500 extremeños barcelonistas, ese extraño fenómeno paranormal, se han desplazado hasta Lisboa, al Estadio da Luz, para acompañar y alentar al Barça, el equipo nacionalista catalán que representa las aspiraciones secesionistas del Principado. El asunto, como el de cualquier otro español que sea seguidor culero (eso significa culé), me ha producido siempre una gran perplejidad, pues nunca entendí las motivaciones que pueden llevar a alguien a adorar a quien lo desprecia. Pero en el caso extremeño el asunto alcanza un grado de especial intensidad. Ya el 9 de octubre de 2009, los diarios El Mundo y Marca revelaban cómo el entonces presidente barcelonista, y hoy diputado separatista en el Parlamento de Cataluña, Joan Laporta, había llamado imbécil hasta diez veces al presidente de Extremadura, Guilermo Fernández Vara, por haberse atrevido este último a opinar sobre los valores que debía representar el Barcelona. Laporta vino a decirle al señor presidente extremeño que el Barça es catalán y de Cataluña, y que no se atreviera como español a meterse en asuntos que no eran de su incumbencia. En resumen, que ser extremeño y barcelonista y pretender determinar el valor representativo del Barça, era ser un imbécil, al menos en la percepción de Laporta, que acabó su disertación con un ¡Visca Catalunya terra lliure! de inequívocas connotaciones.
Por su parte, en 2008, Lluís Suñé, un concejal de la Izquierda Unida catalana, ICV (hay que ver en lo que se ha quedado el comunismo), se divertía en su blog con una llamada a «apadrinar un niño extremeño por 1.000 euros». Por supuesto, era una llamada de atención sobre el ‘expolio’ a que los extremeños y el resto de españoles sometemos a la solidaria tierra catalana, aunque ahora sepamos que hasta les pagamos las pensiones.
Pocos años antes, el fallecido actor Pepe Rubianes, bufón al servicio del catalanismo, había señalado, para criticar a otro presidente socialista, Rodríguez Ibarra, que los extremeños eran peores que los perros, pues mordían la mano que les daba de comer, y al menos la mitad de Extremadura, según el lacayo Rubianes, comía de la generosidad catalana.
Pero 500 extremeños estarán esta noche en Da Luz gritando «¡Visca el Barça, Visca Catalunya!», no sé si para agradecer las dádivas catalanas, mientras Mas se lleva mil millones de euros para emplearlos en apartarse de ellos. Espanya, al fin.
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