El secretario de Organización del PSOE, Pepe Blanco, acusó ayer al PP de Madrid de hacer “política ultra y radical, cada vez más parecida a la de la antigua Alianza Popular”. Por esta vez no empleó sus habituales términos referidos al PP, tales como “extrema derecha”, “derechona rancia”, “ partido reaccionario”, etc. Y yo me pregunto, ¿Para qué sirve Pepe Blanco además de para desacreditar constantemente al PP, a la Iglesia, a la COPE y a ciertas víctimas del terrorismo etarra? ¿Tiene alguna otra función o solo se dedica a identificar, cual guía supremo de la verdadera fe, quién es un “facha” en este país?
Sinceramente, no sé que aportación positiva realiza a nuestra sociedad. Dudo mucho que cuando inició su interés por la política se propusiera como única meta a alcanzar en su carrera convertirse en el baluarte de la antiderecha. Jamás le oigo hacer una propuesta constructiva. Nunca le escucho hablar de viviendas para jóvenes, ayudas a pensionistas o aumento del empleo estable. Solo insulta. Y siempre a los mismos. De ahí que se le acaben los calificativos y siempre acabe soltando el mismo sainete: Que si el PP es ultra, que si la Iglesia está controlada por los sectores más reaccionarios,…¿No se cansa de decir siempre lo mismo?
Entiendo perfectamente que los políticos, en la lucha por hacerse con el poder y permanecer en él el máximo tiempo posible (ésa es su principal función, por no decir que la única), critiquen al adversario político. Lo que ya no tengo tan claro es que si eres demócrata y presumes de ello, trates de deslegitimar a la otra gran fuerza política del país, respaldada por millones de votantes. Si realmente el PP es un partido “fascista”, como a veces pretenden hacernos creer, estamos ante un gran peligro, ya que tratará de hacerse con el poder por el medio que sea (incluso a través de un golpe de estado) e instaurará una feroz dictadura que acabará con nuestro régimen de libertades.
¿Eso cree realmente Pepe Blanco? Si es así que lo denuncie y proponga ilegalizar al PP, como si fuera Batasuna. Pero si en el fondo (aunque no lo admita públicamente, no vaya a ser que quede como un mentiroso y un irresponsable) no piensa eso, que deje de una vez de emponzoñar la vida política de España. Cada cosa tiene un nombre. O se es fascista o no lo es. Y si es demócrata no trate de deslegitimar a un partido que en las últimas elecciones fue votado por diez millones de españoles. Critique usted lo que le de la gana a sus rivales políticos, pues está en su perfecto derecho a ello. Pero hágalo siempre desde la responsabilidad y el civismo que se le presupone a un político de su relevancia.
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