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Entre tibios y necios

Javier Orrico 13 Ene 2013 - 21:10 CET
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Esta semana ha comenzado a hacerse realidad la ruptura de España. La declaración de soberanía que aprobará el día 23 el parlamento regional de Cataluña establece un nuevo sujeto político distinto del pueblo español. Eso es ya la independencia. No hace falta esperar a que sea confirmada por ningún refrendo, puesto que sólo el reconocimiento previo de la capacidad de autodeterminarse, la soberanía, puede llevar a su ejercicio efectivo. ¿Dónde están los que decían que España no se rompía en los días tontainas del zapaterismo? Ante eso, España opone una formidable conjunción de tibios del PP de Rajoy, y necios de lo que ha quedado del PSOE. Y no se sabe qué es peor.

La tibieza ya nos está llevando hasta a financiar el proceso de la independencia catalana, que para ello no cesa de crear organismos y gastar en ellos lo que se nos quita al resto de españoles. La obscenidad con que se esgrimen las inversiones de obra pública en la provincia de Barcelona y en el AVE o la promesa del corredor mediterráneo por Cataluña (la inversión estratégica más cretina de la historia de la humanidad, ponerte en manos de tus enemigos para el paso de tus mercancías), no hacen más que anunciar el entreguismo que nos espera.

Por su parte, la necedad cobarde lleva al PSOE a no desvincularse para siempre de un PSC donde argumentan que están a favor del derecho a decidir pero no de esta declaración de soberanía. ¿Y cómo podría decidir quien carece de la capacidad de hacerlo? No se puede estar en contra de la soberanía y a favor de ejercerla. La tragicomedia es la mediocridad, el vacío de talento que el PSOE propició para España y que se lo ha comido a él. No cabe un tonto más.

Javier Orrico

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