni principios, los que teorizan que la enseñanza no es para enseñar, los predicadores de que a los jóvenes no se les impongan normas ni obstáculos, pretenden aplicarles el código penal si beben sin la medida que no se les inculcó. ¿Al ministro que va a poner ahora a la Policía –que apenas tiene trabajo- a vigilar que los chavales no se pasen los canutos, se le ha ocurrido pensar, por ejemplo, que si tuvieran algo que estudiar a lo mejor no tenían tanto tiempo para beber o fumar? Lo revelador es que esta infantilización vigilada resulta, finalmente, la metáfora del modelo real de la izquierda: el de una sociedad en la que lo verdaderamente perseguible no es el delito, siempre producto de una ‘injusticia social’, sino la autonomía individual, la afirmación de la soberanía personal –que es lo que convierten en delito- por encima del colectivo, el partido, la comunidad de los creyentes, la vanguardia del proletariado, la nación o el Estado. Ellos sí saben lo que nos conviene.

La línea conductora es, pues, siempre la misma: la propia de los totalitarismos salvadores, la de los ‘colectivos’ que poseen las llaves de la verdad y el bien contra el error y la soberbia individualistas, o contra las costumbres que a la alianza neo-progre-carlista no le parezcan adecuadas como los toros y la siesta. Si la catalanización cretina de nuestra izquierda llegara a completarse, no tengan duda de que la siguiente batalla será la prohibición de la Fiesta nacional. ¡Fiesta y nacional, qué vicios! Los socialistas españoles ya han votado en Europa contra las subvenciones a un animal ecológicamente tan frágil como el toro bravo. Desde luego, el camino más directo para acabar con los toros es acabar con los toros haciéndolos económicamente inviables.

Aunque seguramente el más grave ataque a nuestro modo de vida sea la transformación radical de los horarios comerciales y de trabajo que ya han comenzado a experimentar en la Administración central. Horario europeo, señores, productividad, el fin de las comidas, las sobremesas, las tertulias, las veladas hasta la madrugada, , todo lo que hace a nuestra sociedad distinta de la europea, lo que la hace atractiva por su sentido del placer y la relación, con un buen cigarro o una pipa de kif en la mano. Y el fin de la siesta, de la cabezada milagrosa, de esa maravillosa forma de dividir el día que nos permite aprovecharlo más que nadie.

En fin, lo que ZP llama su política de reformas no es más que el intento de imponer unos supuestos avances de sesgo claramente autoritario, que, bajo la especie de velar por nosotros, lo que consiguen es arrancarnos cada día un trozo de libertad personal. (El matrimonio gay fue una engañifa para ganar el voto homosexual, pero de la ley verdaderamente reconocedora de derechos, la de parejas, sigue sin saberse nada.) Eso es lo que le hace coincidir objetivamente con los nacionalismos y lo que está llevando a España a una radicalidad en el enfrentamiento que habíamos olvidado. Hoy somos los fumadores, los católicos o los constitucionalistas; mañana, los bebedores; pasado, los taurinos; al otro, los gordos, los que toman demasiado el sol o los partidarios de la olla de cerdo fresco. El objetivo es siempre la huella indeleble, el control social, no dejarnos vivir en paz como nos dé la gana.

Y cuando a la izquierda se encarama un hombre inteligente y pragmático como González, los daños son limitados, pero si llega un mesías tontucio como ZP, entonces el desastre está servido. Las auténticas cortinas de humo son las que expande el zapaterismo. Lo que se combate no es el tabaco: es la libertad.

Javier Orrico

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