La verdad os hará libres, dice Jesús en el Evangelio. Recientemente y aun ocupando titulares de primera plana en la prensa venezolana, se encontró completamente desnudo el cadáver de un Sacerdote dentro de un Hotel en Caracas. El Fiscal General de la República, no sabemos con que intención aunque suponemos que se dejo arrastrar por el revanchismo político, se atrevió a decir y a ofrecer una versión parcial de los hechos que en nada agrado a los Jerarcas de la Iglesia. Tal vez, mas por su actitud de desden hacia la muerte de un ser humano que por las consideraciones hechas.
Y es que lo que estaba en el tapete no eran las inclinaciones sexuales del Cura, sino la manera en que lo mataron. El Fiscal deliberadamente y queriendo cobrarse una de los tantos ataques que le han formulado algunos representantes de la Iglesia, señaló igualmente no con morbosidad como se ha dicho por ahí, sino con placer, el placer que da la victoria de poder encontrar tierra donde afincar la uña critica, como móvil del hecho algo que esta muy lejos de parecerse a un robo, mal llamado atraco, común y corriente.
En tiempo record altos representantes de la Iglesia reaccionaron violentamente contra lo que consideran una agresión infame contra la Santa y Apostólica Iglesia Romana. Unos Representantes de la Iglesia que tienen intereses muy serios que defender, no pueden permitir que se ponga en duda la santidad de uno de sus miembros, no obstante que en nuestros barrios, urbanizaciones y sectores populares todos lo sabemos, nadie lo dice y ellos no lo admiten. El gobierno interesado en no romper el dialogo reiniciado hace poco con la Iglesia después de muchos meses de enfrentamiento, a través del Ministerio de Justicia complació al Clero y por boca de uno de sus voceros oficiales declaro que se trataba de un robo. En el pasado un Comisario retirado Fermín Mármol León escribió un libro titulado “Cuatro Crímenes, Cuatro Poderes”. Uno de los casos simbolizaba el ejercicio del Poder de la Iglesia, aunque parezca contradictorio muy al estilo del Príncipe de Machiavello, cuando uno de sus representantes es señalado como autor de un horrendo crimen contra una mujer, quedando exonerado de toda responsabilidad. Tanto es así que se habla incluso de que este grupo de Sacerdotes y Monjas, ocultos dentro del Closet, forman una sociedad secreta que ejerce controles y presiones en sectores políticos y de gobierno en todos sus niveles territoriales.
No es el caso del Padre Piñango que todos en su tierra sabían quien era, de lo que adolecía y de las buenas obras que hacia. Se trata de todos aquellos que forman parte de la Iglesia y llevan un tormento por dentro, que los hace recordar constantemente que el infierno si existe y esta aquí frente a ellos, haciéndolos vivir una doble vida donde el único engañado es el mismo, pues la sociedad sabe quien es cada quien.
En Venezuela no se han realizado estudios de ninguna naturaleza sobre este problema pero si en otros países como en los Estados Unidos.
ALGUNOS ANTECEDENTES
En el año 2002, un total de trece sacerdotes fueron acusados de pederastia, y las autoridades eclesiásticas americanas fueron citadas en el Vaticano para conversar con los altos cardenales de la Santa Sede sobre este problema. Una vez terminada la reunión en la sala Bologna del Palacio Apostólico, los sacerdotes y obispos tuvieron que enfrentarse a la prensa. El obispo Wilton Gregory declaró «Es una lucha constante. Y lo más importante es asegurarnos de que el sacerdocio no esté dominado por homosexuales». Pregunto yo: ¿Esto solo ocurre en los Estados Unidos?.
Estas declaraciones dan pie a una posible «cacería de brujas» al señalar a la homosexualidad como la causa de los abusos a menores. Si bien es cierto, la mayoría de menores abusados eran niños y no niñas, nadie sabe con exactitud cuántas niñas han sido violentadas. La iglesia pretende dejar de ordenar a homosexuales como una solución a los problemas presentados, y lo único que logra con esto es evitar ver el problema central que es producto de una cultura de represión y secreto sexual. Y lo va a seguir haciendo ya que una de las decisiones tomadas por los cardenales estadounidenses después de su reunión con el Papa Juan Pablo II en Roma, es crear un equipo que a través de «visitas apostólicas» puedan inspeccionar los 220 seminarios de ese país y otras instituciones de preparación, con el propósito de verificar si estas escuelas están impartiendo una doctrina moral ortodoxa dentro de sus aulas. Ojala y hubiesen recorrido la América entera.
