Este sábado hay una manifestación en Madrid contra el terrorismo etarra. Hace tres semanas hubo otra por el mismo motivo. La única realidad es que la totalidad del pueblo español, tras un brutal y asesino atentado, no ha sido capaz de salir unido a la calle para decir «No a ETA». ¿Qué nos está pasando?
Como todas las veces anteriores(yo siempre voy a todas las manifestaciones contra ETA, independientemente de quién las convoque), el sábado 13 de enero acudí a la llamada hecha a todos los españoles para que condenáramos el horror. Sabía que la manifestación convocada por UGT y CCOO, no sería unitaria y por eso estaba triste. Esto fue lo que escribí justo antes de salir de mi casa hacia Madrid:
Como dijo uno de nuestros grandes escritores, a mi “me duele España”. Y hoy me duele muchísimo. Recuerdo con profunda emoción la reacción del pueblo en los días del secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco o en la manifestación madrileña el 12-M, un día después del brutal atentado de los trenes. Allí estábamos todos sin distinción. Gente de izquierdas, de derechas, niños, ancianos, etc. Todos a una nos sentíamos tristes e indignados contra la barbarie y el terror, proviniera de donde proviniera. En ambas ocasiones el grito más escuchado era “España unida jamás será vencida”. A pesar de la horrible desazón que me embargaba, ese grito me reconfortaba. Me mostraba que juntos, unidos, realmente teníamos fuerza. Tenía la certeza de que nadie nos podría parar y que el terrorismo, todos los terrorismos, tenían sus días contados. Aquellos días me sentía especialmente orgulloso de ser español.
Lo que no podía imaginar es que el mismo día 12-M, tan pronto, ya volvía otra vez a aparecer el cáncer que históricamente nos ha corrompido: el odio cainita, el rencor y el enfrentamiento. La división es el peor mal que puede padecer un país. Y de eso sabemos bastante los españoles. Pero tras nuestro último y más dramático enfrentamiento, y una dictadura de 36 años, por fin parecía que todo eso era parte del pasado. La Transición, tal vez el mayor logro de nuestra milenaria historia, nos devolvía al camino de la paz y la reconciliación. A pesar de los lógicos enfrentamientos ideológicos, avanzábamos todos juntos hacia el desarrollo. Y sobre todo nos poníamos de acuerdo en los asuntos verdaderamente importantes. Así, ante el terrorismo siempre nos manifestábamos unidos, y ése era el muro que ETA sabía que jamás podría superar.
Pero ahora ya no queda nada de eso. El partidismo, el egoísmo y la irresponsabilidad de nuestra clase política nos han conducido al abismo. Hoy absolutamente todo está corrompido por unos ineficaces políticos a los que nada preocupamos y que sólo buscan ocupar la poltrona del poder cuanto más tiempo mejor. Ya no hay nada independiente y hasta los medios de comunicación, teóricamente baluartes de la búsqueda de la verdad, no son hoy sino meros peones del partido al que sirven. Unos y otros. Los terroristas han conseguido su objetivo. Ni siquiera cuando nos matan y nos amenazan (en la T-4 o en Atocha podíamos haber estado cualquiera de nosotros) nos ponemos de acuerdo para mostrar nuestra total rechazo hacia tales animales y bárbaros.
Ahora mismo me voy a Madrid. Voy a la manifestación exclusivamente para mostrar mi recuerdo y cariño a Carlos y Diego, además de mi apoyo a todos sus familiares, y a decirle claramente a ETA que me produce repugnancia. Nada más me mueve a ello. No me llama ningún partido o colectivo. Todos me han decepcionado. Me produce vergüenza la ausencia del PP, que demuestra falta de coherencia al anteponer intereses políticos frente a algo tan lógico como marchar en Madrid contra el horror. Y el mismo desprecio me merecen el PSOE y sus colectivos afines, que lo único que han intentado ha sido adueñarse de una manifestación que era de todos. Advierto claramente que estoy radicalmente en contra de cualquier tipo de diálogo con ETA. Ni ahora, después del atentado, ni antes, apoyé el mal denominado “proceso de paz”. Siempre he pensado que en una democracia ningún colectivo puede conseguir la obtención de una sola de sus reclamaciones por medio del chantaje y la violencia. Y mucho menos una banda de asesinos que viven de la mafia del terror.
