Una película muy creativa que se desarrolla visualmente en el interior de una oficina de policía, mientras que los sonidos nos trasladan de una manera extrasensorial a una historia espantosa donde va aumentando la tensión según la trama se va complicando hasta un final distorsionador.
Está interpretada con tesón por un gélido Jakob Cedergren y bien dirigida por Gustav Möler, que juega con el tiempo, el ritmo y las sensaciones de una manera vibrante y diferente.
Parece increíble que este cine-no cine sea tan atractivo, donde vives con sufrimiento lo que no ves como si lo estuviese viendo.
Imaginativa y admirable.
3½: ★★★½
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