Una historia atractiva es la base de una buena película, pero Isabel Coixet cuenta su último largo, «Nadie quiere la noche», de una manera fría, distante y sobre todo aburrida, lo que hunde el argumento según va avanzando el metraje.
Juliette Binoche está a la altura, nunca mejor dicho, y la fotografía te entra por los ojos, pero no es suficiente para atraer a los espectadores, que sienten como el ritmo lento y tedioso va matando un contenido que podría haber sido brillante si hubiese estado bien tratado y estructurado.
Sencillamente no funciona. Aun así es una aventura interesante.
2**
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