Aclaro esto porque sé que esta manifestación no será como las otras que mencionaba al principio. Justo antes de partir a expresar mi opinión por las calles de Madrid, me siento triste. Hoy no veré un pueblo unido y fuerte. Veré politización y división. Veré a mucha gente cantar contra “los otros” (el PP) en vez de contra los verdaderos “malos” (ETA). Oiré mañana algunos medios diciendo que ésta era una manifestación de apoyo a la reanudación del diálogo con los etarras, algo que no aparece por ningún lado en el manifiesto que anunciaba la marcha. Unos y otros aprovecharán este acto pacífico y justo para llevarlo de su lado y justificar su asistencia o su ausencia. Pero no me quiero quedar en casa y darles la razón. Hoy diré más alto si cabe que rechazo, como siempre, cualquier atentado terrorista. Y me da igual quién haya a mi lado.
Estoy triste porque no oiré las palabras que nos hacen fuertes: “España unida jamás será vencida”. Mañana será un día sin esperanza. Sé que el fin del terrorismo en nuestro país está cada vez más lejos.
Por desgracia pronto comprobé que tenía razón. Pero hemos de ser valientes y no callarnos. Considero que somos legión los que reivindicamos para España una serie de principios coherentes. El primero de ellos, tener claro que el mejor favor que le podemos hacer a ETA es estar desunidos frente a ella. Sé que hay muchas cosas que separan a los dos grandes partidos, que quiérase o no, son los que pueden acabar con ETA, y eso lo saben perfectamente los asesinos.
Podemos hablar de consensos entre «todos los colectivos ciudadanos». Está muy bien. Es muy bonito, pero es imposible. Entre otras cosas porque varios de esos colectivos y partidos son independentistas, rechazando lo español. Por tanto, sus intereses difieren totalmente de los de los partidos que sí sienten como suyo nuestro país. Así a ERC, por poner un ejemplo, no le importaría nada que el País Vasco se independizara de una nación que no considera suya. En cambio, somos millones de españoles, y entre ellos no dudo en incluir a los miembros de los dos grandes partidos, PP y PSOE, los que jamás aceptaríamos tal cesión, que significaría, ni más ni menos, el triunfo de ETA tras 40 años asesinando inocentes.
Por ello, desde aquí clamo porque PP y PSOE adquieran conciencia de que por el camino de confrontación por el que actualmente concurrimos…no nos dirigimos sino directos al abismo. Hoy ETA está más fuerte que ayer. El problema es que ayer (no hace tanto tiempo de la alianza entre Mayor Oreja y Redondo Terreros) estaban juntos PP y PSOE. Y hoy ni siquiera se ponen de acuerdo para manifestarse juntos contra el horror de un atentado que ha costado la vida de dos inocentes. En estos días sólo hemos oido basura y rencor, lanzándose constantes ataques mutuamente.
Tengo 24 años y no lo viví, pero he estudiado Historia y sé lo que fueron los años en que juntos dijimos NO A LA GUERRA CIVIL, NO A LA DICTADURA Y NO AL TERRORISMO. ¡QUÉ LEJOS QUEDA EL CLIMA DE LA TRANSICIÓN! AQUEL MOMENTO BELLO EN QUE TODOS UNIDOS AVANZAMOS POR EL CAMINO DE UNA NACIENTE DEMOCRACIA, CONSEGUIDA SOBRE LOS CIMIENTOS DEL CONSENSO.
Miguel Ángel Malavia Martínez
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