Ayer el periodista Carlos Carnicero publicó un insultante artículo en “El Plural” (¿o sería más real decir “El Parcial”?), dirigido por Enric Sopena. El mismo se titulaba “Estética y liturgia fascistas” y en él decía que la manifestación convocada por la AVT el pasado sábado en Madrid “fue la del más rancio fascismo español”, aconsejando a la asociación de víctimas y al PP (que apoyó la marcha) que convocaran la próxima concentración en la Plaza de Oriente “en recuerdo al dictador”, refiriéndose a Franco. Cómo no, a lo largo de su escrito, y como es habitual en los grandes baluartes del progresismo y la tolerancia en España, enumera los archirepetidos términos de “extrema derecha”y “radicales”. Basa su argumento en que la marcha “envuelta en la bandera española” supuso un desprecio a las instituciones de nuestro estado de derecho. Pues muy bien, señor Carnicero, desde aquí le digo que en su artículo expone dos grandes mentiras.
En primer lugar, ya está bien de que cada vez que los partidos de izquierda de este país ven algo que no les gusta lo achaquen a la “derecha fascista y franquista”. ¿Cabe mayor grado de demagogia y simplismo? ¿Saben realmente lo que fue el fascismo? Si es así, conocerán que un fascista rechaza plenamente el pluripartidismo, la libertad de expresión, la diversidad de medios de comunicación y otros muchos valores propios de las democracias. ¿De verdad se creen que Alcaraz, Mayor Oreja o María San Gil, por citar algunos ejemplos, son fascistas? Si ser fascista significa sufrir, de un modo u otro (como en estos tres casos), el horror del terrorismo etarra, les doy la razón a Carnicero y sus camaradas mediáticos. Pero si fascismo es lo que todo aquel que conoce la Historia dice que es, les pido por favor que dejen de intoxicar a la sociedad con falsedades que contradicen al sentido común.
Lo que aquí sucede es que los que piensan como Carnicero mantienen un complejo muy extendido en nuestra sociedad, que no es otro sino el de identificar cualquier símbolo español con el franquismo. No pueden soportar ver salir a la calle una marea humana portando orgullosa banderas españolas y escuchando emocionada el Himno Nacional. Sencillamente, no lo entienden. Y ante su perplejidad, lo primero que se le viene a la cabeza es decir: “éstos son fachas”. O “ultras”, o “radicales”, o «miembros de la extrema derecha”. Así de fácil. Y de injusto.
La segunda mentira en la que incurre Carnicero es afirmar que la de la AVT fue una manifestación contra las instituciones democráticas. Que yo sepa, un demócrata ha de aceptar cualquier decisión adoptada de forma independiente por un órgano judicial. Algo lógico, porque sin una Justicia independiente no podría haber verdadera democracia. Pero en lo que se equivoca Carnicero es en su negación de la capacidad de juicio propio de cada persona. Nadie ha considerado ilegal o ilegítima la decisión del Tribunal Supremo, pues éso sí sería antidemocrático. Las reglas del juego son las que son y todos las aceptamos. Otra cosa es que compartamos o no esa decisión. Yo fui el primero que expresé mi total desacuerdo con la decisión judicial, pero por el único medio legítimo en ese caso, el de la palabra libremente expresada. Jamás consideraré ilegítima o ilegal una decisión judicial, aunque no la comparta en absoluto. Señor Carnicero, negar la libertad de expresión tiene un nombre. ¿No será que usted ve la aguja en el ojo ajeno y no la viga en el suyo propio?
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