Lo señalado en la parte I, nos demuestra que al igual que con Darwin o Galileo, la Iglesia se niega a ver algo que muchos sectores de la ciencia ya dilucidaron y aceptaron como un hecho: la homosexualidad es un fenómeno tan natural como la heterosexualidad y se ha presentado en los humanos desde la existencia del hombre. Aunque yo me inclino por creer que se trata de una enfermedad de vieja data cierto y para la cual, al igual que el cáncer, no han encontrado la cura.
Todos estos complejos presentados por la iglesia católica se han convertido para muchos sacerdotes en los causantes de una serie de desviaciones sexuales que pueden llevar, como en el caso tratado, hacia el abuso y violación. No se pretende con esto justificar la actuación de los trece sacerdotes norteamericanos y de otros tantos en Latino América pero sí hacer notar que la mayoría de problemas sexuales de los miembros de la iglesia, tienen que ver más con su doctrina represiva y castrante, que con la homosexualidad. La pederastia es una desviación que se presenta tanto en homosexuales como en heterosexuales, y es muy simplista achacar al homosexualismo un problema cuyas raíces son más complejas y provienen de un enfoque errado de la iglesia sobre la sexualidad de las personas que deciden entregar su vida a su vocación religiosa.
La iglesia tiene que aceptar su responsabilidad. Y entender que el celibato está pudriendo el fruto que una pasión bien llevada puede brindar. Es bueno recordar acá, que el voto de castidad fue creado por la iglesia como una manera de administrar el pase de bienes, ya que si los sacerdotes se casaban y morían, podrían dejar las propiedades de la iglesia como herencia para sus hijos. San Pedro, el primer Papa estuvo casado, y Jesús en ningún momento exigió a sus apóstoles privarse de una vida en convivencia con una pareja amorosa. Esta es una invención del siglo XII tomada por la Iglesia más por razones políticas que de otra índole.
Pero así como la iglesia ha manejado irresponsablemente el escándalo de los sacerdotes que cometieron abuso infantil o que han estado relacionados con otros delitos sexuales, atribuyéndolo a la homosexualidad y no a sus preceptos medievales que no toma en cuenta de manera madura todo el aspecto psicosexual de sus sacerdotes, así también ha pretendido encubrir de forma aún más irresponsable esta situación, llevando a los sacerdotes desviados de una localidad a otra, de manera que no se destapara el escándalo en cada una de estas zonas, con lo cual no solucionan nada sino más bien trasladaban el problema a otro sitio y generan otro foco de abuso y perversión.
Y así como en los Estados Unidos, en Venezuela y el resto de Latinoamérica, los casos de niños abusados sexualmente por sacerdotes católicos es una realidad, así como otra clase de escándalos y hechos relacionados, pero en países como el nuestro, dónde la iglesia católica es una institución muy poderosa, y la ignorancia existe y reina desde hace mucho, sustentada en una falta de educación adecuada, va a ser muy difícil que se presenten situaciones como las del país del norte, ya que cualquiera que quiera denunciar va a ser callado y posiblemente tratado con desprecio y marginación. Y no me refiero a lo que pueda suceder en Caracas necesariamente, donde paralelo a este Clero Opresor existe otro liberador con verdades y ejemplos dignos de seguir, sino a lo que sucede y en grandes proporciones en el interior del país, donde la gente tiene muchos menos medios para hacerse escuchar y hacer prosperar su denuncia, sin hablar del miedo que una acusación como ésta les pueda causar.
Ya para terminar y retomando el tema de la homosexualidad en el sacerdocio, recuerdo haber leído una vez en la revista “Time”, sobre un sacerdote homosexual apellidado Pinkerton quien contó que después de una cena con una pareja de esposos, viejos amigos suyo, con dos hijos crecidos, uno de los cuales siempre fue muy apegado a él, y una vez confesado ante ellos que era homosexual, tuvo que aclarar que él nunca había tocado a sus hijos. Y es que como él mismo menciona, bajo el actual estado de cosas uno es culpable hasta que se demuestre lo contrario. La Iglesia Católica como toda institución formada por hombres, no esta libre de este y de otros pecados como la corrupción, el acoso sexual, el fanatismo, entre otros. Todos lo saben. Nadie lo dice. Ellos no lo admiten. Llegó la hora del Juicio, hágalo usted.
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