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Cualquier cesión ante el terrorismo es inmoral

Miguel Ángel Malavia 19 Feb 2007 - 19:26 CET
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En su día dije en este espacio que estaba radicalmente en contra del mal denominado “proceso de paz”. Ahora voy a explicar las razones de mi postura. En realidad podrían reducirse a una: Sencillamente considero injusto, ilegal e inmoral que una banda terrorista obtenga cualquier beneficio conseguido a través de la violencia. En democracia el único medio de conseguir un fin político es la palabra y la ley. Por tanto, si después de más de 40 años de asesinatos ETA consigue alguno (aunque solo sea uno) de sus objetivos, se estaría legitimando la violencia como medio de acción política. Y eso supondría ni más ni menos que la rendición del Estado y la derrota de todos los españoles.

Se ha abusado tanto de la palabra “paz” que ésta ha perdido su significado. Los defensores de la negociación con ETA buscan dar la sensación de que todos aquellos que nos posicionamos en contra del proceso, en realidad, no queremos que se acabe el terrorismo. Esa afirmación no es sino el reflejo de la hipocresía y la demagogia más absolutas. Todos queremos que ETA deje de matar. Pero no a cualquier precio.

Yo no quiero que haya más víctimas, pero tampoco quiero que las más de 800 personas asesinadas, tras 40 años de horror, queden en el ostracismo. Y eso es lo que ocurriría si ETA vence la batalla que mantiene contra todos los que nos oponemos a sus fines y sus métodos de acción. Todos los Gobiernos de la democracia podían haber acabado de forma inmediata con el problema. Bastaba con decirle a ETA que se rendían y le concedían sus reivindicaciones: independencia y anexión de Navarra. Hubiera sido muy fácil y nos habríamos ahorrado tanto sufrimiento. Pero todos sabemos que eso hubiera sido una barbaridad y una traición al conjunto del pueblo español.

Ya sé que el Gobierno de Zapatero siempre ha dicho que no se pagaría precio político. Y por ahora lo ha cumplido. Pero también sabíamos todos que los etarras pusieron sobre la mesa como condiciones irrenunciables la satisfacción de sus principales objetivos históricos (los ya mencionados, independencia y Navarra). Entonces, ¿qué diálogo real cabía? Solo había lugar a dos opciones creíbles. O que el Estado cediera un precio político o que los terroristas estuvieran llevando a cabo una de sus habituales treguas-trampa. Sencillamente no me creía una solución viable en la que ninguno de los dos bandos cediera en sus presupuestos esenciales e inviolables. O el Gobierno se rendía y ETA ganaba o el Gobierno se mantenía firme a los valores constitucionales y los etarras rompían la farsa. Desgraciadamente, la banda criminal hizo lo único que sabe hacer y volvió a matar el Barajas.

Esta crítica al actual Ejecutivo del señor Zapatero la hago extensible al anterior Gobierno del señor Aznar. Nadie puede olvidar los acercamientos de cientos de etarras a las cárceles vascas ni las referencias a ETA como el “Movimiento de Liberación Nacional Vasco”, que decía textualmente el anterior presidente. Es cierto que luego aplicó con decisión la única política antiterrorista eficaz. Esto es, la del “Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo”, propuesto por Zapatero, aunque ahora lo desprecie en la práctica. Pero no es justo que ahora el PP reproche al PSOE lo mismo que hicieron ellos al poco de iniciar su etapa de gobierno.

Todos los gobiernos de la democracia han intentado el diálogo con ETA. Todos hablaban de paz. Todos acabaron siendo engañados por los asesinos. La paz verdadera solo llegará el día en que ETA acepte su derrota, abandone las armas, pida perdón a las víctimas y acepte integrarse en el juego democrático. Ese día todos deberemos hacer el esfuerzo de ver en el Parlamento a personas que antes defendían la violencia. Será duro, pero lo legítimo y lo justo es permitir expresarse a todas las sensibilidades políticas siempre y cuando lo hagan de modo pacífico. Yo detesto todos los independentismos y separatismos, pero anhelo el día en que, tras condenar la violencia, pueda ver un partido independentista vasco de izquierdas (como ERC en Cataluña) integrado de verdad en nuestro régimen parlamentario. Será el momento de oponerse a él mediante la palabra y el verdadero diálogo. Será el momento de la derrota de ETA y el triunfo de la democracia.

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito ‘Retazos de Pasión’, ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno’ y ‘La fe de Miguel de Unamuno’.

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