No sé qué sería más razonable para nuestra salud moral y estética: si limpiar las calles de putas o de administradores de cajas de ahorro. Lo que acabo de escribir es demagogia, lo sé, pero se trata de demagogia en defensa propia. Y de las putas, que no tienen la culpa de que la vida apriete. No hay duda de que las putas son más visibles que los sinvergüenzas con aifón y tableta. Pero las tabletas peligrosas ya no son las de costo, sino las de ápel o sámsung. Sigo con la demagogia. Tampoco entiendo el escándalo de una sociedad que abandona a sus hijos delante de unas televisiones llenas de putas, y de cosas mucho más execrables, pero persigue al proletariado de las putas, las de la calle, las putas de frontera, las putas sin cama. En Francia, el socialismo feminazi también quiere acabar con ellas. Quieren protegerlas dejándolas sin clientes. La mafia era más piadosa con sus tenderos.
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