Especial para los latinoamericanos
¿CUANTO VALE UN PERIODISTA?
Recientemente se entregaron en Venezuela, premios y reconocimientos a los Periodistas en su día celebrado el 27 de Junio. Como es del conocimiento público para todo el mundo, en esta nación, ubicada al Norte de Sur América, se han denunciado muchos casos que atentan contra la libertad de expresión. En este momento incluso, la SIP se encuentra de visita en el país, recibiendo el desaire del Ministro de Información William Lara, quien manifestó estar muy ocupado para atenderlos. Pero es que paralelo a este problema, durante las diferentes celebraciones ofrecidas a los profesionales de los medios de comunicación, se le entregaron a los mismos los más variados regalos (teléfonos celulares, computadores portátiles, vehículos, casas,etc) y no escuche a ninguno quejarse o criticar semejante acto que más se parece a uno de esos “shows” televisivos que un reconocimiento al sagrado deber de informar, opinar, oportuna y verazmente. Razón por la cual parafraseando aquel libro escrito por el Periodista William Ojeda sobre CUANTO VALE UN JUEZ, hoy desde el humilde balcón de mi casa me pregunto yo lo mismo, pero con respecto a quienes tienen el deber de decirnos lo que pasa y porque.
Habría que preguntarse: ¿es o no un atentado a la condición de Periodista, el que un gobierno le obsequie regalos cuyos costos en estas coordenadas son muy altos, no es otra forma de ejercer el dominio por parte del Estado, de lo que se escribe y de lo que se dice? Pregunto yo. La mujer del Cesar no solo debe parecer. La idea de este artículo no es profundizar sobre un aspecto ético del ejercicio. Nada más lejos de nuestra intención. Sobre eso mucho se ha escrito y abunda toda una doctrina moral sobre el tema. Al mismo tiempo yo estoy claro de cual es el deber ser. Lo que si me preocupa es que halla quienes crean que esto es absolutamente inocuo. Me encoleriza igualmente el que los profesionales que quejan del “libre” ejercicio, no señalen ni denuncien estos casos. Seria interesante escuchar la opinión de la SIP. La maldad o las malas intenciones pueden tener muchas caras.
Cuando se dice que en Venezuela se viola constantemente la libertad de expresión, cosa que yo niego como una verdad absoluta, aunque si es una verdad a medias, se olvidan de señalar aquellas situaciones de complicidad o de consentimiento del profesional de los medios hacia quien pretende vulnerar la independencia del llamado Quinto Poder.
Es muy probable que yo este equivocado. Quisiera que alguien me explicara el error. Porque como se puede calificar o como se puede juzgar, desde un punto de vista estrictamente moral el que un Alcalde o un Gobernador…en lugar de proveer mejores condiciones socioeconómicas a su personal de los medios de comunicación: camarógrafos, periodistas, etc o en lugar de elevar el monto de los premios o acreditaciones periodísticas prefieren realizar un verdadero bazar para como si se tratara de un vulgar rifa o juego de azar, debatir sobre las bases de las necesidades de los profesionales de los medios aquellas herramientas imprescindibles para su subsistencia: televisores, grabadores, teléfonos celulares, pen drive, automóviles y hasta una casa o un apartamento, rodaron por la dantesca escena de quien detenta el poder (Alcalde o Gobernador) y aquellos a quienes les toca criticarlo o juzgarlo, el uno dando u ofreciendo y el otro celebrando, entre palos (expresión muy venezolana para señalar que se esta ingiriendo licor) que su trabajo es considerado motivo de una subasta. Acaso no es también ¿una subestimación de sus cualidades intelectuales y morales?
Quisiera saber si en otras latitudes latinoamericanas o geografías del planeta el trabajo periodístico se celebra anualmente de esta manera y cual es la actitud de los homenajeados.
¿No es esta otra forma de vulnerar, subyugar, controlar, explotar, vilipendiar, interferir y hasta dominar la libertad de expresión, condicionando al sujeto activo de esta acción? Pregunto.
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