En la revista Newsweek del 8 de mayo del 2002, se menciona que haciendo un cálculo conservador, entre el 35 % y el 50 % de los sacerdotes católicos son homosexuales. De lo cual fácilmente se deduce que de no haber homosexuales en la iglesia, ésta no podría seguir funcionando como lo hace.
Sin embargo esos números no son razón ni fundamento para que la Iglesia deje de tratar a los homosexuales como seres que deben ser vistos con compasión y a los cuáles se les prohíbe tener algún tipo de actividad sexual. Esta pretensión es totalmente carente de sentido. La iglesia exige a los homosexuales lo mismo que a sus sacerdotes y monjas con el voto de castidad, pero sin la preparación que estos tienen para frenar, mal como hemos visto, sus impulsos sexuales. No nos olvidemos además de que esta obligada castidad, totalmente antinatural, hace que aparezcan, como en el caso del abuso a menores, desviaciones e hipocresías dentro del sacerdocio. Comparto en un cien por ciento el editorial del semanario zuliano QUE PASA en su edición correspondiente del 28 de Abril al 04 de Mayo del 2006 cuando se afirma que “las debilidades del prelado eran por demás conocidas de sus hermanos en el sacerdocio, especialmente por los obispos y arzobispos miembros de la Conferencia Episcopal y todos cerraron los ojos para no ver y se taparon los oídos para no escuchar lo que aconsejaba la razón y el amor: Relevar al sacerdote de sus funciones y enviarlo a reencontrarse con Dios, en un proceso de rehabilitación de su fortaleza moral y de reconciliación con los valores del espíritu…”
Tampoco se puede evitar pensar en el problema moral que sufren los sacerdotes homosexuales. La mayoría de ellos viven en una lucha interna constante entre su iglesia y su inclinación sexual. La negación de la iglesia a aceptarlos tal cual son, les genera la misma sensación que aquella producida por la negación de sus padres a aceptarlos. Un sacerdote americano gay declaraba que los sacerdotes homosexuales se sienten como los familiares de Ana Frank, escondidos en el ático esperando que llegaran los nazis. Una comparación horriblemente precisa y descriptiva. Y es que ante la sensación de sentirse señalados y perseguidos, muchos optan por abandonar sus ministerios y otros por regresar nuevamente al closet y trancar la puerta por dentro.
Ahora bien, es imposible no preguntarse por qué la Iglesia es tan represiva cuando trata el tema homosexual. Es cierto que en el Antiguo Testamento existen algunas citas sobre la homosexualidad. Pero una observación contextualizada de los hechos puede eliminar cada una de las prohibiciones. Lo ocurrido en Sodoma tiene que ver más bien con una deficiencia en la hospitalidad que con una condena al homosexualismo. Por otro lado, la Biblia hace una apología a la esclavitud a través de San Pablo cuando dice: «Criados, estad sujetos con todo respeto a vuestros amos; no solamente a los buenos y afables, sino también a los difíciles de soportar…porque también Cristo padeció” (Primera de Pedro Capitulo 2 versículos del 18 al 21) . Lo mismo sucede con las mujeres cuando en el Libro I de Timoteo, Capitulo 2 versículo 12 se lee: «Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio…”. En la Biblia Católica la interpretación es peor aun y dice “Como en todas las iglesias de los santos, la mujer debe estar callada en las iglesias… Si hay algo que deseen saber, que le pregunten a su esposo en casa. Porque es una vergüenza que una mujer hable en la iglesia». Se salvara, sentencia la Sagrada Escritura “engendrando hijos…” Desde luego, las personas inteligentes han dejado de hacer caso a lo que acá se dice, lo mismo que la iglesia Católica que fue una de las principales voces contra la esclavitud, ¿por qué no toma la misma actitud con el homosexualismo? ¿O porque al tener conocimiento del asunto no releva de sus funciones a los señalados?
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