A veces me despierto de madrugada y siento que, como un nuevo Gregorio Samsa, en mi lugar hay otro. Hay días en que soy Llamazares, sé que no volveré a reír nunca más y que mi sueño es llegar a presidente de la República Plural de las Naciones Ibéricas Independientes y Socialistas. Sospecho que me he quedado tonto sin enmienda posible y entro en melancolías. Claro que mucho peor hubiera sido levantarme Madrazo o Joan Herrera, el charnego traidor. Y mucho mejor, devenir Gordillo, que al menos da acceso gratis a los supermercados. Gratis, esa compulsión sagrada de la izquierda. Y de la derecha, porque un día me desperté Ana Mato y alguien me pagaba las fiestas y los coches. Pero como no me enteraba, también me sentí mal. En otra ocasión sí fui feliz, porque era Bárcenas y esquiaba. Lo que me preocupó cuando dejé de ser Bárcenas es qué era peor, si que mis jefes se enteraran de algo y hubieran participado de mi engendro, o que no se enteraran de nada y estuviéramos gobernados por panolis.Enseguida se me pasó, porque me desperté consejero socialista andaluz, y eso sí que fue un gozo, repartir pá tós los nuestros, poder darles pensiones vitalicias a nuestros niños nada más nacer.
Home